Los "verdaderos ricos" del régimen castrista


Un artículo en el Nuevo Herald plantea que los nuevos ricos en Cuba están "empezando a salir del armario". El artículo señala que la apertura de negocios privados en la Isla ha permitido el florecimiento de una clase holgada que empieza a llamar la atención en un país en que durante décadas, "los signos externos de riqueza fueron reservados a un número reducido de privilegiados". Varios ejemplos de personas y situaciones sirven para ilustrar a modo de grandes pinceladas, el trasfondo del artículo referido. 
Sin embargo, varios errores, se esconden en este análisis. 
El primero, y quizás el más grave, es pensar que los signos externos y el "exhibicionismo" son rasgos de los trabajadores por cuenta propia y los nuevos emprendedores en Cuba. Lo dudo. La mayor parte de estos pequeños emprendedores sudan lo que ganan, trabajando de sol a sol, en actividades que, en líneas generales, no sólo son de baja productividad, sino que además, se ven sometidas a una presión fiscal desmedida que tiene como principal objetivo impedir su crecimiento. En todo caso, los emprendedores generalmente no se caracterizan por mostrar esos signos externos y desconfían de hacerlo para no perder lo que han conseguido.
Segundo error, pensar que son las actividades delictivas las que propician los mayores ingresos en la economía nacional, entendiendo por éstas, las que se realizan fuera del circuito estatal. Aquí nos encontramos, una vez más, con el eterno problema de la legitimidad de las leyes y su cumplimiento cuando no son democráticas. Las dictaduras totalitarias tienen este problema: actividades que pueden ser delictivas en un determinado momento dejan de serlo en otro. Esa debilidad moral del totalitarismo está asociada a un nivel de riesgo que es el que, precisamente, recompensa las actividades prohibidas, pero no lesivas. Tal vez habría que situar en este ámbito, la venta de joyas fuera del sistema estatal.  
Tercero, en Cuba no existe clase adinerada, como tal. Cualquier indicador de poder económico es rápidamente controlado por la seguridad del estado. Los únicos que tienen permitido esos alardes son los turistas extranjeros, que convertidos en rara avis, hacen lo que les viene en gana desde los tiempos legendarios del período especial, mezclándose en ocasiones con la población cubana, pero por motivos muy distintos a hacer negocios o poner en marcha proyectos emprendedores. Conviene recordar que el régimen sigue prohibiendo a los cubanos de a pie recibir inversiones de los extranjeros.
Cuarto, el consumo que realizan muchos cubanos en el área de la moneda fuerte, el CUC donde todo se puede comprar pagando los precios establecidos por el régimen, se basa en mayor medida en las remesas que envían sus familias que viven y trabajan en el extranjero, como se ha podido constatar en diversos estudios y análisis. Son muchos los que envían dinero a sus familias para que puedan acceder a bienes y servicios que, con los miserables sueldos que se ganan en Cuba, resultan imposibles. En  todo caso, ese consumo extra que realizan los cubanos tiene poco de exhibicionismo,y aún son muchos los que siguen temiendo a la delación y a eventuales represiones o castigos en los trabajos a resultas de esos comportamientos no admitidos por la dirigencia castrista.
Cuarto, en todo caso, si tener un pequeño negocio o un proyecto emprendedor permite a los cubanos vivir mejor que el resto, obteniendo ingresos más elevados y accediendo a un mayor nivel de calidad de vida y bienestar, pues bienvenido sea. Nadie va a oponerse a un modelo económico que finalmente ha triunfado en todos los países que, como Cuba, habían apostado por el llamado socialismo real. Ni siquiera los chinos se mantienen fieles a ese modelo. Si hay cubanos que viven mejor que otros por su trabajo, su esfuerzo, su talento o su capacidad para hacer negocios, pues que sea bienvenido.
El problema surge porque los beneficios obtenidos en esos negocios no se pueden capitalizar y con ello facilitar su crecimiento y consolidación. Un ejemplo, los cubanos no pueden adquirir los derechos de propiedad de los locales en que prestan sus servicios. Generalmente el alquilador es el estado, el mismo que le cobra puntualmente los impuestos. Cuando no está contento, suprime el alquiler, y el negocio desaparece o se tiene que instalar en otro sitio. Sin poder acceder a los derechos de propiedad, el fruto del trabajo y del esfuerzo termina cayendo en saco roto e impide a la economía nacional aumentar su escala
Por ejemplo, los arrendadores de tierras, a los que se impide asociarse con otros libremente, tan solo en las cooperativas controladas por el partido comunista. Lo peor es que al no poder comprar y vender las tierras, el régimen impide a los agricultores aumentar el tamaño de sus explotaciones para alcanzar escalas técnicas eficientes. El minifundismo sigue siendo la nota común en el agro cubano. Me sonrío al pensar cuántos tractores va a vender esa empresa de EEUU que se quiere establecer en el Mariel. Los podremos contar con los dedos de la mano.  
La experiencia del trabajo por cuenta propia en Cuba está mostrando que el medio millón de cubanos que se han liberado del empleo estatal mal retribuido y asfixiante, son, más o menos, los mismos que antes de las autorizaciones compatibilizaban sus trabajos para obtener ingresos complementarios. El crecimiento de la actividad privada es uno de los grandes fracasos del régimen, o quizás aciertos, ya que el efecto reivindicativo que algunos pensaban que podría tener un colectivo creciente de emprendedores, prácticamente ha quedado diluido.  
Son más de 57 años de injustos ataques y de penalización a la actividad económica emprendedora privada. El régimen que surgió de la llamada revolución en 1959 acabó con la propiedad privada en Cuba, con los empresarios y los intermediarios, los profesionales independientes y todo lo que florecía en la isla. La obra destructiva de la riqueza privada culminó en 1968 con la llamada ofensiva revolucionaria. Generaciones enteras de cubanos han crecido adoctrinados por la propaganda de un régimen que les decía que "ser rico no es el modelo, y que la ganancia de dinero, y la propiedad privada es un estigma que perjudica a las personas". Tamaño insulto a la inteligencia que ahora se pretende corregir con parches, sin adoptar las decisiones que se necesitan realmente para sacar a la economía castrista de su marasmo secular.
Que se olviden. En Cuba no existen los "nuevos ricos" y en cambio, si que están los hijos y nietos de Fidel y Raúl Castro, y todos los que, de una forma u otra, han vivido cerca de esos privilegios. Esa casta se mantiene como la única con poder, y no hace falta estadística alguna para medir que son unas 200 personas, más o menos, que concentran todo el capital económico del país. Los herederos del régimen creado por sus padres, tíos y abuelos. Los que van a seguir hablando en público de "solidaridad, valores sociales, igualdad" y no se cuántas más majaderías, mientras que su nivel de vida alcanza cotas incomprensibles para todos los cubanos disfrutando de yates, vacaciones en resorts privados y otros artículos de lujo escandaloso.  Esos son los ricos del exhibicionismo, los mismos de siempre, los que sacan varias cabezas a los pobres cuentapropistas, que tratan de salir adelante en el día a día de su infortunio. El castrismo parece haber sido creado para ellos.


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