¿Qué hacer con BioCuba Farma?

Elías Amor Bravo, economista
 
Es la joya del régimen. No cabe duda al respecto. Integrada en la privilegiada Orga­nización Superior de Dirección Empre­sarial (OSDE), BioCuba Farma no es tan solo el resultado de una supuesta invención de Fidel Castro, sino que es un gran complejo de investigación y desarrollo que “garantiza 569 de los 578 medicamentos del cuadro básico de producción nacional, que ahorra importaciones por unos 2.000 millones de dólares al año, que tiene numerosas patentes en materia de diagnóstico y prevención de enfermedades infecciosas, atención a la diabetes y el cáncer, el envejecimiento poblacional, el impacto tecnológico y en la esfera agropecuaria, así como numerosas contribuciones en la prevención de enfermedades congénitas, la producción y distribución de más de dos millones de glucómetros y más de 742 millones de biosensores, y el uso del Heberprot-P en 240.000 pacientes de 24 países, entre ellos más de 55.000 en Cuba”. Un balance sin duda importante.

Es evidente que el sistema de biotecnología cubano es un elemento central de la economía. Por ello, interesa valorar lo que el régimen pretende hacer con este sector, tomando como referencia las palabras pronunciadas por Miguel Díaz-Canel Bermú­dez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros en la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tec­nología y Medio Ambiente de la Asamblea nacional.

Díaz Canel quiere que BioCuba Farma “no solo aporte al país y a nuestra economía más exportaciones, sino de más alto contenido tecnológico”, por medio de “una cartera de exportación de productos de alta tecnología, que favorecerá la obtención de mayores ingresos y contribuirá al prestigio de la biotecnología cubana y la industria farmacéutica”. Hasta aquí nada que cuestionar. Son objetivos interesantes que cualquier gestor empresarial tiene que fijar y conseguir.

El problema surge cuando se conoce la letra pequeña y se entra de lleno en la táctica. Porque la realidad es que si Díaz Canel cree que “diversificar mercados y alcanzar aquellos de productos altamente desarrollados, ejecutar las nuevas inversiones que permitan ampliar las capacidades productivas, y lograr los estándares de calidad que exige el mercado nacional” puede alcanzarlo BioCubaFarma en solitario, está muy equivocado.

¿Qué nos lleva a pensar así? Básicamente que en un mundo global dominado por intensas fuerzas comerciales y financieras, la aventura en solitario de un proyecto de estas características, es problemática. La investigación científica aplicada a la salud humana se encuentra participada, a nivel mundial, por empresas que realizan ingentes inversiones para ocupar posiciones de vanguardia, que pagan altos salarios para retener el talento científico y comercial, y que desarrollan estrategias globales estrechamente relacionadas con los sistemas de salud nacionales, públicos y privados. Pretender avanzar en solitario en ese universo realmente complejo es poco recomendable.

Díaz Canel debería haber sido consciente de estas restricciones ante los diputados de la Asamblea y ofrecer las magnitudes reales que condicionan el futuro del gran complejo farmacéutico cubano. En particular, buena parte de los condicionantes tienen su origen en las condiciones imperantes en la economía castrista, como “la no disposición de recursos financieros en el momento oportuno, el deterioro del equipamiento tecnológico, la no puesta en marcha de las inversiones en el mo­mento adecuado, la falta de proveedores con la calidad requerida y certificados, y el rechazo de materias primas y material de envase”. Con un diagnóstico de estas características, como el ofrecido por Carlos Gu­tié­rrez Calzado, presidente de la Comisión en la que se abordaron estas cuestiones, la solución no es la vía en solitario de Díaz Canel.

El marco de dependencia y funcionamiento de la OSDE castrista se puede quedar pequeño para la gestión de una empresa de estas características, que va más allá del escenario de la planificación estatal. Problemas denunciados en la Comisión, como el deterioro de los medicamentos por su traslado a mercados lejanos, apuntan a la necesidad de una mejor red de distribución internacional. La escasez de proveedores queda resuelta en el marco de la globalización. Aspectos como la falta de marco regulatorio para la introducción de los resultados científicos o la “alfabetización científico técnica desde los primeros niveles del sistema educativo” son propuestas interesantes que una acción corporativa de Responsabilidad social empresarial puede resolver sin grandes dificultades.

Díaz Canel debería pensar en ir buscando tecnología de vanguardia, capital humano empresarial y gestión competitiva internacional para BioCuba Farma en los próximos años. La inserción de esta empresa cubana en el mercado mundial no se puede supeditar a prioridades políticas o ideológicas por el hecho de haber sido una supuesta invención de Fidel Castro. Si ello fuera cierto, cabría reconocer el mérito, pero esa gran organización no puede continuar rigiéndose en 2016 con ideas y postulados autárquicos e intervencionistas de mediados de siglo pasado, porque el mundo ha cambiado, y mucho, desde entonces. 

La internacionalización de la economía cubana, su modernización, es una estrategia de alcance que no pasa por modelos de gestión complementaria de instalaciones hoteleras y otras infraestructuras similares. Con BioCubaFarma hay una opción para hacer bien las cosas.Como se tienen que hacer.

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