18 de noviembre de 2014

Tendencias de futuro de la economía castrista: malos presagios

Elías Amor Bravo, economista

Cuando me preguntan por el futuro de la economía castrista, no puedo menos que cuestionar el modelo planteado en los llamados “Lineamientos”. Básicamente, porque los problemas de fondo, los que realmente son fundamentales para que los agentes económicos vuelvan a operar en condiciones normales, ni siquiera se plantean. No sirve. Pero hay más.

El crecimiento futuro de las economías, en general, ha sido analizado por Ravi Menon, primer ejecutivo de la Autoridad Monetaria de Singapur, el pasado 6 de noviembre en una conferencia que ha sido recogida por los observadores y analistas.

Esta conferencia se puede calificar como uno de los mejores resúmenes sobre la realidad económica mundial en la actualidad y las tendencias de fondo que debe hacer frente en el futuro. Un documento de apenas tres folios en el que se presenta de forma sencilla, pero correcta, cuáles son las fuerzas globales que condicionan las economías de los distintos países, incluida la castrista, que ha jugado tradicionalmente la baza del aislamiento, el bloqueo o el embargo, para marcar sus diferencias con el resto del mundo.

De acuerdo con Menon, son cuatro los factores a destacar:

Reducción del nivel de endeudamiento, tanto en los mercados desarrollados como en los emergentes. Cualquier retraso en el proceso hace que la deuda pública aplaste a la privada, y con ello las bases del crecimiento económico a largo plazo. En la economía castrista, con déficits estructurales y acumulación del endeudamiento, así como serias dudas sobre las cifras reales del mismo y su distribución entre tenedores, el proceso de ajuste de la deuda puede ir de mal en peor. La falta de financiación interna y la existencia de un sistema bancario de propiedad estatal terminan por cerrar un círculo vicioso difícil de romper.

Población. De acuerdo con Menon, “será el viento en contra que más frenará a la economía mundial en los próximos diez o veinte años”. Aquí Cuba ciertamente ofrece datos alarmantes, con un rápido envejecimiento para el que el régimen carece de políticas. Más bien todo lo contrario. Las expectativas de evolución de la población laboral futura indican que Cuba no lo va a pasar bien si no se corrigen las tendencias actuales.

Productividad. Otra de las asignaturas pendientes, y de la que tampoco cabe formular hipótesis favorables. Más bien, lo contrario. La apertura de oficios a actividades privadas de servicios, directamente ligadas con el consumo, y el mantenimiento de la empresa estatal en los sectores capital intensivos, no presagian un diseño adecuado de la estructura productiva. Los desniveles de productividad entre las economías van a condicionar las inversiones extranjeras, los movimientos de capital y la atracción de tecnologías.

Energía. También en este aspecto cotiza bajo el régimen. Si mañana se interrumpiese el suministro de crudo procedente de Venezuela, la posibilidad de acceder a los mercados mundiales quedaría seriamente comprometida. Los proyectos de perforación en zonas del golfo de México no han dado los resultados previstos. La apuesta por las renovables va para largo, y no conviene hacerse expectativas positivas.

Tomando en consideración estos cuatro factores, la conclusión que cabe extraer es que el crecimiento de la economía castrista en los próximos años puede llegar a ser inferior al de los anteriores. De hecho, ya lo está siendo. A pesar de la entrada en vigor de los llamados “Lineamientos” los ritmos de crecimiento del PIB se van revisando a la baja de año en año. 

Los cambios estructurales y del régimen jurídico de la propiedad parecen necesarios, pero no suficientes para revertir una tendencia cada vez más pesimista. Como consecuencia de ello, menos inversiones extranjeras, mayores dificultades de acceso a los mercados financieros, productividad más baja, estancamiento demográfico y altos niveles de endeudamiento, suponen dejar para las generaciones futuras la peor herencia posible.

12 de noviembre de 2014

Buscando la punta de la madeja: ¿la solución? El mercado

Elías Amor Bravo, economista

Cinco años de incumplimiento de la planificación. En estos términos se expresa un artículo en Granma en relación con la actividad del Grupo Empresarial de Comercio en la provincia de Camaguey, que no cumplirá tampoco este año su plan de circulación mercantil minorista, lo cual significa menos ofertas de bienes y servicios a la población de las programadas, lo que ha supuesto un déficit de más de 59 millones de pesos, en suma, un nuevo fracaso de la planificación.

Dicho de otro modo, de las 17 empresas minoristas que integran el sector, solo cuatro han cumplido los planes hasta septiembre, otras seis tienen alguna posibilidad de materializar sus propósitos, en tanto que las siete entidades restantes presentan los mayores imposibles de recuperar aunque se reduzca la deuda en los meses que restan.

Si la planificación es tan deficiente y sus resultados dejan mucho que desear, ¿por qué ese empeño ideológico en no soltar lastre y avanzar hacia la libertad económica y el mercado como instrumento de asignación de recursos? Planificación central y propiedad estatal de los medios de producción configuran el binomio sobre el que se asienta el descontrol y deficiente funcionamiento de la economía castrista. Empeñarse en arreglar este desconcierto es un error.

