30 de junio de 2016

El enfoque no es el correcto ministro

Elias Amor Bravo, economista

Se celebra estos días en el Palacio de convenciones de La Habana un congreso internacional sobre gestión empresarial y administración pública. No deja de llamar la atención la notable variedad de congresos que se organizan por el régimen castrista últimamente. No es mala idea. Proyectar la isla a nivel internacional como sede de congresos es una apuesta interesante, pero luego, como sucede casi siempre, está lo que se dice en los congresos y sobre todo, cómo se dice.

Aceptando que los demócratas no tenemos otro límite para la libertad del otro que el estricto respeto a la nuestra, cualquier cosa que se diga en esos congresos organizados por el régimen castrista se tiene que situar en la perspectiva del monolito de partido e ideología única que impera en la Isla desde 1959. No conviene esperar mucho del debate, porque si se sale de este guión castrista, simplemente no existe, se elimina. Por ello, este congreso de educación tiene algún interés y los comentarios que pueda realizar sobre el mismo, lógicamente, se apartan de ese pensamiento único y obviamente, por ello, no tendrían cabida en las sesiones del mismo.

La educación cubana en la actualidad se encuentra inmersa, como la del resto del mundo, en la necesidad urgente de acometer cambios que permitan afrontar los retos del entorno. Nada nuevo, por tanto.

Sin embargo, una nota en Granma recoge algunas de las frases pronunciadas por el doctor Rodolfo Alarcón Ortiz, ministro de educación superior del régimen en su conferencia inaugural. Y a ellas propongo dirigirme.

Coincido con Alarcón en “la im­portancia ascendente del conocimiento, y de la capacidad de una sociedad para producir, seleccionar, adaptar y usar esos saberes (no solo los científico-técnicos), en aras de lograr un crecimiento económico sostenido y mejorar los estándares de vida de la población”. Cierto. El conocimiento es necesario. Pero, la capacidad de una sociedad depende de la que tengan sus individuos y de la que puedan alcanzar con el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y la asunción de riesgos y sacrificios. Nada en la vida es gratis. Además no existe la “capacidad de una sociedad” propiamente dicha, sino la de miles de voluntades, proyectos personales, ilusiones que se ponen en común, y de ahí surgen las capacidades y su adaptación, que está en el origen del crecimiento.

El ministro debería saber que cuando alguien, que se cree imbuido de un “don superior”, trata de canalizar o controlar esas capacidades individuales para dirigirlas en una determinada dirección, se percata que, al cabo de un tiempo, su objetivo lejos de conseguirse, no se cumple. Si analizamos la experiencia de países del mundo que han realizado un tránsito exitoso en sus niveles de renta y desarrollo en las últimas décadas, se observa la apuesta por la educación, la formación y la cualificación de sus habitantes como determinante del resultado. Ninguno de esos países ha apostado por desplegar “capacidades de la sociedad”, sino por introducir e incorporar estímulos y valores individuales que permitan a las personas alcanzar sus proyectos de vida. Los que se han embarcado en costosos “proyectos de capacitación social”, han acabado muy mal. Ejemplos, sobran.

Es por ello que el ministro también se equivoca cuando pretende atribuir a los docentes, a los educadores, a los responsables de la construcción del capital humano individual, funciones que no están bien definidas en su agenda profesional. Por ejemplo, le pregunto en abierto al ministro, qué tiene que hacer, como el dice, “un docente en el campo de la ciencia de la dirección para enfrentarse al hecho de que la distribución de la renta es desigual”. Desde luego, no dedicarse ni un minuto a lo que él plantea. Si lo hace, estará perdiendo el tiempo.

Pues claro ministro que la distribución de los activos de cualquier sociedad es desigual, y cuando no existe la propiedad privada como base de referencia, porque es abolida, como en el régimen castrista, surgen otros elementos que apuntan a la desigualdad. Los docentes en el campo de la ciencia de la dirección deben ayudar con sus enseñanzas, actualizadas, a que las sociedades avancen, construyan riqueza, la acumulen y a resultas de ello, alcancen una dimensión mayor, con más empleo y bienestar para todos. En la sociedad del conocimiento y la información, ese proceso es más necesario que nunca, y está suponiendo, en la mayor parte de las escuelas de negocios de todo el mundo, una revisión en profundidad de los planes de estudio y los curricula de la educación del siglo pasado, en la que algunos países se encuentran instalados.

