28 de julio de 2016

Una guía para la negociación entre EEUU y el régimen castrista

Elías Amor Bravo, economista

"Derechos de propiedad vs. efectos del embargo"

Los medios se han hecho eco de que Estados Unidos y el régimen castrista van a celebrar en Washington una segunda reunión sobre compensaciones económicas mutuas. Un tema escabroso, que admite numerosas interpretaciones pero que es, sin duda, uno de los diferendos más importantes entre los dos países desde que en 1959, la llamada “revolución” se lanzara en tromba contra los derechos de propiedad de ciudadanos y compañías de Estados Unidos en Cuba, promoviendo expropiaciones sin el pago de compensaciones. Una práctica que se encuentra ampliamente condenada por el derecho internacional y que en el caso del régimen castrista, se encuentra perfectamente documentada.

Sucede que la duración de este régimen político es tan larga en el tiempo y ha atravesado por tantas etapas distintas que el paradigma más reciente, y que parece aceptar Estados Unidos a tenor del guión de las negociaciones, que por otra parte, se siguen realizando con escasa transparencia, consiste en aceptar que en la negociación por los bienes nacionalizados a estadounidenses por la llamada revolución cubana, se tienen que incluir los daños derivados del embargo lo que ha supuesto enrarecer los contenidos básicos para el acercamiento bilateral. Los observadores y analistas están de acuerdo en que, salvando la reclamación de Guantánamo, se trata del tema, identificado por Estados Unidos como uno de los más espinosos en la nueva relación, tras la reunión preliminar celebrada en La Habana el pasado 8 de diciembre.

Es curioso lo que se está tratando de incorporar a un asunto jurídicamente impecable de reclamación de derechos de propiedad confiscados que cualquier arbitraje internacional habría dado la razón, desde hace mucho tiempo, a la parte dañada, es decir Estados Unidos. Durante las décadas de subvención soviética, en plena guerra fría, el régimen castrista ni se acordaba del embargo o del bloqueo. ¿Para qué? La desviación del comercio que los dirigentes revolucionarios adoptaron nada más instalarse en el poder a comienzos de los años 60,supuso romper con las relaciones comerciales históricas de la república de Cuba con sus vecinos de la región para lanzarse a un complejo e incierto marco de relaciones con los países del telón de acero, a la sazón, bajo el control del nuevo socio privilegiado del régimen, la entonces URSS. La gente parece olvidar esta historia, que es fundamental para situar los hechos que ahora se incorporan a la negociación. Por suerte, existe abundante documentación y las hemerotecas están llenas de los despropósitos castristas en su intento de romper lazos con Estados Unidos para no asumir el pago de las confiscaciones.

El tiempoha pasado lentamente. Esa medida de los lustros y los decenios que en la isla parece tener otro ritmo, y nos encontramos que tras las leyes adoptadas por la administración Clinton en los años 90 para reclamar lo que procede, y perdidos los apoyos económicos soviéticos, en La Habana asumen la conveniencia de implementar, en cualquier proceso de negociación de los derechos de propiedad confiscados, una demanda sobre lo que denominan “el impacto del embargo”, consistente en un informe de escasa credibilidad, que se ha presentado ante Naciones Unidas, siempre atentas a los reclamos castristas, en el que de forma asombrosa reclaman “que los daños económicos por más de medio siglo de embargo estadounidense ascienden a 833.755 millones de dólares, según el valor del oro”. Ni más ni menos.

Cualquier análisis de los contenidos de esta negociación pone de manifiesto que se está mezclando agua con aceite, o como se dice por estos pagos, churras con merinas. La reclamación de EEUU desde los tiempos de Eisenhower, cuando se produjo el robo organizado por el régimen revolucionario de los derechos de propiedad, mantiene unas 6.000 personas y empresas estadounidenses poseen reclamaciones hacia el régimen castrista por las expropiaciones que se ejecutaron tras el triunfo de la llamada revolución cubana, estimando el valor total en 1.900 millones de dólares, tal y como se han registrado por la Comisión de Liquidación de Reclamaciones en el Exterior (FCSC, por su sigla en inglés) del Departamento de Justicia.

La estimación a precios actuales de la propiedad confiscada sin compensación asciende a casi 8.000 millones de dólares, incluyendo un interés anual del 6 %. La mayor parte de las indemnizaciones exigidas por empresas estadounidenses están relacionadas con expropiaciones llevadas a cabo después de que Fidel Castro llegase al poder en enero de 1959, como Coca-Cola, Exxon Mobil o Colgate-Palmolive, entre otras.

Desde 1964, el Congreso estadounidense solicitó a la FCSC, como árbitro en litigios con gobiernos extranjeros y en liquidaciones de bienes extranjeros en EE.UU, que calculase la validez y el valor de las compensaciones solicitadas por empresas estadounidenses a la Cuba castrista. Ese proceso duró seis años y se cerró con el reconocimiento de las casi 6.000 reclamaciones por el importe de 1.900 millones de dólares, que con los intereses como ya se ha señalado, aumentaron hasta los 8.000 millones de dólares.

