15 de abril de 2014

El Mariel, las inversiones extranjeras y la unificación monetaria: a vueltas con el laberinto castrista

Elías Amor Bravo, economista

Alguien ha cometido un error de graves consecuencias.
¿Será acaso 1 a 10 el cambio de la unificación monetaria? Ya hay algunas pistas.

En la isla del doctor Castro, Fidel, cualquier cosa es posible con su hermano Castro, Raúl. O sea, más de lo mismo, pero elevado a la enésima potencia. Ya nos temíamos el peor de todos los escenarios posibles para la anunciada unificación monetaria, pero se acaba de confirmar la más grave de las previsiones.

Los medios se han hecho eco hoy de algunas informaciones que indican que los trabajadores de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, en principio donde se van a localizar las inversiones extranjeras de las que tanto alardea el régimen en los últimos días con toda la propaganda oficial, van a cobrar solamente el 80% de los salarios pactados entre la agencia empleadora estatal y las empresas extranjeras. El estado comisionista se lleva un 20% de la masa salarial. No ex extraño que hagan falsas moratorias fiscales. Ya se sabe de dónde van a sacar el dinero. Nunca es razonable empezar a construir una casa por el tejado. Tal vez si los proyectos de inversión que se establecen en El Mariel son capital intensivos, les puede salir el tiro por la culata. Pero esa es otra historia.

Sin embargo, existe otra noticia, complementaria a la anterior, que es más relevante. Se informa que los salarios en El Mariel serán pagados en moneda nacional y el Gobierno aplicará una tasa de cambio especial, de 10 pesos cubanos (CUP) por 1 peso convertible (CUC), cuando la tasa de cambio oficial es de 24 CUP por 1 CUC.

Vamos a ver si lo podemos comprender. Un camarero contratado en un hotel de La Habana de la cadena Meliá, a unos 40 kilómetros de El Mariel, por su trabajo percibe un sueldo de 20 CUC, equivalentes a 480 CUP al cambio antes mencionado. Sin embargo, ese mismo camarero si es recolocado en una cafetería de la Zona de El Mariel, va a cobrar igualmente 20 CUC, pero en pesos cubanos, su sueldo quedará en 200 CUP, por obra y gracia de la disposición de las autoridades antes mencionada.

¿Qué consecuencias cabe esperar de todo este lío? Pues muy sencillo, o en la Zona de El Mariel pagan más las empresas en CUC para igualar la retribución en CUP (lo que sería un coste más elevado que actúa negativamente sobre los beneficios de las empresas y una mayor recaudación para el estado por la masa salarial) o van a tener dificultades para encontrar trabajadores, ya que será mucho más interesante quedarse en La Habana o en Varadero y cobrar más, con menos sueldo, al cambio de 1 por 24. Ahora se comprende por qué han tenido que crear la agencia estatal para enviar trabajadores a El Mariel.

Ya nos temíamos el peor de los escenarios cuando la directora de la oficina reguladora de El Mariel, Ana Teresa Igarza, declaraba hace tan solo unos días que a la hora de pactar el salario, se iba a tener en cuenta “el valor de la fuerza de trabajo en la región, y específicamente en Cuba”. Esa frase no deja de ser una bobería si se tiene en cuenta que en Cuba desde 1959 no existe un mercado de trabajo que pueda fijar, siquiera de forma remota, el valor real del trabajo. Esta es una de las consecuencias más nefastas del sistema de planificación central sin derechos de propiedad creado por los Castro, y ahora, 55 años después, no hay forma de darle una solución razonable. Al parecer, esta disposición de rebajar el salario en CUP para los que ocupen los empleos de El Mariel, tiene poco que ver, a no ser que este cambio de 1 a 10 sea el que están barajando las autoridades para poner fin a la dualidad monetaria.

Y aquí es donde conviene detenerse si quiera unos instantes. Con el nivel de secretismo que se está realizando el proceso de unificación monetaria, las noticias como la que estamos comentando, trasladan señales que pueden crear efectos muy negativos en el comportamiento de los agentes económicos. Si finalmente fuera éste el cambio, 1 a 10, en vez de 1 a 24 que rige actualmente, es evidente que los tenedores de CUC van a experimentar una pérdida muy destacable en el valor de sus activos al cambiarlos a CUP, prácticamente la mitad.

