30 de septiembre de 2014

¿Es posible medir la economía castrista a corto plazo?

Elías Amor Bravo, economista

Hace unos días, varios medios se han hecho eco de una noticia que merece atención. Al parecer, se anunció que "Cuba Estándar" iba a elaborar un indicador de coyuntura de la economía castrista “independiente”, en palabras del promotor de este trabajo, el profesor de la Universidad Pontificia Javeriana, y economista cubano, Pavel Vidal. Una iniciativa a la que se puede dar la bienvenida, ya que de poder llevarse a término, contar con un índice mensual de la dinámica de la economía castrista, aparece como un avance importante, si se tiene en cuenta el nivel y calidad de la información estadística de esa economía. Yo les deseo suerte.

No es fácil lidiar con los datos estadísticos en un régimen que ha convertido los asuntos relacionados con la economía en un frente de propaganda continua. Ahí queda el recuerdo de no hace muchos años cuando de pronto, organismos especializados de Naciones Unidas, como CEPAL, tuvieron que congelar por inaceptable aquella estimación del crecimiento del PIB castrista, ni más ni menos que “un 11%” cuando la realidad ni siquiera se aproximaba a menos de la mitad. El régimen explicó que en sus cálculos entraban las operaciones de los servicios médicos castristas valoradas a precios de mercado, digamos a los precios que se pagan en Miami o Nueva York, y se quedaron tan tranquilos. Tras una negociación no poco compleja, Naciones Unidas aceptó las estimaciones y han quedado para la posteridad.

Ahora, el Índice de Tendencia Económica de Cuba Standard, elaborado por un equipo de expertos dirigido por Pavel Vidal, con 28 variables que incluyen datos de exportaciones, importaciones y precios del níquel, azúcar, petróleo y alimentos, entre otros, aparece como un tipo de índice sintético que se suelen utilizar por los organismos especializados, cuando no existe una medición objetiva y absoluta de la dinámica del crecimiento económico, representada por el PIB.

Se trata de algo necesario para obtener estimaciones a corto plazo de la economía castrista, y en cierto modo, cuestionar las cifras oficiales que cada seis meses, más o menos, ofrece el régimen sin mucho fundamento, en esas largas y aburridas sesiones de los consejos de ministros ampliados. El Indice de Tendencia Económica, salvando dificultades, quiere servir para orientar decisiones con la información más conveniente para reducir el riesgo inherente a las mismas. Aunque me temo que, por ejemplo, los inversores internacionales van a prestar mucha más atención a la seguridad jurídica, que sigue siendo controvertida en la Isla, y si no que lo pregunten a los empresarios extranjeros que han tenido problemas con la seguridad del estado y los tribunales.

Demos, por tanto, la bienvenida al Indice, y sobre todo, reclamemos al régimen castrista más eficiencia en la producción de información estadística y menos manipulación. Con esto no estoy descalificando el trabajo de los profesionales de la estadística cubanos, que me consta realizan una magnífica labor con las limitaciones que se imponen a su trabajo, y ahí están las informaciones que divulga la ONEI que han ido adquiriendo cada vez más calidad y continuidad. A los que debe preocupar esa ausencia de datos oficiales es a los altos responsables de la economía, entre ellos, Marino Murillo, porque existe algo fundamental para una economía, la que sea, que es la credibilidad. Y eso no se consigue fácilmente ni engañando a la gente.


19 de septiembre de 2014

Más indicadores negativos de la economía castrista

Elías Amor Bravo, economista

Hace unos días, publiqué en este Blog una entrada en la que, con datos de la Oficina Nacional de Estadística de Cuba, ONE relativos a transporte de viajeros y mercancías, producción y consumo de energía eléctrica, y actividad turística, era fácil concluir que las medidas adoptadas bajo el epígrafe de los “Lineamientos” no sirven para que la economía levante el vuelo.

Ahora, la ONE, cumpliendo con sus funciones, ha vuelto a publicar sendos informes relativos a la industria manufacturera, las inversiones de la economía y el sector de la construcción que, en líneas generales, vuelven a confirmar las lúgubres perspectivas de la economía castrista en los seis primeros meses del año. Conforme se acerque el cierre del ejercicio, las autoridades no tendrán más remedio que volver a revisar a la baja la cifra planificada de crecimiento económico para 2014, y así, ya van tres años consecutivos.

Un informe sobre la evolución de la industria manufaturera en los primeros seis meses del año en curso titulado "Industria manufacturera en Cuba. Indicadores seleccionados, enero junio 2014", permite constatar que todas las ramas de la industria, excepto “alimentación, bebidas y tabaco”  presentan signos negativos, alguno de ellos, ciertamente abultados.