Se trata de un contencioso que Estados Unidos mantiene en ejercicio de la defensa que cualquier nación civilizada hace de los intereses de sus ciudadanos cuando son pisoteados por un gobierno extranjero que además, carente de legitimidad, no cumple con lo establecido en el derechos internacional en estos casos. Los negociadores de Estados Unidos deberían ser conscientes de lo que se están jugando en la mesa de las relaciones con las autoridades castristas. Ni más ni menos que derechos que se han venido reclamando, justamente, desde hace más de 50 años, y que no han tenido respuesta.

Sin duda, nada tiene que ver esa reclamación con el invento castrista de la llamada Ley 80 de Cuba sobre la Reafirmación de la Dignidad y la Soberanía Cubanas, de 1996, publicada en pleno "período especial", cuando las urgencias económicas apretaban, 32 años después de que el gobierno de EEUU clarificase sus exigencias, y por el cuál entienden, unilateralmente, que las indemnizaciones se deben negociar considerando, y aquí viene lo realmente sorprendente, “las reclamaciones de la isla a EEUU por los daños ocasionados por las sanciones económicas impuestas a la isla”. Si se quiere jugar a las figuraciones e imaginaciones, entonces EEUU podría exigir, y tiene más base legítima para hacerlo, el valor actual descontado de la corriente de bienes y servicios generados por esos activos confiscados por el régimen en 1959 a fecha actual. Estaríamos entonces hablando de muchos miles de millones, tantos que ni el PIB de la economía castrista podría asumir esas compensaciones.

Hay que dejar el juego de la improvisación castrista y pensar en términos concretos y jurídicamente válidos. Es inconcebible que EEUU haya aceptado la negociación con los Castro, poniendo en la mesa derechos legítimos de propiedad reconocidos, muchos de ellos que nunca podrán ser disfrutados por sus legítimos propietarios por fallecimiento, junto a reclamos fantásticos relativos a un embargo que, desde cualquier punto de vista, no ha existido por cuanto el régimen ha podido comercial libremente con 192 países del mundo, recibir inversiones, operar en los mercados de capitales, refinanciar y condonar sus deudas y un sinfín de operaciones solo limitadas por una escasa o nula competitividad en los mercados mundiales de una economía de base estalinista que carece de interés en la economía internacional por lo que produce y vende.

Los negociadores de EEUU no deberían aceptar el intercambio de reclamos situando derechos legítimos de propiedad con argucias de mal pagados. Las consecuencias que se pueden producir de cualquier resultado en este proceso son imprevisibles y nunca serán de justicia. En tales condiciones, lo mejor es romper la negociación antes que sea muy tarde.

27 de julio de 2016

La economía castrista a los ojos de la CEPAL

Elías Amor Bravo, economista

Los últimos datos relativos a la economía castrista han sido dados a conocer por CEPAL en su reciente Estudio Económico de América Latina y el Caribe, en el que, junto a una visión general de la economía de la región, se ofrece un análisis de cada país.

En tales condiciones, el Informe constata que si bien el PIB de Cuba aumentó un 4,3% en 2015 (en comparación con un 1,3% en 2014), las previsiones recientes apuntan a un nuevo descenso que lo llevaría a quedar alrededor del 1%. El Informe señala que los “motores” que sirvieron de empuje a la economía castrista en 2015, se han ido apagando. En concreto, el adelanto al cuarto trimestre de 2014 de fondos para la financiación de las importaciones y cuyo efecto se materializó en mayor producción a inicios de 2015, ha quedado ya ciertamente muy lejos. De igual modo, un incremento de la inversión del 24,9% en 2015 es insostenible en la situación actual. Además, el mayor volumen de bienes intermedios importados, gracias a la menor factura de importaciones por compra de materias primas, resultado de menores precios internacionales, no parece que esté funcionando actualmente. Y, por último, los efectos positivos de la adopción del sistema de pagos por rendimientos en las empresas (para incrementar la productividad del trabajo en el sistema empresarial), mejorando la relación entre los productores y sus resultados ha quedado en suspenso por decisión de las autoridades.

De ese modo, en 2015, gracias a los motores descritos, una buena parte de los sectores productivos de la economía cubana creció, si bien algunos presentando cifras menores de las metas programadas por el régimen. Entre los sectores de mayor crecimiento están la industria azucarera con un 16,9% (aunque con su participación en el PIB ya alcanza tan solo un 0,5%); la construcción un11,9% (5,9% del PIB); la industria manufacturera, el 9,9% ( alcanzando el 13,2% de PIB), y el sector de comercio y reparación de efectos personales un 8,6% ( totalizando un 20,3% del PIB). En contraste, sectores como la administración pública, defensa y seguridad social; educación; salud pública y asistencia social; y cultura y deporte, los cuales conjuntamente representan en la economía castrista alrededor del 30% del PIB, experimentaron disminuciones significativas del 3,6%, 0,4%, 1,1% y 0,4%, respectivamente. La realidad es que todavía no se puede observar en la dinámica de la actividad económica la participación de los emprendedores.