De modo que si este tipo de noticias se van difundiendo por la Isla, no me extraña que cunda el pánico y que la gente saque rápidamente sus ahorros en CUC para cambiarlos cuanto antes. Un desplome en la cotización del CUC de estas magnitudes puede acarrear, sobre todo en los mercados negros, cambios incluso inferiores conforme el pánico de la gente vaya en aumento, y trate de cambiar todo el efectivo en CUC al cambio más alto posible que puedan obtener.

La conclusión que cabe extraer es que en un momento especialmente delicado como el actual, en el que la economía castrista tiene que resolver graves problemas internos y externos para afrontar el futuro, no deberían haber dicho este tipo de cosas. Siguen creyendo que en la economía se puede jugar con fuego, y eso solo reporta quemaduras dolorosas.



10 de abril de 2014

Dudas sobre la política de inversiones extranjeras en la economía castrista

Elías Amor Bravo, economista

Conforme se van conociendo más datos de la nueva Ley de la Inversión Extranjera castrista mas dudas aparecen, y desde luego, contradicciones difíciles de corregir.

¿Cómo, si no, interpretar lo que dicen los Funcionarios del MINCEX en un diálogo con Granma publicado el 9 de abril?, y cito textualmente, “La Ley no busca vender el país, regalar el patrimonio nacional o las tierras. Se trata de potenciar el crecimiento económico de la nación, respetando los principios socialistas y nuestras proyecciones en el proceso de actualización económica”.

Lo primero que se desprende de un enunciado como el anterior es un absoluto desconocimiento de lo que significa la inversión extranjera en la globalización, sus procedimientos, objetivos y fines. Tengo la impresión que las autoridades del régimen castrista continúan pensando en un tipo de inversión más propio de la época colonial que de los movimientos de capital   internacional en el siglo XXI. Así se entiende cuando hablan de “vender el país o regalar el patrimonio nacional o las tierras”. Un lenguaje, a todas luces, desafortunado.

Lo cierto es que cuando una multinacional de componentes de alta tecnología se instala en Costa Rica para fabricar piezas o una factoría de automóviles hace lo propio en España, dudo mucho que sus objetivos sean los que denuncian las autoridades castristas. La conclusión es que con ese tipo de prejuicios, los inversores extranjeros ya pueden saber con qué personajes se van a encontrar cuando empiecen a negociar sus proyectos en Cuba. No les arriendo ganancia.

Vaya por delante, además, que si los “principios socialistas” que se quieren respetar son los que representan Fidel Castro, o su hermano, Raúl, apaga y vámonos. Conocida es la experiencia catastrófica que para la economía cubana ha supuesto la imposición de esos “principios socialistas” durante medio siglo. La otrora economía productiva y competitiva de la República antes de 1959, convertida en un caos de ineficacia, baja productividad y falta absoluta de estímulos.

Y para concluir, la “actualización económica” de los Lineamientos, no se debe olvidar porque lo han dicho en repetidas ocasiones, no es más que la “actualización del socialismo”, el sistema que les ha llevado al caos. Insisten por tanto en la inviabilidad del modelo, y además, avisan. Por muchas precauciones contra posibles expropiaciones y demás, convendría ir con mucho cuidado a la hora de confiar el dinero a quienes confiscan y no pagan. Al menos así lo han hecho históricamente.

La realidad es que han desperdiciado una gran oportunidad para devolver a Cuba al mundo occidental, y situar a la economía en unas coordenadas de racionalidad capaces de atraer capital extranjero en condiciones adecuadas. Pero no han hecho los deberes. Ni siquiera se lo han planteado. El pulso de fuerza lo ha vuelto a ganar la ideología absurda que controla el país desde hace 55 años. En mi opinión, muy mal lo tiene Déborah Rivas Saavedra directora general de inversiones del MINCEX, si pretende ir por ese camino. Yo le recomiendo que lo deje cuanto antes. Puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Y entrando en materia, lo primero que viene a colación es que no existen tantas diferencias entre la nueva norma y la antigua de 1995. Es verdad que los “aspectos sectoriales no estaban contemplados en la anterior, al igual que un reglamento detallado que establece los procedimientos a seguir por los inversionistas desde que se conciben los proyectos hasta su término”, pero en contra de lo que se afirma, en absoluto el nuevo procedimiento contribuye a respaldar la forma jurídica.

Mientras que el sistema político, económico e institucional castrista, supedita las decisiones económicas a los criterios políticos, la confianza de un inversor extranjero en la Isla escapa de cualquier medición objetiva de riesgo calculado.