El artículo de Granma nos dice mucho más. Los responsables atribuyen el origen de los incumplimientos a problemas internos, y cito textualmente, “en la gestión cotidiana de las entidades han estado presentes errores humanos por falta de exigencia, control y disciplina (...)me refiero a lo que tenemos que hacer y no hacemos en el control de las ventas, en garantizar la presencia de productos liberados en toda la red minorista y en la búsqueda de alternativas oportunas, como extender el horario de las unidades, montar ferias o aplicar otras formas de gestión comercial (...) las fisuras que aún existen en los sistemas de control interno y dependen del actuar honesto de los trabajadores y los cuadros, como la introducción ilegal de mercancías y la retención de efectivo proveniente de las ventas”. Buen diagnóstico, pero desacertado.

Los problemas de la economía no están en el ámbito interno. Estos se pueden resolver fácilmente. El origen del caos está en el mercado, en la sociedad, en el comportamiento de los agentes económicos que desean tener libertad de elegir entre opciones alternativas y superar la pesada herencia de medio siglo de racionamiento y escasez.

¿Cómo si no dar explicación a lo que en el artículo se califica de “paternalismo”?

En el comercio minorista, no se puede ser “paternalistas y poco exigente” con los proveedores que no cumplen lo acordado, porque el perjudicado es el consumidor final. Los pactos funcionan y dan origen a relaciones estables y comprometidas, cuando las expectativas se cumplen y todos ganan. El comercio no es un juego de suma cero, en el que una parte gana y la otra pierde, sino que de la especialización surgen ventajas mutuas.

La relación de “entidades incumplidoras” es tan extensa y variopinta que cuesta situar dentro de unas coordenadas racionales el análisis de los problemas. Incumplen “la Empresa Mayorista de Productos Alimenticios (EMPA), que a estas alturas adeuda productos para la venta liberada, como chícharo, fideos y harina de trigo, mientras el Combinado Avícola Nacional (CAN) tiene un déficit con ese mercado de más de dos millones de huevos, suministradores como Suchel (detergente), Combell (calzado), Divep (puertas y ventanas), Escambray (tejas de asbesto cemento) y la textilera Celia Sánchez Manduley (textiles), que tienen compromisos no cumplidos con la Empresa Universal y esta, a su vez, con las entidades de comercio de la provincia”, un intrincado complejo de ineficacia de propiedad estatal y planificación central.

Los efectos de incumplir afectan a otros renglones de la economía, así por ejemplo la construcción de viviendas se frena por la ausencia de cemento o tejas, y eso a su vez incide de forma negativa en la concesión de nuevos subsidios a personas necesitadas, pues el 40 % de los ingresos por concepto de venta de materiales de construcción se destina a ese programa. Los que no pueden suministrar fideos a los comercios, a su vez se ven afectados por la falta de trigo como materia prima, que tiene su origen en los problemas del transporte interno, y así sucesivamente. La bola de nieve cae por la ladera y en su descenso crece y crece, arramblando con todo lo que se encuentra a su paso. Los planificadores, simplemente, quedan desbordados.

Este tipo de problemas no existe en las economías en las que una mano invisible dirige las acciones de los que ofertan y demandan bajo las señales que transmiten los precios en los mercados.

De veras. Aunque no lo crean, estos problemas no se resuelven con mas exigencia, control y disciplina, con maratónicas campañas de “esfuerzos mayúsculos” por parte de colectivos empeñados en conseguir los objetivos planificados. Nada es tan difícil cuando la oferta y demanda generan equilibrios simultáneos en millones de mercados de bienes y servicios en tiempo real. Hay que liberarse de los condicionantes ideológicos y admitir que incluso, en las economías socialistas, el mercado asigna los recursos mucho mejor que los planificadores, y existen amplios espacios para la propiedad privada empresarial, la obtención de dividendos y la acumulación. Estas recetas son las únicas que pueden hacer progresar a la economía de Cuba, como lo ha hecho Vietnam. No es cosa de milagros. Es básicamente la racionalidad económica.

Lo demás, es todo un cuento.

9 de noviembre de 2014

25 años del muro de Berlín de La Habana

Elías Amor Bravo, economista

Aquel 9 de noviembre no se olvidará fácilmente. El día que los ciudadanos de Alemania oriental decidieron con valentía romper las cadenas del muro que los había separado de la sociedad occidental desde 1961 acabó la guerra fría. Uno de los períodos más lamentables de la historia de la humanidad provocado por la desmedida ambición del sistema comunista soviético. Todo ello ha quedado atrás en la historia, y la democracia se ha abierto camino en toda Europa.

Sin embargo, al recordar estos hechos, no podemos, como cubanos, menos que pensar en cuán distinta habría sido la historia de Cuba si este medio siglo de libertades y democracia hubiera llegado a la Isla también.