Agotados los factores expansivos mencionados, el régimen no ha sido capaz de adaptarse al nuevo entorno económico y así, en 2016 se proyecta un crecimiento del PIB del 1,0%, que será previsiblemente menor conforme entren en vigor las medidas anunciadas por los responsables económicos. De acuerdo con CEPAL, la reducción del crecimiento respecto de 2015 se explica fundamentalmente por "tensiones en la disponibilidad de divisas, a lo que contribuyen las previsiones a la baja en los precios de varios de sus productos exportables como el níquel y el azúcar. Otro factor negativo es la reducción en los envíos de combustibles por parte de Venezuela, que ha obligado al régimen a anunciar medidas de racionamiento energético para el segundo semestre del año, por ejemplo el consumo de electricidad a nivel nacional disminuirá en 6%, con apagones a la vista y los temores de un nuevo “período especial”. Por otra parte, si en 2016 el régimen había previsto realizar inversiones por 7.841 millones de pesos (la mayoría con financiamiento externo), los últimos datos indican que habrá ajustes a la baja en ese importe, que podría reducirse a 6.510 millones de pesos (una reducción del 17%) e incluso más".

De ese modo, en 2016, los sectores con mayores crecimientos positivos y dinámicos serán la construcción (13,4%); hoteles y restaurantes (11,2%), y agricultura, ganadería y silvicultura (5,9%). En sentido contrario, disminuirá la producción del sector de explotación de minas y canteras y de la industria manufacturera. En 2016 las inversiones, como se ha señalado, caerán, alcanzando tan solo un importe de 6.510 millones de pesos, un 17% por debajo de la cifra programada a comienzos de año, la mayoría con financiamiento externo. Casi el 60% de estas inversiones estarán asociadas a turismo, petróleo, infraestructura para enfrentar sequías y saneamiento; a la infraestructura de la Zona de Desarrollo Especial Mariel; la producción de azúcar y sus derivados; las telecomunicaciones; incremento de las capacidades constructivas del país; producción de materiales de construcción, fuentes renovables de energía. Además, 600 millones irán al sector agropecuario para apuntalar la producción de alimentos que permita sustituir importaciones (actualmente Cuba importa alrededor de 2.000 millones de dólares en alimentos).

Pero lo realmente grave en la situación económica está en el plano fiscal, la imposibilidad de reducir el déficit. El régimen cerró 2015 con un déficit de 6,1% del PIB, con un incremento del gasto en las actividades no presupuestadas en 21,7%.

De acuerdo con el Informe, en 2015 los gastos totales aumentaron, en términos nominales, un 10,0%, un crecimiento muy superior al de la economía, que fue del 7,1% (4,3% del PIB más 2,8% de la inflación). Como consecuencia de estas tendencias dispares, se observó un "cambio importante en la dinámica del gasto corriente en Cuba, con un crecimiento del 10,3%, y una tendencia hacia un crecimiento menor del desembolso en actividades presupuestadas (7,2%) a la vez que las actividades no presupuestadas (24,7%) aumentaban de forma muy destacada", reflejando el descontrol de la gestión, el aumento de la financiación para la producción para la exportación y sustitución de importaciones (22,2%) y el mayor importe destinado al subsidio de precios minoristas (32,5%).

Por su parte, los ingresos totales netos registraron un crecimiento anual del 4,6%, con una reducción de los ingresos no tributarios (7,0%) debido a la caída en la recaudación de sus rubros principales, en particular la contribución directa de empresas estatales disminuyó en 7,6%. Al mismo tiempo, los ingresos tributarios anotaron una expansión del 11,3%, el principal rubro de ingresos, el impuesto a la circulación y sobre ventas, se incrementó en 8,3%., reflejando la intensa presión fiscal del régimen sobre los trabajadores por cuenta propia. Finalmente, los gastos de capital tuvieron una expansión del 5,6% en 2015.

Además, en 2016 el anteproyecto de presupuesto del Estado estima un déficit fiscal como proporción del PIB de 7,1%, un punto porcentual superior, resultado de la magnitud de los recursos destinados a financiar la exportación y sustitución de importaciones, que significa para Cuba ahorro de divisas pero se genera un déficit en operaciones corrientes, como resultado de la dualidad de la tasa de cambio. Las principales producciones financiadas bajo el concepto de sustitución de importaciones y financiamiento a la exportación son la carne de cerdo en pie, arroz, maíz para alimento animal, frijol, el café y el azúcar. En cuanto a precios minoristas subsidiados, se incrementan en 5,7% los fondos para conservar asequibles a la población los productos básicos de consumo; entre los productos de mayor peso que se incluyen en este financiamiento se encuentran cárnicos, leche, azúcar, pan, arroz y huevos, así como los combustibles domésticos.