Un ejemplo del camino elegido, son las agencias empleadoras, que van a fijar quién y cómo va a poder trabajar en las empresas con capital extranjero que se inauguren al amparo de la Ley. Si la directora general cree que los inversionistas pueden tener un mejor servicio con estas agencias empleadoras, se equivoca, porque la base de cualquier proyecto de capital extranjero es contar con los recursos humanos más cualificados, y no depender de decisión burocrática alguna. Insisto, por ese camino, van mal.

El supuesto de que los inversores desconocen el país y que la agencia empleadora ofertará trabajadores idóneos, es una quimera, y basta darse una vuelta por cualquier país del mundo para comprobar que esos obstáculos no frenan la acción de los inversores extranjeros. Precisamente, lo contrario, el intervencionismo castrista, suele paralizar cualquier decisión emprendedora.

Menos preocupante es que no se deje invertir servicios médicos, educacionales y la defensa del país. No creo que Cuba posea atractivo alguno en los mismos para el capital extranjero, pero el régimen ha utilizado este eje como una propaganda más para anteponer una falsa defensa de los intereses del país. Y qué decir de la llamada “cartera de oportunidades” para los inversores extranjeros, en sectores como turismo, hidrocarburos, energías renovables. Una vez más un intento de dirigir a los inversores extranjeros que son los dueños del capital y por tanto tienen el derecho legítimo a destinar sus recursos a lo que quieren y cómo quieren.  De esto no parece que se hayan enterado. Bueno, no pasa nada. Otros 55 años sin recursos son mucho tiempo. Esperemos que antes, el retorno a la libertad y democracia, cambien ese panorama desolador del régimen castrista,

Esa obsesión por el control absoluto es lo que lleva a Rivas Saavedra a decir que “los proyectos de inversión serán analizados, caso por caso, por una Comisión de Evaluación de Negocios con Inversión Extranjera, integrada por un grupo importante de Organismos de la Administración Central del Estado y otras entidades”. Burocracia, intervencionismo y discrecionalidad. Ingredientes magníficos para que los inversores extranjeros huyan de la ratonera en la que pueden ser atrapados en la Isla.  

Otros aspectos merecen atención.

Por ejemplo, dicen que el  marco legal de las inversiones extranjeras es “transparente y brinda seguridad jurídica”. Falso, por lo expuesto anteriormente. Sostienen que en la Isla “existe un clima social y político estable”, impuesto por una dictadura totalitaria que limita y restringe el ejercicio de los derechos democráticos y las libertades que existen en los países de procedencia de las inversiones. También presentan como un activo “el alto nivel educacional y la preparación del capital humano” para luego interponer la agencia empleadora en la selección de los trabajadores, restando libertad a las empresas.

Por otro lado, dicen que los cubanos que viven fuera del país pueden invertir en Cuba, pero por otro se afirma que la capacidad para autorizar la seguirá teniendo el país apostando por proyectos que puedan ser de su interés. Discrecionalidad que dejará fuera a los cubanos exiliados que lógicamente no sean del agrado del régimen o formen parte de las listas negras de la seguridad del estado, atenta a todos estos movimientos por las consecuencias que se pueden derivar de los mismos.

En cuanto a la fijación de los salarios de los empleados que presten sus servicios y sus cuotas máximas? No parece que el asunto esté completamente cerrado, ya que remiten a la competencia del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Tan solo enunciados vagos “el salario estipulado en la región latinoamericana para cargos similares y el salario promedio en Cuba”, que servirán para establecer un coeficiente más compatible entre lo que paga el inversionista y lo que percibe el trabajador. La única diferencia con la Ley anterior es que ahora paga el inversor extranjero directamente al trabajador.


8 de abril de 2014

"Trabajadores" y el proceso de reducción de plantillas estatales

Elías Amor Bravo, economista

Ver para creer. El semanario oficial castrista “Trabajadores” ha criticado abiertamente la falta de "transparencia y justeza" en la reducción de plantillas estatales, a la vez que exigió a los sindicatos el cumplimiento de su papel como garantes de un proceso que empezó a desarrollarse hace tres años dentro del conjunto de las reformas conocidas como “Lineamientos”.

Una medida ciertamente controvertida, pero necesaria.

El gobierno castrista anunció la supresión progresiva de unos 500000 empleos estatales entre 2011 y 2015, dentro del marco de sus ajustes económicos para "actualizar" el modelo socialista de la isla. Como alternativa a esta medida se dispuso la ampliación del trabajo en actividades privadas que en la actualidad ocupa a poco más de 455.000 personas en las 201 actividades autorizadas por el  régimen para el  "cuentapropismo".