Ojalá que la ciencia de la dirección en Cuba vaya por estos derroteros. Durante décadas, el rechazo ideológico del régimen a los principios de la gestión empresarial moderna, han hecho un gran daño a la estructura económica y productiva. Ha llegado el momento de practicar un giro de 180º y dejar atrás procedimientos y métodos de trabajo constreñidos por la penosa intervención estatal y el peso de la ideologia comunista sobre la economía. Cuando las empresas cubanas se libren de ese lastre y puedan funcionar como en cualquier otro país del mundo, el embargo o el bloqueo interno, ese que practica el régimen con sus ciudadanos, habrá llegado a su fin. Ánimo.

29 de junio de 2016

¿Pero qué está pasando en la economía castrista?

Elías Amor Bravo, economista
 
El consejo de ministros castrista, presidido por Raúl Castro, se reunió para analizar los resultados de la economía cubana en el primer semestre del año y formular una previsión de su comportamiento para lo que resta de 2016. La noticia ha sido divulgada en la mayoría de los medios dependientes del estado, pero la realidad es que no han trascendido cifras al uso, es decir, estimaciones del crecimiento económico o de las principales variables.

Como viene siendo habitual en estos cónclaves, la información fue facilitada por el titular del ministerio de economía y planificación, Marino Murillo y aprobada, sin más, por los miembros del consejo de ministros. Sería deseable que en los próximos días, cuando este informe se traslade a la Asamblea Nacional, se presenten los datos numéricos que permitan realizar una valoración objetiva del estado de la economía castrista y sus perspectivas. De momento, solo podemos basarnos en lo que dice Murillo.

En todo caso, las cosas no deben estar bien. En la reunión, Murillo ofreció explicaciones del escenario económico del semestre, del que solo ha trascendido que “se garantizan aquellas actividades que posibilitan mantener la vitalidad del país, en particular las que generan ingresos y sustituyen im­portaciones”. Esta es la misma historia del siempre. Nunca hay margen para el crecimiento sostenible. Siempre las cifras de la economía castrista se mueven en el filo de una navaja de la escasez en la que se hacen malabarismos para “ahorrar, no gastar y reducir”, en vez de apostar por la libertad y el dinamismo de las fuerzas productivas de la economía, su expansión y crecimiento. La única receta que puede servir para que la economía castrista supere su atraso.

Esa obsesión compartida por el equipo dirigente del régimen de destacar la necesidad de eliminar “gastos innecesarios y aprovechar las reservas de ahorro y eficiencia que existen en la economía”, se viene repitiendo, en mayor o menor medida, desde los años 60 del siglo pasado, una doctrina comunista de viejo cuño, autárquica, cuartelera, basada en el racionamiento impuesto a la población provocado por la falta de una oferta en cantidad y calidad adecuada a las necesidades sociales e individuales.

Con los escasos datos que se han ofrecido, poco podemos apuntar al respecto. Solo se sabe que la mi­nistra de finanzas y precios, Lina Peraza, aprovechó el consejo de ministros para presentar la li­quidación del presupuesto del estado en el año 2015, que también será trasladada a los diputados de la Asamblea, sin precisar cuándo. El dato más alarmante ofrecido por la señora Peraza es el aumento, una vez más, del déficit del estado, uno de los desequilibrios estructurales de la economía castrista que la impiden crecer plenamente. El desajuste entre ingresos y gastos ascendió a 5.055 millones de pesos que representa el 6,1% del PIB, una cifra insostenible para una economía poco productiva como la castrista. Según la señora Pedraza Rodríguez, la actividad presupuestada que en el caso de Cuba representa más del 65% del PIB, “se comportó en el entorno de lo aprobado, concentrando el 54% de los gastos en los sectores de la educación, la salud pública y la asistencia social”, en tanto que las infraestructuras, de las que tan necesitada está la economía nacional, ni se habló. Mientras el gasto corriente siga disparado, provocado déficit, la economía seguirá mostrando su debilidad para crecer y satisfacer plenamente las necesidades de la población, y ya van así 57 años.

