La banca comercial en Cuba: a 50 años de atraso

Elías M. Amor Bravo

Un ejemplo del atraso del sistema bancario en Cuba es el pésimo funcionamiento de los cajeros automáticos y de las pocas tarjetas magnéticas que usan los cubanos para obtener efectivo con el que pagar sus facturas. Tan deficiente es el servicio que Granma se ha hecho eco de ello, en esa nueva campaña por cuestionar aquello que no funciona bien y pedir explicaciones a los responsables. En suma, un artículo en el diario oficial castrista se ha hecho eco de la “calidad de las tarjetas magnéticas, las condiciones físicas y técnicas de los cajeros automáticos, su distribución a lo largo del país y las condiciones de seguridad a la hora de retirar efectivo de los propios equipos” y lo califican como “problemáticas actuales para los muchos cubanos que hoy dependen de esta opción bancaria”.

Tal vez, lo primero que conviene tener claro es que en Cuba, el porcentaje de población que utiliza los cajeros automáticos es muy bajo comparado con el de otros países de economía similar. Los datos son elocuentes. Frente a una población de más de 11 millones de habitantes, las tarjetas en circulación apenas son 3,3 millones. El dinero de plástico o los cajeros en la economía castrista no tiene el desarrollo de otros países. La modernización del sistema bancario ha sido inexistente, por un lado, porque los bancos son empresas estatales que carecen de incentivo para atender a sus clientes. Segundo, porque aún es muy alto el número de cubanos que cobran sus nóminas en sobre, y que, en tales condiciones, no necesitan recurrir a los bancos para la gestión de sus recursos.

Si a ello se añade que en las precarias tiendas estatales, donde los cubanos compran la mayor parte de sus bienes subvencionados, la penetración de las tarjetas magnéticas es prácticamente nula, y que en los mercados de oferta y demanda, que son los que tienen más alimentos, se paga en efectivo, se comprende las razones de este bajo desarrollo de las prácticas de la banca comercial.

Cuando en otros países, los problemas de funcionamiento de las tarjetas se arreglan de forma inmediata en cuanto que los clientes se quejan a su banco, en Cuba, es interesante observar como se intenta dar solución al problema explicando que “ existen dos tipos de tarjetas en el mundo: las de baja y las de alta coercitividad; lo que guarda relación con las características ferro-eléctricas de las bandas magnéticas”. Resulta que las primeras, que son las que más se utilizan en Cuba son más sensibles a los campos electromagné­ticos.¡Qué cosas!

En el artículo de Granma, tienen muy claro, por ello, quién es el culpable de todo “si la persona tiene hábitos correctos en cuanto a la posesión de la tarjeta, esta puede durar hasta cinco o seis años”, dando a entender que si “se hace un mal uso de la misma, o no se mantiene lejos de imanes, monederos con cierres magnéticos, teléfonos móviles, refrigeradores, microondas” entonces la tarjeta no funcionará correctamente en los cajeros. Como ya he señalado antes, en cualquier otro país del mundo, la tarjeta se cambia inmediatamente cuando no sirve, y ya está. En Cuba parece que esta solución no es fácil.

O sea que los responsables del asunto dicen en Granma que lo importante es que la población conozca que el hecho de que la tarjeta se desmagnetiza y entonces se necesite adquirir otra, y curiosamente añaden que “el cliente no deja de tener acceso a su dinero durante el periodo de recuperación; cuenta con la opción de ir al banco con su carné de identidad y extraer efectivo por ventanilla”. ¿Alguien pone en duda actualmente esta práctica en su país? Al parecer en Cuba, hay gente que no se fía. Y hacen bien. La historia de “corralitos” bancarios, sin derecho a devolución del dinero depositado en los bancos, es bien conocida desde los tiempos del Che Guevara. No es extraño que esa desconfianza siga existiendo en el momento actual, y no me cabe duda que, en muchos años, seguirá así.

Y claro, luego está el problema de los cajeros automáticos fuera de servicio, consecuencia, según dicen en Granma de la “sobreexplotación”. Eso ocurre cuando hay poca oferta y mucha demanda, o al revés. El caso es echar la culpa a quién no la tiene.

Si se lee lo que dicen los responsables entrevistados en Granma, se puede llegar a pensar que estamos en otro planeta, un mundo muy alejado de la realidad. Al parecer, el problema de los cajeros es que “muchas empresas efectúan el pago a sus trabajadores en la misma fecha”. Normal. Los salarios se pagan generalmente a mes vencido y los bancos ponen en marcha sus instalaciones para atender a quiénes desean acceder a su dinero. Lo que parece que quieren conseguir estos directivos es que “el banco imponga como condición a las empresas que desean domiciliar sus nóminas, que desplacen su fecha de pago de estos días pico para aminorar los perjuicios”. Es decir, en este caso, los perjudicados serían los trabajadores que quieren sacar dinero cuando lo necesitan.

En cuanto a los cajeros que se quedan sin dinero, al parecer una queja bastante extendida, en lugar de reconocer el problema y dar solución a los clientes, los directivos castristas entrevistados en Granma declara lo contrario y señalan que “es muy raro que un cajero se quede sin efectivo”, lo que contradice la máxima, en la que nos movemos quiénes vivimos fuera de aquella isla, que “el cliente siempre tiene la razón”. En Cuba no es así, y ahí está la posición de los bancos en este asunto escabroso, que parece que irá a más porque nadie está observando que se realicen las inversiones necesarias para avanzar en la modernización de los bancos y del pago con tarjetas en Cuba. Salvo el sector abierto al turismo, el resto es un desierto en el que, la culpa, como siempre, la tiene el ciudadano.

Lean el artículo entrevista de Granma. Lo pasarán realmente bien. Su título es “Cajeros, tarjetas y aclaraciones pendientes” y sale publicado en la edición de hoy. Los que estamos acostumbrados a utilizar los servicios bancarios de manera cotidiana, o que nos hemos acostumbrado a disfrutar de la banca online, vamos a encontrar una historia que nos puede retrotraer a casi 40 años atrás. Cuba, su economía, está mucho más atrasada de lo que parece, y testimonios como los recogidos en Granma, lo confirman plenamente. Y desde luego, no tiene que ver ni con el embargo ni el bloqueo. El problema está dentro y lo peor es que nadie está haciendo nada para dar solución.

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