Conviene recordar que hasta el tercer trimestre del año 2013, todavía en la economía estatal trabajaban 4,9 millones de personas, lo que representa prácticamente el 94% del empleo total existente en el país. La reducción del aparato estatal y su orientación hacia las actividades privadas es un reto importante para un país que sigue empeñado en prohibir un marco jurídico privado de derechos de propiedad y el mercado como instrumento de asignación de recursos.

No es extraño que en amplios sectores de la población se hayan producido temores ante el riesgo e incertidumbre que supone perder el empleo en el ámbito estatal sin que las actividades privadas sean capaces de absorber los excedentes producidos.

Las autoridades deberían haber perseguido con más vigor y entusiasmo este proceso, absolutamente necesario para mejorar los niveles de productividad y eficacia de la economía. Pero la realidad bien cierta es que no lo han hecho. O tal vez no lo han querido hacer. Según datos ofrecidos en “Trabajadores” el pasado año se desarrollaron 39 procesos de reajuste laboral en 20 sectores de la economía y hasta el momento, el 52 % de los declarados "disponibles", desempleados en la terminología castrista, recibieron una ubicación definitiva en otra actividad. Resultados que se pueden calificar como mediocres, y que están en el origen del débil crecimiento registrado por la economía que, sistemáticamente, incumple las previsiones oficiales de año en año.

Volvamos al texto de “Trabajadores”. A nadie se le oculta que en Cuba cualquier publicación “oficial” tiene absolutamente prohibido escribir libremente sobre aquellas cuestiones que no pasen por los filtros de control del régimen totalitario. Si se acepta esta hipótesis, verificada hasta la saciedad por más de 55 años de dictadura y el record de agresiones a la prensa independiente que trata de sobrevivir en la Isla, la pregunta siguiente es ¿quién ordenó dicho artículo, y lo que es más importante, por qué? Responder a estas preguntas no es fácil.

En cualquier caso, tratar de reconducir el análisis nos lleva, de manera inflexible, al debate ciertamente cruento, que existe en la Isla, y nadie niega, entre los sectores inmovilistas obedientes a ciegas de las órdenes de Fidel Castro, y los que tratan de abrir espacios de modernidad en un sistema ineficiente e incapaz de resolver las necesidades de alimentación de la población.

La denunciada falta de "transparencia y justeza" en la reducción de plantillas estatales en Cuba no es una novedad. No conozco política alguna desarrollada en más de 55 años que haya sido sometida a un seguimiento, evaluación y control similar al que se realiza en los países democráticos. La cuestión entonces es ¿por qué debería haber ahora transparencia en la reducción del empleo estatal?

Tal vez porque se esté preparando el 1º de mayo. No conviene olvidar que esta fecha suele ser un instrumento de propaganda del régimen desde el comienzo de su existencia. Fue un 1º de mayo que Fidel Castro reafirmó el carácter socialista y comunista de una revolución que, poco antes, había sido “verde como las palmas”. Que el órgano de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC, sindicato único) censure la "falta de protagonismo" del movimiento sindical en un asunto de suma importancia para el trabajador no deja de ser una novedad en un sistema político e institucional acostumbrado a la falta de diálogo, a la ausencia de la negociación colectiva, o la participación de intereses ideológicos distintos a los representados por el partido comunista en la dirección política del país.

El texto de “Trabajadores” menciona "flagrantes violaciones" en las declaraciones de los trabajadores como "disponibles", el término acuñado por el castrismo para referirse a los despedidos, por errores administrativos, al tiempo que se cuestiona que “no estuvo presente la gestión sindical para combatir el mal proceder". De igual modo, “se critica la inasistencia de representantes de varios sindicatos nacionales a los despachos programados con funcionarios del ministerio del Trabajo para analizar la marcha de los procesos de reducción de plantillas para cada sector económico”.

Además, en el artículo se indica que se ha comprobado que en algunas entidades y organismos se ha producido "mayor cantidad" de despidos que los indicados por el ministerio de Economía y Planificación, y reclamó "el más estricto análisis" de esas situaciones para las que considera "vitales" la acción y presencia de los sindicatos.

De momento, “Trabajadores” revela la existencia de sensibilidades distintas en los ministerios de “trabajo” y “economía”, lo que suele ser habitual. Ponen el dedo en la llaga y aprietan puede causar mucho más daño que lo que un régimen como el castrista puede soportar. Las próximas horas o días nos van a servir como referencia.