Destaca por su pésima ejecutoria la “fabricación de bienes de equipo” con un descenso del -57,7% respecto al año anterior. Una actividad que se ve afectada negativamente por el descenso en la producción de equipos de transporte, un –66,3% y la de maquinaria y otros bienes de equipo, con un –46,4%.

La producción de “bienes intermedios” cae un –7,1” en los primeros seis meses del año, viéndose afectada de forma muy significativa por la producción de materias de construcción, con un descenso del 8,5%. De igual modo, la fabricación de bienes de uso duradero, desciende de manera significativa, otro –29,1%.

Observando estos datos, no es extraño que los cubanos tengan que recurrir al aprovisionamiento en el exterior para atender sus necesidades básicas de aprovisionamiento de manufacturas. Las nuevas normas de la Aduana, limitado la entrada de bienes, van a generar efectos muy negativos sobre el consumo, con una tendencia alcista de los precios, ante el estado de postración de la industria nacional.

De igual modo, otro estudio relativo a las inversiones realizadas en la economía durante el primer semestre también ha sido publicado por ONE con el título, "Inversiones. Indicadores seleccionados, enero-junio 2014”. y se obtiene resultados similares si cabe peores.

Sabido es que uno de los rasgos mas críticos de la economía castrista es el bajo nivel que alcanzan las inversiones en relación con el PIB, un factor que limita la modernización de la economía y su capacidad de crecimiento a medio y largo plazo. El descenso de la inversión es de un –1,8% con respecto al mismo período del año anterior. Por grandes grupos, la fabricación de bienes de equipo, se desploma un –28,5% y los llamados “Fondos básicos” que integran los equipos tecnológicos, disminuyen un –5,4%. Tan solo la construcción y montaje con un aumento del 6,8% aparece como uno de los grupos más dinámicos en el capítulo de las inversiones.

De hecho, la construcción con un 49,3% aparece como la actividad con más crecimiento inversor, seguida de la explotación de minas y canteras con un 37% y por supuesto, de la administración pública, defensa y seguridad con un 31,7%, lo que indica que el estado sigue reservando para sí un peso relevante en la actividad inversora nacional.

Las ramas que presencian un mayor descenso de las inversiones, “intermediación financiera” un –72%, la industria azucarera, -50%, y el transporte y almacenamiento, -49,7% ponen de manifiesto el pésimo diseño institucional de la política económica en vigor, que reduce las necesarias inversiones en aquellos sectores que podrían estimular en mayor medida el dinamismo económico.

Estos datos relativos sector manufacturero e inversiones de la economía, se unen al relativo a la actividad en la construcción, titulado "Construcción en Cuba. Indicadores seleccionados enero-junio 2014" que en los seis primeros meses del año, confirma un descenso de la construcción de viviendas de un 5% con respecto al mismo período de 2013. Pero es que si la base de comparación se realiza con el año 2011, el descenso es aún mayor, -16,4%, confirmando que la economía castrista sigue mostrándose incapaz de mejorar el parque de viviendas que existe en el país y atender unas necesidades que son básicas para la población.

Los datos confirman que la construcción de viviendas por el estado, con un descenso del –25% en los seis primeros meses del año, se precipita al vacío, en tanto que la categoría de “esfuerzo propio” con un aumento del 12% es la que parece mostrar un mayor impulso para la regeneración del parque de viviendas deteriorado.

Una revisión de los distintos insumos empleados en el sector de la construcción, permite comprobar su descenso en los primeros seis meses del año, con caídas significativas en la producción de cemento, un –15,3%, de prefabricados de hormigón, otro. 1-7%, pero en el caso de techos metálicos, un –30% y en el de las tejas de arbesto cemento, hasta un –54,2%.

Todos estos datos, unidos a los referidos hace unos días en otra entrada de este Blog, confirman al deficiente funcionamiento sistémico de los “Lineamientos”. La razón hay que buscarla en cuanto que no alteran las bases institucionales de la economía castrista, a saber, centralismo burocrático, propiedad estatal de los medios de producción, ausencia de instituciones del mercado y de los precios en la asignación de los recursos, eliminación de incentivos. Sin una reforma institucional profunda,  la economía seguirá en el proceso de caída libre que muestran los indicadores coyunturales y con ella, el nivel de vida de los cubanos.

18 de septiembre de 2014

¿Por qué no crece el empleo asalariado en la economía castrista?