Para 2016 el documento del anteproyecto estima que los ingresos netos crecerán en 6,5%, en términos nominales, respecto de las cifras de cierre estimadas para 2015, lo que supone un aumento de la presión fiscal. Por su parte, se prevé que los ingresos tributarios aumenten en 11,1%, en tanto que se estima un incremento del 5% en los ingresos no tributarios. Los tributos de las formas de gestión económica no estatales van ganando peso gradualmente en la estructura de ingresos del gobierno, se estima que para este año representen el 8% de los ingresos tributarios. Los gastos totales, por su parte, aumentarán un 8,6%. Cabe destacar que el gobierno cubano tiene proyectado un incremento importante de los gastos de capital (25,3%) principalmente destinado a infraestructura en la isla cuya viabilidad en las condiciones actuales, parece complicada.

El Informe de CEPAL señala "que como parte del perfeccionamiento de la administración financiera se inició la elaboración en 2016 del estado de ahorro, inversión y financiamiento en el que se pone de manifiesto el requerimiento para 2016 de fondos por un máximo de 8.538 millones de pesos, para cubrir tanto el déficit fiscal como la amortización de deudas comprometidas en el mismo año. No obstante, es previsible que con la menor expectativa de crecimiento económico para 2016 todas estas cifras fiscales sufran ajustes a la baja, pues el anteproyecto de presupuesto del Estado fue presentado a fines de 2015 y el crecimiento económico de Cuba desde entonces se ha ralentizado".

El déficit mayor de 2016 se pretende financiar mediante la emisión de bonos soberanos con una amortización desde uno hasta 20 años y a una tasa de interés promedio del 2,5% anual. Este aumento del déficit con relación al año anterior, no sólo refleja el descontrol de la gestión económica existente en un sistema de planificación central en el que no existen derechos de propiedad, sino la imposibilidad de conseguir mayores niveles de financiación de la actividad empresarial estatal para respaldar la sustitución de importaciones (representa un incremento del 31,4% respecto del año previo), así como el mayor subsidio a la canasta familiar normada (incremento del 5,7%). El régimen continúa empeñado en cumplir un equilibrio en la toma de créditos y su estructura, el pago de las deudas reordenadas, la deuda corriente y el cumplimiento del plan de amortizaciones, por lo que la contratación de créditos externos con sus acreedores se hará según la capacidad de pago, limitando su importe.

En ese sentido, la política de racionalización del gasto y uso eficiente de los recursos públicos adoptada a partir de 2011, así como el compromiso firme del régimen castrista por cumplir con el pago programado de sus obligaciones externas, se encuentra con grandes dificultades para su cumplimiento, lo que actúa como un factor que reduce la credibilidad internacional de la economía, justo en un momento en que se han conseguido notables ventajas para facilitar la renegociación de su deuda externa, con un impacto positivo de la posición del país con sus acreedores más importantes. Destaca principalmente la renegociación en diciembre de 2015 de su deuda con el Club de Paris.

Y si el desequilibrio interno continúa siendo un problema para las autoridades, el saldo de la balanza en cuenta corriente ha pasado a tener signo positivo, con un nivel similar respecto al PIB, al alcanzado en 2015. El Informe de CEPAL insiste en el argumento del régimen que la visita del presidente de los Estados Unidos en marzo de 2016 a Cuba y los anuncios posteriores para levantar algunas restricciones, como el permitir que el país pueda emplear en sus transacciones con el exterior el dólar, no se han materializado todavía, para situar en el bloqueo económico, comercial y financiero el origen de las actuales dificultades para las transacciones comerciales y financieras, de acuerdo a las normas y prácticas internacionales.

El Informe de CEPAL atribuye al cumplimiento del servicio de la deuda externa y a que Cuba no sea miembro de las instituciones financieras internacionales,como factores que han obligado al país a que su balance en cuenta corriente como proporción del PIB se mantenga en los últimos años en superávit (de alrededor del 1,5%). No obstante, Cuba registra un déficit estructural en la balanza comercial de bienes, otro desequilibrio que las políticas económicas del régimen no han sabido corregir, su magnitud se compensa con el superávit en la balanza comercial de servicios (venta de profesionales). De ese modo, mientras que en 2015, las exportaciones de bienes se redujeron un 24,2% (cifras en millones de pesos) y las importaciones aumentaron en 2,9%, las exportaciones de servicios médicos y el turismo continuaron expandiéndose (ambos rubros aportan más de la mitad de los ingresos en divisas del país). En concreto, los ingresos por turismo se incrementaron en 10,7%.

Estas tendencias apuntan a que en 2016 se espera que se mantenga el superávit de la balanza en cuenta corriente, resultado en parte del superávit en la balanza comercial de servicios y por los mayores ingresos esperados por el turismo internacional (aunque con un incremento moderado resultado de la devaluación del euro en relación al dólar, pues una gran parte de los turistas que llegan a Cuba son de origen europeo). Se proyecta que a la isla caribeña arribarán cerca de 3 millones 800 mil turistas en 2016.