Lo cierto es que el “muro de La Habana” no se vino abajo, y desde entonces, el régimen castrista ha atravesado diversas etapas en las que ha mostrado una extraordinaria habilidad para ganar tiempo, adaptándose a los cambios del entorno, sin que ello suponga la renuncia a los principios básicos que lo sustentan desde 1959: falta de libertades políticas y pluralismo, ausencia de derechos de propiedad y de mercado como instrumento de asignación de recursos.

Cualquiera que se detenga a estudiar con cierto detalle los acontecimientos de aquellos meses de 1989 descubrirá que, incluso en un momento especialmente complejo e inesperado como fue el derrumbe del muro, el régimen castrista fue capaz de afrontar la situación, permaneciendo como uno de los últimos baluartes de la guerra fría. Las decisiones adoptadas se basaron en un ejercicio de poder procedente de la cúpula directiva, y en ningún momento se tuvo en cuenta la opinión de la sociedad.

Poco antes, la situación política en Cuba era alarmante, y en los meses del verano, el general Ochoa, Tony de la Guardia, J.A. Martínez y A. Padrón eran fusilados por un pelotón bajo las órdenes del general José Luis Mesa Delgado, en tanto que el ex ministro Diocles Torralba era condenado a 20 años de prisión, tras la ratificación de condenas del Consejo de estado por el propio Raúl Castro. La atención mediática internacional se centró en Cuba.

Alarmado por las corrientes reformistas de la perestroika en el Este de Europa, Fidel Castro ordenó el regreso inmediato a la Isla de 10.000 estudiantes cubanos que se encontraban en distintos países del campo socialista, así como de otros 10.000 obreros que trabajaban en factorías de la URSS y del este de Europa. El régimen siempre ha tenido especial interés en este tipo de “venta de servicios personales” que ahora traslada a médicos y maestros. También, los contingentes del ejército castrista comenzaban una salida precipitada de Etiopía, poniendo fin a las campañas belicistas africanas.

Fue un momento convulso. Las armas de la represión política se lanzaron sobre la población con especial intensidad. El ministro de interior Abrantes era condenado en juicio sumarísimo a 20 años de prisión tras ser acusado de corrupción y el ex jefe de finanzas del ministerio de interior se suicidaba, o al menos eso era lo que informaban los medios. Era evidente que se pretendía ejercer otro control desde el poderoso Minint.

En ese ambiente social crítico, era detenido Elisardo Sánchez y condenado a dos años, y también el profesor Esteban González, que había fundado el Movimiento para la integración democrática, y que fue condenado sumarísimamente a otros siete años de cárcel.

La sensación de que algo podría producirse en la pétrea institucionalidad castrista empezó a tomar forma. Incluso, algunos interpretaron la visita a Cuba del ministro de exteriores ruso, Edward Schervadnadze durante los primeros días de octubre, como una huida adelante del régimen para intentar recuperar un marco de relaciones con el Este que ya se encontraba en vías de extinción.

No hubo que esperar mucho para conocer la reacción de Fidel Castro. En diciembre, en un acto organizado para recordar a los caídos en la guerra de Angola, lanzaba duras críticas a los países del Este de Europa y la URSS por el camino que habían seguido, trasladando señales nítidas de que el sistema castrista iba a permanecer inamovible. Pero los problemas económicos estaban ahí y tan solo dos días más tarde, la dirigencia del partido comunista era convocada a una reunión urgente para afrontar una crisis alimenticia sin precedentes que pondría contra las cuerdas al frágil sistema de racionamiento del régimen. 

El pánico se instaló en la cúpula dirigente cuando se pudieron ver las imágenes de indignación del pueblo rumano con el "conducator Ceauceascu", un viejo amigo de Fidel Castro, cuyo ajusticiamiento público hizo pensar en un final incruento del régimen castrista. Tan solo un día después, el diario Granma publicaba una declaración oficial de Fidel Castro en la que decía explícitamente “primero se hundirá la isla en el mar que consentir en arriar las banderas de la revolución y del socialismo”. Y cito, palabras textuales de Fidel Castro pronunciadas hace 25 años, mientras el muro de Berlín se destrozaba por las máquinas de obras públicas y Europa del Este iniciaba su evolución democrática.

La historia es bien conocida desde entonces. En un nuevo discurso el 28 de diciembre en la Universidad de La Habana, y con el control absoluto del poder y ejerciendo la máxima represión sobre la sociedad, Fidel Castro pronunciaba por primera vez unas palabras que atemorizaron a la sociedad cubana “el período especial en tiempos de paz”. Nadie supo mucho más, porque las explicaciones, como suele suceder casi siempre en Cuba, no se ofrecieron, pero los más viejos entendieron que en la Isla jamás se iban a producir los aires frescos de la Perestroika y que había que prepararse para tiempos, sin lugar a dudas, mucho peores.