19 de agosto de 2015

En defensa de los trabajadores por cuenta propia

Elías Amor Bravo, economista

Hace unos días, Orlando Freire destacaba en un artículo en DDC las críticas que con frecuencia se pueden leer en la prensa oficialista del régimen contra los trabajadores por cuenta propia. Críticas que se concentran fundamentalmente en los precios de los bienes y servicios ofertados por los trabajadores por cuenta propia y en el libre juego de la oferta y la demanda en la formación de los precios.

El diseño de una economía de base estalinista con un sector privado dependiente del estado está en la esencia de los llamados “Lineamientos”. Allí se sustentan ideas que no dejan mucha esperanza para cambios en las instituciones que regulan el funcionamiento de la economía castrista: la empresa estatal socialista seguirá siendo el eje del sistema y la planificación central de la economía se mantendrá sin que los derechos de propiedad pasen a estar plenamente reconocidos.

En ese contexto, se antoja que la tarea de los trabajadores por cuenta propia, parece ciertamente difícil. Convertidos en una parte marginal del sistema, no resulta extraño que el régimen acometa sus ataques llegando a afirmar que “actúan según las leyes de la selva".

Las críticas del régimen a los trabajadores por cuenta propia son interesantes porque abren un espacio desconocido en la homogénea realidad estalinista de la economía cubana. Que se hable de los nuevos emprendedores cubanos hasta en las Comisiones Permanentes de la Asamblea Nacional del Poder Popular, es una muy buena noticia.

Sin embargo, las críticas son injustas. Y desde luego, esconden parte de la verdad. El trabajo por cuenta propia se desenvuelve en unas condiciones difíciles, que ha recibido nuestro análisis en diversas ocasiones. Desde impuestos elevados, a la inexistencia de mercados mayoristas en los que comprar materias primas, las dificultades para contratar libremente trabajadores, la falta de un sistema bancario y crediticio, o la asfixiante presión de las declaraciones juradas de ingresos personales. Todo ello hace que la complejidad de la actividad desborde los estándares internacionales.

Ya no es solo una cuestión de precios elevados, que refleja el deficiente funcionamiento de las leyes de la competencia, por propio interés del régimen. Es la ausencia de un marco jurídico adecuado para el desarrollo de unas actividades que, en cualquier otro país del mundo, solo pueden crecer, generar riqueza y empleo, beneficios y sostenibilidad a medio y largo plazo. El pequeño sector del trabajo por cuenta propia en Cuba no podrá experimentar esta evolución, porque al régimen no le interesa. Y el estado socialista hará todo lo posible por evitar que se consolide porque le temen.

Se queja el oficialismo de precios elevados. Incomprensible. Si los trabajadores por cuenta propia se dirigen a un mercado en el que los sueldos medios no superan los 24 dólares al mes, los precios deberían ajustarse a ese nivel de poder adquisitivo. Si suben, la demanda será menor, salvo que se encuentre estimulada por unas remesas procedentes del exterior que, en las condiciones actuales, son las que permiten a los cubanos superar las graves carencias de su economía. El régimen considera a as remesas la única tabla de salvación, y ha adoptado medidas concretas para facilitar que los recursos procedentes del exterior reviertan sobre la economía. Los trabajadores por cuenta propia podrían conseguir una participación importante en ese flujo de renta, pero el régimen no hace otra cosa que cerrarles el paso.

Otro ejemplo. La dualidad monetaria. ¿Por qué el régimen no pone fin cuanto antes a esta práctica que viene creando no pocos problemas en el funcionamiento de la economía? La respuesta es clara. Con las dos monedas, resulta más fácil mantener el control sobre los trabajadores por cuenta propia, focalizando sus actividades en el sector de la moneda fuerte cuyas dimensiones son bien conocidas. De ese modo, no existe posibilidad alguna de ejercer un efecto tracción sobre la economía subvencionada y de naturaleza ineficiente. Los trabajadores por cuenta propia recurren en mayor medida al aprovisionamiento procedente del exterior, vía “mulas”, que a la producción nacional. El régimen no interviene. La dualidad monetaria supone mayor nivel de complejidad administrativa e incurrir en unos costes de gestión que, con una sola moneda, no deberían existir.

No obstante esas evidencias, la prensa del régimen ya ha tomado partido en contra de los trabajadores por cuenta propia. El oficialismo castrista se pierde en alegatos contra los precios elevados o la presunta desprotección de los consumidores. Eso es lanzar bombas de humo para ocultar los verdaderos problemas. Hay que proteger a los nuevos trabajadores por cuenta propia, se necesita crear un marco adecuado para el desarrollo de sus actividades y rebajar la presión. Los mecanismos de regulación se deben adaptar a las necesidades de los nuevos emprendedores. Si ello no ocurre, pronto aparecerán las reivindicaciones.