El Informe de CEPAL señala que el tipo de cambio nominal continúa fijo, con una tasa del CUP de 24 por CUC para las operaciones de ventas por la población a bancos y CADECA (casas de cambio). Se destaca, igualmente, la ausencia de anuncios oficiales que indiquen que la unificación monetaria y cambiaria se pueda materializar en 2016. El régimen ha anunciado que se avanza en el proceso y que se esta en búsqueda de la opción que genere menores efectos nocivos en el poder adquisitivo de la población. De esta manera, en el informe al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) realizado en abril pasado, se ratificó una vez más la decisión de garantizar los depósitos en cuentas bancarias en divisas extranjeras, pesos cubanos convertibles (CUC) y pesos cubanos (CUP), así como el dinero efectivo en poder de la población.

En tales condiciones, la política monetaria en Cuba sigue siendo la misma que desde 2009, orientada al control de los agregados monetarios. CEPAL señala que la demanda de transacciones generada por la actividad de las formas de gestión no estatales, como el trabajo por cuenta propia y las cooperativas no agropecuarias (CNA), ha tenido una clara incidencia en la dinámica de la oferta monetaria, yendo en estrecha relación con la expansión de la actividad económica. De igual modo, con la nueva política crediticia aprobada en 2011, el crédito tanto al sector empresarial como a personas naturales se ha incrementado progresivamente. De esta manera, el dirigido a personas naturales aumentó un 206% en 2015 (partiendo de una base inicial pequeña), respecto del año anterior. El 59% de estos préstamos se destinó a la realización de acciones constructivas en las viviendas; el 34% a agricultores pequeños, y el 6,7% a trabajadores por cuenta propia. Por otra parte, el crédito a personas jurídicas se incrementó en un porcentaje claramente inferior, 6,8% y los principales sectores de destino fueron la agricultura, el comercio y la manufactura.

El régimen reconoce la dificultad de dinamizar de manera sostenible el crecimiento económico sin incrementar los niveles de inversión (la inversión bruta interna como proporción del PIB ronda el 13%). La nueva Ley de inversión extranjera a partir de 2014 pretende lograr la atracción de capitales extranjeros. Derivado de lo anterior, se ha incrementado gradualmente la llegada de inversiones a Cuba. Para el segundo semestre de 2016 se han comprometido e iniciarán 47 proyectos de inversión fuera y dentro de la Zona de Desarrollo Mariel (creada en 2013) con inversiones provenientes de diversos países como China, Canadá, Australia, México, Brasil y Vietnam, así como de varias naciones europeas. Destaca también la inversión de la compañía estadounidense Starwood Hotels en asociación con las compañías cubanas Gaviota y Gran Caribe (la primera de su tipo desde 1959) para la administración y construcción de hoteles en Cuba. El gobierno ha trabajado desde 2010 en un conjunto de acciones enfiladas al saneamiento de las finanzas externas del país, en particular las encaminadas a lograr el reordenamiento de su deuda externa.

CEPAL valora igualmente, dentro de la política de atracción de inversiones extranjeras, el papel que desempeña la cartera de inversiones, integrada por proyectos específicos en distintos sectores de la economía, que se actualiza anualmente y que cuenta con 326 proyectos (de una cifra inicial de 246 proyectos) para que los inversionistas extranjeros puedan elegir en cuales sectores invertir, aunque las inversiones no están restringidas a la cartera. En la nueva cartera de inversiones se encuentran por ejemplo tres proyectos más en el sector salud, turismo, transporte (astilleros), construcción y materiales de construcción; industria ligera y sideromecánica, y alimentaria y audiovisual.

Mención especial recibe el análisis de las consecuencias del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba en diciembre de 2014, y la visita del presidente Obama a Cuba en marzo de 2016. Con ello, se ha iniciado el levantamiento gradual de algunas restricciones en viajes, telecomunicaciones, servicios financieros, remesas y aviación, entre otras (o se han flexibilizado los requisitos). No obstante, CEPAL concluye que en la práctica varias de las medidas anunciadas aún no han podido implementarse. Un ejemplo de lo anterior es la autorización a Cuba del uso del dólar en sus transacciones internacionales. De esta manera, si bien el gobierno estadounidense anunció que era posible utilizar dólares en las operaciones con el exterior, a través de bancos de terceros países, la realidad es que la nación caribeña no ha podido realizar ninguna operación bancaria con esta moneda, pues los bancos extranjeros continúan temerosos ante la posibilidad de recibir multas multimillonarias por procesar transacciones de Cuba.

Tampoco se permite a los bancos cubanos establecer relaciones de corresponsalía con instituciones financieras de los EE.UU. Las pocas inversiones estadounidenses que se han anunciado han sido autorizadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, luego de una revisión caso por caso. Cabe hacer hincapié en que el turismo de estadounidenses a Cuba continúa prohibido. El gobierno estadounidense ha autorizado a sus ciudadanos viajar a la isla caribeña únicamente en doce categorías y a través de licencias generales (cierto es que los requisitos para obtener estas licencias se han venido suavizando), entre las que están las visitas familiares, los negocios oficiales del gobierno de los Estados Unidos, la investigación profesional y reuniones profesionales, y las competencias atléticas y exhibiciones.