Como dato curioso, la ministra informó que se destinaron recursos para subsidiar acciones constructivas en las viviendas por 1.117 millones de pesos, de los que se ejecutaron 809 millones. Totalmente insuficiente. Con esta financiación se beneficiaron más de 16.469 personas, aunque quedaron re­cursos pendientes de distribuir al cierre del ejercicio, lo cual “denota que los órganos en provincias y municipios deben agilizar este proceso”. Es evidente que los procesos de gestión existentes en el sector presupuestado castrista no facilitan el dinamismo de la economía, incluso en un sector clave para el bienestar de la población, como es la vivienda, que se sigue moviendo a unos niveles muy bajos. Se hace necesario dar rienda suelta a la empresa privada en el sector de la construcción y dejarse de fórmulas alternativas.

El otro punto fuerte del consejo de ministros económico lo lanzó Gladys Bejerano, Contralora general del régimen, que centró su exposición en explicar el centenar de acciones de control al proceso de liquidación del pre­supuesto del estado del 2015 y a la elaboración del anteproyecto del 2016. La Contraloría funciona a pleno rendimiento para atacar “las limitaciones y deficiencias en el control de los recursos en unidades presupuestadas y entidades de base”. Una función que se complementa con la vigilancia atenta del “comportamiento de las indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de co­rrupción administrativa reportadas en el 2015”.

La Contraloría sigue castigando lo que denominan “hechos delictivos que ocurren en las organizaciones económicas” y confirma que las “acciones desarrolladas para disminuirlos no tienen aún todo el efecto deseado, pues prevalece en algunas administraciones un ambiente de descontrol e impunidad”. Para añadir que “estos se concentran en entidades de base y fundamentalmente en la subordinación local, con mayor incidencia en la actividad del comercio y la gastronomía y en el sector agroalimentario”, que son precisamente las actividades que han avanzado, en mayor medida, hacia la gestión privada.

Los hechos denunciados por la Contraloría van desde “la conducta asumida por parte de quienes se asocian para delinquir o faltar a la ética en beneficio propio y de terceros; los fallos en los sistemas de control interno; la inobservancia de los deberes funcionales; y el abuso en el ejercicio del cargo y en la utilización de facultades por parte de los directivos y funcionarios”, ni más ni menos.

Se tiene la impresión que la economía castrista, pese a estar bajo absoluto control del estado y no permitir el ejercicio jurídico de la propiedad privada, presenta numerosas deficiencias que están en el origen de su pésimo funcionamiento. La cuestión es que tal vez la vía elegida para corregir esos problemas, “desde la mejora de la calidad de los análisis sobre el comportamiento del presupuesto en los consejos de dirección y colectivos laborales, así elevar la exigencia sobre los compromisos de aportes, contribuciones y la disciplina en el cumplimiento de los convenios de pagos de la deuda tributaria” no parece que esté dando los frutos deseados.

La sensación de desconcierto que se trasmite, con este tipo de informaciones en los medios dependientes del régimen, no ayuda para mejorar la credibilidad externa de la economía, tan necesaria para atraer capital extranjero. Es todo un galimatía que se tiene que resolver de otro modo, propiciando las libertades económicas, el ejercicio de la propiedad privada y la gestión responsable, combinando con un papel del estado regulador, no intervencionista.

28 de junio de 2016

¿Para qué sirven las tarjetas de débito en Cuba?

Elías Amor Bravo, economista

En el régimen castrista, un acto tan sencillo y cotidiano para muchas personas, como sacar dinero del cajero en una entidad bancaria, tiene que ser autorizada por el gobierno. No lo digo yo. Es una información publicada en varios medios que se hacen eco de unas declaraciones de la vicepresidenta del Banco Central de Cuba, Irma Margarita Martínez, durante la primera Conferencia sobre Transferencias Monetarias Internacionales que se celebra estos días en La Habana.

En la Conferencia organizada por la International Money Transfer Compliance (IMTC) y el BCC reúne en la capital cubana hasta el próximo miércoles a unos 80 participantes, principalmente de EE.UU, y también de México, El Salvador, Panamá, Uruguay, Argentina, Brasil, Portugal, España, Inglaterra, Canadá, Polonia, se habló de estas cuestiones: el uso del dinero de plástico en la economía castrista. Algunos nos preguntamos después de ésto, ¿dónde está realmente el embargo?