6 de agosto de 2015

Algunas observaciones al Informe de Stratfor “Cuba, un potencial de prosperidad”.

Elías Amor Bravo, economista

La reapertura de las relaciones diplomáticas entre el régimen castrista y la presidencia de EEUU ha abierto un nuevo escenario de interés sobre el impacto que este nuevo escenario puede tener sobre la economía de ambos países, y de forma más concreta, sobre la diseñada por los hermanos Castro en los últimos 55 años bajo el modelo estalinista, que prohibe el ejercicio de los derechos de propiedad privada y otorga al estado la planificación central.

Uno de los recientes estudios que se han publicado es el de la consultora Stratfor, que ha recibido una gran atención de los medios, como cabría esperar de este tipo de informes.

En síntesis, el Informe pronostica lo siguiente:
  • Cuba y Estados Unidos continuarán reforzando los lazos políticos en los próximos meses y años.
  • A corto plazo, los ingresos por turismo en Cuba podrían aumentar y con ello facilitar ciertas restricciones financieras, pero el país va a sufrir el impacto de la quiebra que se anticipa en Venezuela.
  • A más largo plazo, el impacto de la apertura de Cuba dependerá de la habilidad de las autoridades de La Habana para afrontar los retos estructurales que afronta la economía, y de la forma que EEUU decida finalmente levantar el embargo comercial.
  • El gobierno cubano probablemente introducirá reformas de forma gradual y selectiva para sacar ventaja de las oportunidades económicas, mientras retiene y refuerza el control político de la economía.
Ojalá pronosticar lo que puede ocurrir en el futuro fuera tan fácil. A mi, personalmente, me gustaría que estos Informes acertasen, pero tantos años realizando un análisis y seguimiento de la economía castrista, impiden obtener una valoración positiva.

Hay varias ideas que me parece que pueden llevar a que algunos de los pronósticos de Stratfor, o todos, no se cumplan.

Primera, los autores de este informe persisten en la idea que Cuba ha sido, históricamente, muy importante para los Estados Unidos.

Bien el análisis. Pero la posición podría perfectamente describir la etapa histórica de los grandes navegantes marinos y de los descubrimientos, siglos XVI al XIX, tiene poco que ver con la aldea global que la sociedad de la información y el conocimiento, y las nuevas tecnologías han producido en el conjunto de la economía mundial. Y la realidad es que fruto de ese proceso, la economía de Estados Unidos se ha preparado para orientarse hacia los mercados asiáticos, donde concentra una parte relevante de sus actividades, mientras que Cuba es un desierto, con apenas un cable submarino de conexión a Venezuela. La importancia de Cuba para Estados Unidos es básicamente la que tiene para los dos millones de ciudadanos de Estados Unidos de origen cubano. Poco más.

Segundo, el informe incursiona sobre la eventualidad de las políticas del régimen cada vez que han aparecido dificultades a lo largo de sus más de 50 años de existencia. No es cierto. El período especial exigió medidas liberalizadoras a corto plazo, pero en cuanto apareció el petróleo de Venezuela, Fidel Castro volvió a recentralizar todo el poder económico. ¿Quién dice que los actuales cambios de Raúl Castro y los lineamientos no pueden ser reversibles? Mientras la Constitución de 1992 siga en vigor, una lectura de la misma descubre que las bases sociales de la economía se mantienen sin cambios.

Tercero, el impacto de las conversaciones diplomáticas ha supuesto, hasta ahora, la adopción de medidas unilaterales por EEUU (suavizar restricciones económicos para permitir que más dinero fluya a la Isla, permitir a los bancos procesar las transacciones de tarjetas de crédito de Cuba) pero el régimen de La Habana no ha movido ficha. Al contrario, informes procedentes de la Isla indican que la represión a los disidentes y opositores ha ido en aumento. 

Es cierto que el turismo en Cuba alcanza cifras en aumento. La entrada de viajeros a la Isla ha aumentado un 15% comparado con el mismo período del año anterior, el equivalente a 1,7 millones de personas en los cinco primeros meses de 2015 pero incluso las grandes potencias turísticas, como España, saben que el turismo, por sí sólo, no sirve para mover una economía en la que las grandes actividades motoras se encuentran paralizadas. Además, es cierto que la isla tiene una población formada, mano de obra barata, abundante población y puertos naturales e incluso que cuenta con un sector de biotecnología de gran potencial para tratamientos médicos y farmacéuticos. Pero esto solo no basta para acelerar el crecimiento económico.

Cuarto, más aún cuando el régimen se mantiene como el principal empleador de la isla y los negocios en manos del estado dedicados a la exportación (incluso las joint ventures con firmas extranjeras) se mantienen con altos niveles de ineficiencia comparados con los competidores internacionales. A ello hay que añadir la dualidad monetaria y la restrictiva ley de inversión extranjera, lo que frena a los inversores internacionales.