El Informe de CEPAL señala que el incremento de la tasa de inf1ación observada en 2015 fue motivado por los aumentos en los precios de productos agrícolas y, en menor medida, la expansión salarial en los sectores salud y deportes. Para este año 2016, se espera que la inflación se mantenga en niveles similares a los del año anterior, una tasa del 2,8%. CEPAL señala que desde 2015 ha existido una creciente preocupación por el incremento de precios de varios productos agrícolas en los distintos segmentos de mercado, pero sobre todo en los no estatales, y culpa de los mismos, al igual que el régimen, a los intermediarios que comercializan este tipo de productos, aunque también han existido problemas de escasez de oferta de algunos productos agrícolas, en lo que ha influido la sequía que afecta a este país en los dos últimos años. En particular, se han registrado mayores precios de varios productos agrícolas durante 2016. Lo anterior, llevó al régimen a adoptar a principios de mayo un conjunto de acciones para incrementar el acopio de productos agropecuarios de alta demanda y su comercialización a la población a precios máximos establecidos en un intento de mejorar el poder adquisitivo de los salarios.

Finalmente, el Informe pasa revista a los datos del mercado laboral. El número de ocupados totales se ha mantenido en niveles similares en los últimos años, con tendencia a la reducción de empleo en el sector estatal y el consecuente incremento en el sector no estatal de la economía. Al cierre de 2015, la ocupación total fue de 4.860,500 trabajadores, de los cuales el 71% se encuentra en el sector estatal de la economía (en 2010 el empleo en este sector representaba el 81,2%, diez puntos menos). Por otra parte, la tasa de desempleo en 2015 fue de 2,4% (contra el 2,7% en 2014). Es importante destacar que los sectores que generan la mayor cantidad de empleo siguen siendo la agricultura y la construcción (18,0% y 6,0% del total, respectivamente). En 2015 el salario mínimo
quedó establecido en 225 pesos cubanos (el mismo con respecto a 2014) y el salario medio se incrementó en términos nominales en 17,6% respecto del año previo y llegó a 687 pesos.

En cuanto al empleo en las formas de gestión no estatales, como el trabajo por cuenta propia, se observa un crecimiento. Así, al cierre de marzo de 2016 ejercieron esta actividad 507.342 personas (contra 499.452 trabajadores en abril de 2015), de los cuales 155.574 son jóvenes y 158.308 son mujeres (31% del total). Entre las actividades más importantes: la elaboración y venta de alimentos (11%); transporte de carga y pasajeros (10%); arrendamientos de viviendas, habitaciones y espacios (6%); agentes de telecomunicaciones (5%), y la categoría de trabajadores contratados (23%), asociados principalmente a las primeras dos actividades.

25 de julio de 2016

Sobre Randy Alonso y los “interesados presagios”: ¿Por qué la situación de hoy no es la de los 90?

Elías Amor Bravo, economista

No hay nada peor que negar la realidad y esconder la cabeza bajo el suelo cuando se advierte algún peligro. Al avestruz le puede funcionar en la sabana africana, pero en el mundo real es imposible actuar así. Tampoco es correcto comparar dos escenarios diferentes si  entrar de lleno en los hechos. En economía, es conveniente debatir sobre hechos, datos y realidades objetivas, sin manejos propagandísticos. De ese modo, la lectura del artículo de Randy Alonso sobre los “interesados presagios” publicado en Cubadebate, me interesó ofrecer una perspectiva alternativa.

Por ello, no puedo coincidir con su diagnóstico cuando señala “como reconocía el General del Ejército Raúl Castro en la reciente sesión de la Asamblea Nacional, el país está enfrentando dificultades temporales derivadas de restricciones financieras externas, por una baja en los ingresos provenientes de las exportaciones y limitaciones que enfrentan varios de los principales socios comerciales de Cuba por la caída de los precios del petróleo”. Para proseguir afirmando que “a ello se añade una contracción en los suministros de combustibles acordados con Venezuela”. Este diagnóstico inicial parte de la creencia que las “dificultades temporales” tienen su origen en el exterior de la economía castrista, y eso no es del todo cierto. Hay mucho más.

Y si el diagnóstico no puede ser compartido, tampoco existe acuerdo sobre los efectos. Randy Alonso dijo, y cito textualmente sus palabras, “señaló el Presidente cubano,… comienzan a aparecer especulaciones y augurios de un inminente colapso de nuestra economía con el retorno a la fase aguda del período especial que nos enfrentamos a inicios de la década del 90 del pasado siglo y que supimos superar gracias a la capacidad de resistencia del pueblo cubano y su confianza ilimitada en Fidel y el Partido”.