Pero volvamos a lo que nos ocupa. Parece increíble, pero es cierto. En la economía castrista, el nivel de control que ejerce el estado sobre el comportamiento de los agentes es tan asfixiante que para que una red de cajeros automáticos pueda aceptar determinadas tarjetas para retirar efectivo, en este caso las Master Card, que se aceptan prácticamente en todo el mundo, el gobierno lo tiene que autorizar. Ya no es una cuestión que se trate de tarjetas de bancos con origen en Estados Unidos o Puerto Rico, lo que se trata es el enorme poder que tiene el gobierno castrista para decidir sobre la vida y obra de los ciudadanos, que no pueden utilizar libremente los servicios financieros, en este caso una tarjeta de crédito, si no existe previa autorización. Así es Cuba. Todo tiene que estar autorizado. Lo que antes podría ser un delito, como la tenencia personal de divisas (muchos cubanos conocieron la prisión y represión por ello) ahora no lo es. Los que gobiernan, sin embargo, siguen siendo los mismos que desde hace 57 años. Situaciones como ésta rara vez se observan en el mundo real.

La operatoria bancaria en el régimen castrista es muy deficiente. Son pocos los cubanos que registran transacciones de manera habitual en los bancos. Las prácticas modernas y eficientes que desplegaron en la Isla los bancos privados cubanos antes de 1959, fueron barridas con las confiscaciones y medidas “revolucionarias” del gobierno comunista. Los bancos pasaron a ser oficinas del estado, con escasos incentivos para ofrecer servicios a sus clientes. Consecuencia, 57 años después, pocos cubanos poseen cuentas en los bancos, operan con transferencias de sus bajos sueldos monetarios y mucho menos, pagan facturas con cargo al banco.

Ahora, de manera excepcional, el régimen declara estar en condiciones de autorizar el uso de las Master Card, una vez solucionados los aspectos financieros y legales pendientes y gracias al funcionamiento de las entidades cubanas encargadas del procesamiento de MasterCard y del proveedor externo que facilita el trámite de las operaciones. Además, de momento, la única entidad bancaria cubana que presta el servicio, solo lo realizará en La Habana, y anuncia su intención de ir ampliándolo a todo el país en el futuro, a la vez que señaló su disposición a “continuar ampliando las tarjetas emitidas por bancos de EE.UU. que así nos lo soliciten”.

Como siempre, la culpa de todo la tiene el vecino del norte, y cualquier ocasión es buena para culpar a EEUU de lo que ocurre. Las autoridades comunistas deben saber que el posible interés de la banca norteamericana, al igual que la española, francesa o alemana, por operar en Cuba, dependerá de las condiciones que imperen en la economía nacional y desde luego, ese intervencionismo patológico en las decisiones económicas, es un mal compañero para el funcionamiento de la banca. Conviene tener en cuenta que estudios recientes, como el realizado por The Havana Consulting Group, han venido a confirmar que las transferencias de divisas desde el exterior, básicamente de EE.UU. a Cuba se han disparado, alcanzando más de 3.000 millones de dólares, lo que guarda poca relación con esas presuntas restricciones provocadas por el llamado bloqueo económico, financiero y comercial.

De hecho, ya apareció el primer banco de EE.UU, el Stonegate, que mantiene relaciones comerciales con un banco estatal de Cuba (el Banco Internacional de Comercio, desde julio de 2015) que ha empezado a emitir tarjetas de débito Master Card para ser utilizadas en la isla. La entidad ha emitido desde comienzos de mes, cuando se anunció la puesta en marcha de la tarjeta, unas 500, que son utilizadas por cubanos que van a visitar a su familia a la isla, así como representantes de compañías que hacen negocios con Cuba.

La cuestión es que los clientes del Stonegate, acostumbrados a utilizar sus tarjetas con absoluta libertad y en cualquier lugar que lo deseen, se van a encontrar en Cuba con el problema de que fuera de La Habana no tendrán oportunidad de usar la tarjeta, y que en la capital el número de puntos de atención al cliente, cajeros, es muy limitado, lo que obligará a muchos a dar más vueltas de las deseadas para poder obtener el efectivo. Por otra parte, la banca electrónica en la Isla es prácticamente inexistente y los terminales de punto de venta para pago se encuentran fundamentalmente en el área del turismo estatal, dejando fuera a los negocios de los pequeños emprendedores que podrían beneficiarse de esta mayor flexibilidad en los pagos por parte de sus clientes. Un paisaje desolador, que no ofrece motivos para el optimismo, y al que habrá que prestar atención en los próximos meses.