Elías Amor Bravo, economista

¿Inquieta al régimen castrista la baja contratación de trabajadores asalariados por los cuenta propistas? ¿Por qué, a pesar de que existen ya 471.085 trabajadores por cuenta propia con licencia, según datos oficiales, tan solo han contratado a 99.395 asalariados?

La ratio de empleados por empleador en cualquier economía se sitúa en una media de 1 a 5, desvelando con ello el predominio natural de las pequeñas y medianas empresas, en general. Si en Cuba se mantuviera esa ratio, el número de trabajadores contratados debería ascender, con la cifra de cuenta propistas que existe, a 2.355.465, casi ell 50% del empleo total que existe en la economía. Uno de los objetivos de los llamados "Lineamientos" es reducir el empleo estatal y favorecer el aumento de las actividades privadas. No parece que ésta sea la tónica que ofrecen los datos, tal y como va el ritmo de aumento del número de trabajadores contratados.

¿Qué ocurre en la economía castrista para que no se aproximen las cifras de contratación? Dar respuesta a esta pregunta obliga a examinar algunas cuestiones fundamentales.

Primero, la naturaleza de las actividades autorizadas por el régimen, básicamente en el sector servicios y en oficios que tienen una limitada capacidad de creación de puestos de trabajo, como son la elaboración y venta de alimentos y el transporte de cargas y de pasajeros. Incluso en aquellos como la restauración, donde existe potencial de crecimiento del empleo, las autoridades han fijado límites a la dimensión de las paladares (en número de mesas y de sillas, etc), para que no alcancen economías de escala. Sin aumento de las dimensiones de los pequeños negocios, por muy positiva que sea la pequeña y mediana empresa para la economía de un país, los bajos niveles de productividad alcanzados impedirán a los emprendedores contratar más gente. No hay más vuelta de hoja en esta cuestión.

Segundo, la limitada productividad del capital. Las restricciones financieras operan no sólo como consecuencia de un sistema bancario controlado por el estado, sino por las limitaciones para financiar el crecimiento de los pequeños negocios, lo que unido a una presión fiscal y de seguridad social elevada, hace inviable el coste de la contratación de más empleados. Se ha sabido que buena parte de la financiación existente detrás de muchos pequeños negocios en la economía castrista tiene su origen en las remesas procedentes del exterior. Sin capital productivo, una economía no puede crecer. La participación de la formación bruta de capital fijo en el PIB de la economía castrista, apenas un 9%, es de las más bajas del mundo y poco estimulante para el desarrollo emprendedor.

Tercero, por si lo expuesto no fuera suficiente, las normas del "Código de trabajo castrista", aprobado en el mes de diciembre pasado después de larga maduración, han mostrado que no sirven para mejorar el marco de las relaciones laborales en la economía de base estalinista que sigue operando en la Isla. Sin libertad ni pluralismo sindical, y siendo las organizaciones de pequeños emprendedores políticamente ausentes, no existe espacio para el desarrollo del diálogo social, que es clave para la evolución sostenible de la economía. El Código de trabajo, con sus burocráticas restricciones y exigencias de control por el aparato político del país, está siendo un obstáculo para el desarrollo de la contratación. Su desarrollo normativo debería tener en cuenta esta situación y apostar por una mayor flexibilidad que aporte oxígeno a la economía de base privada.

Además de los aspectos mencionados, los desmanes de los inspectores comunistas contra los trabajadores por cuenta propia provocan el sonrojo de los observadores, analistas y en general de cualquiera que siga con interés el proceso de nacimiento de los pequeños negocios en Cuba. Como ocurrió días atrás en Santiago de Cuba, cuando una ola de chequeos ocupó las primeras páginas de los medios, pese a la escasa relevancia de los problemas detectados, por otra parte, consustanciales al nacimiento de cualquier sector emprendedor y fácilmente subsanables sin necesidad de penalizaciones o castigos desmedidos..

En tales circunstancias, se confirma una vez más que las bases institucionales y jurídicas de la economía castrista tienen poco margen para dar oportunidad a la empresa privada a mejorar sus perspectivas de desarrollo. No es posible el desarrollo de la economía de mercado en Cuba sin un cambio de 180º en las bases de funcionamiento del sistema. Estas se resisten a abandonar las prioridades del centralismo burocrático, la planificación, la ausencia de derechos de propiedad y mercado,  la falta de estímulos e incentivos económicos, la óptica de la rentabilidad y del beneficio, manteniendo a los trabajadores por cuenta propia como un “mal menor” que se tiene que aceptar para que el conjunto del sistema no sucumba. Malos presagios. Las cosas ni van ni irán bien.