La realidad es que lo que califica, utilizando términos de Raúl Castro, como “especulaciones y augurios”, llevan apareciendo mucho tiempo antes de que se detectaran los signos negativos de la coyuntura actual. De hecho, durante un lustro hemos justificado que las reformas de los llamados “Lineamientos” son un parche para ganar tiempo, que no resulta posible atender a las urgencias de cambio estructural que reclama una economía como la castrista con actuaciones puntuales, y que se necesita una acción coherente y racional para enderezar su rumbo. En realidad, el escenario lúgubre antes descrito tiene mucho más que ver con el fracaso en la aplicación de los “lineamientos y la llamada actualización económica” que con el escenario internacional. Y ellos lo saben.

Ciertamente, la economía castrista en 2016 no está en las mismas condiciones que en 1990, pero concluir a partir de ahí que se presentan en la actualidad “circunstancias más ventajosas para enfrentar las dificultades”, es cuando menos, arriesgado. Vamos con los detalles sobre las diferencias 1990 y 2016 siguiendo el guión de Randy Alonso.

Primero, el comercio exterior es distinto.

Falso. La diversificación comercial no garantiza mejores resultados del comercio. Para que este sea ventajoso para la economía nacional tiene que generar superávit (más exportaciones que importaciones), es decir, trasvasar recursos del exterior al interior, con una tasa de cobertura positiva y una relación real de intercambio igualmente favorable. Para ello, la economía tiene que ser competitiva y eficiente, además de estar especializada en bienes y servicios que tengan demanda en los mercados internacionales. Cuando eso no ocurre, el déficit exterior genera tensiones y falta de liquidez que es lo que realmente acusa la economía castrista en el momento actual. Desde esta perspectiva, el comercio con el bloque soviético era mucho más favorable, a pesar de su mayor concentración geográfica que el actual.

Segundo, la ruptura de las fuentes de crédito.

Falso. La condonación de deudas conseguida en los últimos meses con numerosos países puede suponer a corto plazo una entrada de oxígeno, pero no resuelve el problema si no se capitaliza adecuadamente esa mejor posición deudora en forma de proyectos de inversión en infraestructuras a medio y largo plazo que generen empleos y riqueza. ¿Dónde están esos proyectos? Nada se sabe de los mismos. Además, el acceso a las fuentes de crédito internacional por parte de una economía, es decir a los mercados de capitales, exige la adopción de una serie de medidas concretas de ajuste y normalización que el régimen rechaza y niega. Hay que situarse en el carril del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial cuanto antes para conseguir la financiación que la economía castrista necesita, pero eso no se consigue con posiciones numantinas, sino negociando. Y ahí queda mucho camino por recorrer.

Tercero, la inversión extranjera llega.

Falso. La política de captación de inversiones extranjeras, dirigista e intervencionista, excluyente para los cubanos de a pie, ajena a los principios básicos que regulan esta actividad en el mundo globalizado en el que nos encontramos (imponiendo por ejemplo una “cartera de proyectos” que los inversores extranjeros desdeñan por su escaso interés y rentabilidad) no está dando los beneficios esperados, y lo que es peor, no los dará. La inversión extranjera que llegó a Cuba en el período especial, formada por numerosas pequeñas y medianas empresas que terminaron cerrando sus proyectos por la falta de apoyos a comienzos de siglo XXI con la recentralización económica, pudo haber sido, y de hecho lo fue, un poderoso instrumento para la modernización de la economía, pero llegó el petróleo de Venezuela y el comandante mandó a parar.

Cuarto, el turismo en aumento.

Falso. Por lo mismo de antes. Puede haber un aumento del turismo y las llegadas de viajeros, pero si el margen está fuera de control y es limitado, si la venta del producto turístico se realiza por operadores extranjeros en los países de origen y se cercena la actividad económica nacional orientada al turismo en un reducido número de licencias y negocios autorizados, o se frena el aumento de la escala de los establecimientos existentes por la vía de inversiones, no hay nada que hacer con el turismo y nunca se llegarán a alcanzar las cifras de países de la zona como República Dominicana o Jamaica.

Quinto, la exportación de servicios proporciona ingresos.

Falso. El cambio de la situación económica en Venezuela y otros países del ALBA está provocando un cierre de contratos con los profesionales de servicios que el régimen “comercializa” en estos países, de modo que las cifras de ingresos empezarán a bajar y pronto, con lo que ello supone de menor poder adquisitivo interno para muchas familias que viven de esos ingresos, en los que el estado interviene detrayendo una parte importante. A Fidel Castro habría que decirle que para que un país pueda vivir de su “inteligencia cultivada” tienen que existir mecanismos e instituciones jurídicas que permitan la apropiación de ese talento y su capitalización en forma de proyectos emprendedores de alto valor añadido. Lo otro es perder el tiempo.

Sexto, la biotecnología y la industria farmacéutica, el Grupo BioCubaFarma como apuestas..

Falso. Cierto es que BioCubaFarma es una iniciativa interesante, pero su rentabilidad a nivel internacional no está asegurada con la vía en solitario que el régimen quiere que desarrolle. En un mundo global como el que vivimos, las corporaciones que atesoran inteligencia y capital humano tienen que desplegar lazos y redes de colaboración con otras similares o con fondos de inversión que permitan aumentar sus dimensiones y alcanzar niveles de rentabilidad superiores. El enfoque para estas iniciativas debe cambiar y cuanto antes.