Quinto, si es necesario esperar a 2018, para observar cambios democráticos en Cuba, justo cuando Raúl Castro deje la presidencia, se habrá perdido un tiempo formidable, que lejos de facilitar la adopción de medidas, puede contribuir a agravar los problemas estructurales internos, incluyendo una política monetaria divorciada del comercio, la escasez de recursos energéticos y un bajo nivel de infraestructura y escasez de capital.

En tales condiciones, la expectación puede aumentar. No cabe esperar grandes cambios en el régimen castrista. No está en su ADN. En esta última fase, la única aspìración es ganar tiempo, y puede que lo consigan, con la gradualidad de las reformas y su ajustada medición, para no perder el control político. Así, en contra de lo que pronostica Stratfor, no será posible convertir a Cuba en una atractiva y competitiva economía manufacturera de nivel medio o medio bajo que permita alcanzar un crecimiento económico más fuerte aprovechando la ola de apertura con Estados Unidos. Ojalá me equivocase.


3 de agosto de 2015

Los retos del sindicalismo cubano

Elías Amor Bravo, economista

El secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, CTS, Ulises Guilarte dijo en Granma que “el movimiento sindical cubano debe hacerse sentir con mayor fuerza para ayudar a desencadenar las potencialidades productivas y de eficiencia que sabemos aún existen en los colectivos laborales”.

No parece que el desencadenamiento de las potencialidades productivas esté en el ámbito de los objetivos de organización sindical alguna. En los países democráticos y libres, en los que el pluralismo es la característica principal de la sociedad, los sindicatos están para defender a los trabajadores. Ese es su papel y su función social.

Las declaraciones del dirigente sindical castrista recuerdan mucho a las que hacían los máximos representantes del sindicalismo vertical franquista, que en aquella España de blanco y negro de la dictadura de Franco, planteaban iniciativas muy similares. Por suerte aquello quedó atrás, muy lejos en el tiempo, y España cuenta con un moderno sistema de relaciones laborales equiparable al de los países más avanzados.

La libertad sindical, el pluralismo en la representación de los intereses de los trabajadores tiene que luchar por la mejora de los salarios. No es posible que en Cuba se sigan pagando sueldos medios de 20 o 24 dólares al mes, en el mejor de los casos. Estos niveles salariales son un auténtico insulto al papel de las organizaciones sindicales que deberían exigir al régimen retribuciones dignas que permitieran a las familias cubanas mejorar sus bajos niveles de consumo y no depender de las regalias y las canastas normadas del régimen. La CTC tiene mucho que hacer en este campo, y de buen seguro, no será fácil mejorar la productividad del trabajo si no se produce una mejora de las condiciones salariales.

Por otra parte, no se comprende muy bien lo que pretende decir Guilarte al afirmar que “hay que reconocer honorablemente que el sindicato tiene que elevar su protagonismo, convencer y palpitar más; es de esperarse si pretendemos transformar el escenario laboral del país y llegar a un estadio superior en todos los frentes de la economía”.

La elevación del protagonismo sindical es incuestionable. Los sindicatos participan, o deben participar, de las decisiones de los gobiernos por medio de la creación de un clima de concertación social democrático, que lleve a iniciativas de consenso que permitan a las partes conseguir sus objetivos y la sociedad avanzar. Campos como la formación y cualificación de los trabajadores, la prevención de riesgos laborales, las normas recogidas en los convenios colectivos o los mecanismos de intermediación laboral, entre otros, forman parte del diálogo y la concertación social. Ese es el verdadero y único sentido del protagonismo sindical, y lo que justifica su razón de ser. Esa es la forma que los sindicatos tienen para convencer, promoviendo en relación con las organizaciones de empresarios, la transformación del escenario laboral del país, y alcanzar ese “estadio superior” al que aspira Guilarte.

¿Con qué organizaciones empresariales va a negociar la CTC en Cuba? ¿Qué tipo de diálogo y concertación social plantea un régimen político dirigido por un partido que dice representar a los trabajadores? ¿Cómo es posible que la CTC no haya levantado su voz contra las agencias de colocación creadas por el régimen para facilitar empleos en las empresas extranjeras que inciertan en Cuba? ¿Cómo es posible que un sindicato acepte, no la dualidad en el mercado laboral, sino una especie de appartheid?

Son muchas las cuestiones que debe dejar atrás el sindicalismo vertical del régimen castrista. Su vinculación ideológica al partido que sustenta el sistema político, lo tiene contra las cuerdas, y le ofrece muy pocas posibilidades de futuro en una sociedad democrática, libre y plural. En vez de “racionar” la entrega de banderas de Vanguardia Nacional, Gularte debería ponerse a pensar en el futuro y a cambiar el discurso y adoptar una actitud mas reivindicativa contra el patrono único que existe en la economía castrista: el propio régimen. De no hacerlo, los resultados que cabe esperar son realmente decepcionantes.