Tu servicio de salud es gratuito, pero cuesta...

Elías Amor Bravo, economista

La última en la frente a los cubanos ha sido la entrega de facturas “simbólicas” a los pacientes del sistema de salud castrista. El viejo logro de la revolución se mercantiliza. Ni más ni menos. Los cubanos atendidos en un hospital o en un centro de salud recibirán una información del coste de la atención. Se podría pensar que los precios no son excesivos, si se analizan con los estándares occidentales. Gran error. Para muchos cubanos, el coste de la asistencia que se dibuja en estas “facturas” supera en varias veces el salario mensual.

Un ejemplo, un paciente recibió una factura de 770,50 CUP por una asistencia médica hospitalaria a unas contusiones en el cuerpo como consecuencia de un accidente de tráfico. Al cambio actual, estamos hablando de 32 dólares. Mucho más que la media de 20 dólares mensuales que ganan los cubanos. Los analistas y observadores, y sobre todo, los medios de comunicación que prestan atención cotidiana a la realidad de Cuba, se han hecho eco de estas informaciones y a continuación se han preguntado sobre el sentido que tiene en Cuba, una práctica que se realiza en otros países. Como por ejemplo, España, donde se intenta que los ciudadanos, que pagan con sus impuestos el sistema universal de salud, puedan contrastar los costes de la asistencia pública con los que se incurren en la privada. En Cuba, como la sanidad privada está vetada por el régimen, ese contraste carece de sentido.

Entonces, ¿qué se persigue por el régimen castrista con esta práctica y por qué ahora?

Las llamadas “facturas de cortesía” confunden a los cubanos. Educados en la idea de que la sanidad es gratuita, sin saber muy bien de dónde procede esa gratuidad, ahora se encuentran con estas facturas que causan sorpresa, y según algunas informaciones procedentes de la isla, causan temor, sobre una eventual aplicación discriminatoria de las mismas. Algunos cubanos han empezado a pensar que, como ocurre de forma habitual, algunos pueden verse en la obligación de pagar, si se apartan de la “línea oficial” del régimen. Estas facturas se han percibido como un instrumento para atemorizar y reprimir a la población. Uno más de los muchos que existen en la isla.

Esa idea de “crear una conciencia” sobre el coste de los servicios de sanidad parece justificada si existiera alternativa en el sector privado. Lo complicado es determinar el valor de una consulta de oncología o de una sesión de hemodiálisis cuando no existen referencias de precios y salarios de mercado. La aproximación a los precios, desde los costes, propia de la teoría económica marxista, puede confundir y despistar sobre el valor real de los servicios de salud.

Por la misma regla de tres, igualmente habría que explicar a los cubanos de dónde sale el dinero y cuál es el coste de la educación gratuita, el transporte o la alimentación en los centros de trabajo y las escuelas, por ejemplo, o yendo más lejos aún, determinar el coste real del aparato represivo que existe en el país bajo el manto de la seguridad del estado, la policía, las organizaciones de masas y demás elementos del estado estalinista que sobreviven en la isla.

Que se centren en la salud y no en los otros apartados de las gratuidades del régimen, parece un despropósito que, como tantas otras cosas, tiene un recorrido limitado.

Además, no creo que Raúl Castro haya acertado con este movimiento cuando apenas faltan 11 meses para dejar el poder. Algunas informaciones procedentes de Cuba revelan sorpresas entre los profesionales de la salud por los carteles informativos de los precios que, al parecer, han aparecido sin haber existido una consulta previa. Las mismas fuentes indican que no existe acuerdo sobre el coste calculado de las distintas operaciones y servicios prestados por el sistema de salud, y ya se han producido las primeras protestas, todas ellas ocultas. Por otra parte, se sabe que la medida ha causado disgusto en la población, y algunos ciudadanos han empezado a pensar que lo que se va a regalar y dar gratis, no se debe facturar ni siquiera a título informativo. O lo que es peor aún, que algunos cubanos piensan que desde que Fidel no está, “el socialismo no se ve”.

Este tipo de interpretaciones ha obligado a las autoridades a salir al paso, e insistir que no es la intención que se vayan a cobrar los servicios. Se trata solo “que las personas sientan el compromiso con los servicios que hoy estamos brindando", declaró Miosotis Moreno, directora de Economía y Planificación del MINSAP. Un compromiso que, para muchos cubanos, suena a confusión premeditada.

La autoproclamada “potencia sanitaria mundial” se encuentra atrapada en un laberinto. Con centenares de miles de médicos en distintos países del mundo, el régimen obtiene cuantiosas divisas que sirven para atender las necesidades urgentes de pagos. La salida de los médicos al exterior ha sido percibida como un deterioro de las condiciones de la sanidad por los cubanos. De modo que fijar precios, justo en el momento que la calidad del servicio está cuestionada, no parece una decisión correcta. O tal vez si. Ya se verá lo que dura.

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