Séptimo, el petróleo que se produce.

Falso. La realidad es que las multinacionales españolas del petróleo abandonaron sus planes al comprobar que las aguas del Golfo de México no esconden las reservas añoradas por los Castro. Cuba sigue teniendo una economía altamente dependiente del petróleo porque las inversiones en infraestructura energética alternativa no se han realizado, ni están en los planes de nadie, ya que pensar que los internacionales pueden encargarse de ese negocio con empresas al 50% es una vez más, adoptar un planteamiento poco realista.

Octavo, la generación eléctrica mejora en eficiencia.

Falso. Pensar que la dependencia energética es un freno a la capacidad de desarrollo de un país es apostar por un modelo autárquico de mediados del siglo XX que parece estar instalado en la oficialidad castrista. La experiencia de los “dragones asiáticos” en los años 80 de ese siglo nos mostró que los países pueden pasar al desarrollo, y hacerlo además de forma acelerada, sin petróleo. La clave está en producir bienes y servicios que permitan cubrir el coste de la factura petrolera. Es el caso de China, por ejemplo. Los responsables de la economía castrista, obsesionados con la falta de petróleo en Cuba, son incapaces de asumir que la responsabilidad de los límites de la energía se encuentra en sus decisiones erróneas. Los apagones ya están ahí.

Noveno, el empleo se mantiene.

Falso. Recuerdo que los planes para la salida de trabajadores del estado a las actividades privadas quedaron paralizados hace tiempo por las protestas sociales, y que el sector del empleo privado sigue siendo insuficiente frente a los 5,5 millones que trabajan para el estado. Los cambios en la composición del empleo han sido mínimos, y gracias al trabajo por cuenta propia, que está sometido a una presión fiscal asfixiante, es por lo que muchas familias pueden sobrevivir.

Y décimo, si se me permite añadir algo nuevo y yendo un poco más allá, me extraña que en su enunciado de diferencias con respecto a los años 90, ciertamente extenso, el señor Alonso no haya mencionado, siquiera de paso, la importancia de las remesas de los cubanos que viven en el exterior a sus familias en la isla. Aquí si se observan diferencias y significativas, como algunos estudios recientes han venido a confirmar, llegando las remesas a suponer un volumen de recursos superior a la facturación del turismo.

Coincido con el señor Alonso que “no hay dudas de que tenemos y tendremos dificultades en los próximos meses” al reconocer que los problemas vendrán del exterior, lo que supone dejar el famoso argumento del bloqueo en suspenso al señalar, y cito textualmente, “una economía abierta como la cubana, con importante dependencia de sus intercambios extrafrontera, está expuesta a los avatares poco halagüeños de la economía y el comercio internacionales y a las dificultades de sus principales socios”. A eso le suman el bloqueo, pero reconocer la apertura de la economía castrista al exterior es un buen punto de partida.

Finalmente, un ruego. No vea como “fuentes interesadas cuentan nuestros días” a aquellos que estamos convencidos que el momento es complicado. Interés, ninguno. Además, en los análisis realizados no existe el menor interés de mostrar pánico ni enterrar a nadie, ni tampoco sembrar el desaliento. Tampoco hay oportunismo, ni aprovechamiento, ni tampoco especulación o manipulación de oficio, utilizando la terminología que emplea Randy Alonso.

Tan solo insistir en que no es cierto que “el país tiene hoy elementos ventajosos respecto a los 90 para enfrentar las dificultades”. Ni la actualización del modelo, ni las decisiones parciales que se han ido adoptando, ni los tiras y aflojas, son buenos remedios para la gestión de una economía que necesita un giro de 180º en sus estructuras para poder funcionar. Los cubanos lo saben y por ello, reaccionarán en forma de protestas sociales a los nuevos signos de estos tiempos que vuelven a mostrar el fracaso económico del régimen.

La consecuencia es clara. El mercado, como instrumento de asignación de recursos, y el respeto a un marco jurídico estable de derechos de propiedad, deben abrir el camino de las reformas que permitan dejar atrás un modelo económico obsoleto e ideologizado de mediados del siglo pasado. Un arcaísmo que trata de sobrevivir en la sociedad del conocimiento y la globalización, que no garantizan su continuidad.

Y si, hay algo en lo que coincido con Randy Alonso. Es la idea que “trabajo, esfuerzo, ahorro, inteligencia” son valores fundamentales para salir adelante, pero nunca gratis ni de manera colectiva, sino con recompensas concretas, beneficios y capacidades reconocidas para desarrollar proyectos individuales y también colectivos que mejoren el bienestar del país, su nivel de empleo, renta y riqueza. 

Ese modelo tiene en la empresa privada cubana su referencia fundamental frente a un estado que se cae a pedazos. La República lo hizo realidad en sus primeros 50 años de existencia, y volverá. Cuando todo esto que ya acaba desaparezca para siempre.