5 de mayo de 2015

¿Vuelve el hombre nuevo? Pero, ¿es que acaso alguna vez se fue?

Elías Amor Bravo, economista

Una de las principales características del régimen castrista, en sus 56 años de existencia, ha sido la confianza en el futuro. Cualquier discurso de Fidel Castro, en sus orígenes, situaba los efectos “benéficos” de la llamada revolución en el muy largo plazo, cuando los hombres se despojaran de sus influencias negativas, llegando a convertirse en el “hombre nuevo” a imagen y semejanza del Che.
Generaciones de cubanos han sido educados bajo principios tan absurdos como el que se acaba de enunciar, y todavía persiste esa visión que tiende a situar en el futuro el verdadero sentido de los acontecimientos de la vida. El largo plazo se acaba convirtiendo en la única opción para muchos cubanos. Algunos analistas destacan que esta ruptura del cortoplacismo en beneficio de proyectos que nunca se sabe bien cuando se van a lograr es uno de los factores que explica, entre otros, la longevidad del régimen.
No contentos con mantener este paradigma durante más de medio siglo, el régimen castrista, ahora bajo la batuta de Raúl Castro, se apresta a jugar una vez más las mismas cartas. Esto es lo que parece desprenderse de los objetivos de la llamada “actualización del modelo cubano”, una tarea en la que se ha empleado a fondo el régimen, y que se recoge en un artículo en el diario Granma.
Todo tiene su origen en un curso celebrado en La Habana sobre "Pros­pectiva Estratégica y Políticas Públicas en Amé­­­rica Latina y el Caribe", organizado por CEPAL. Uno de los primeros en intervenir, Jorge Máttar, director del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Pla­ni­ficación Económica y Social (ILPES/­CEPAL), vino a decir que “el desarrollo influyente y sostenible al que aspiran América Latina y el Caribe requiere de una visión de largo plazo, pues su logro implica cambios estructurales de envergadura capaces de alterar trayectorias concentradoras y desigualadoras que han permanecido por décadas”.
Casi nada. Una tesis que se ha visto reafirmada por las palabras de los que han intervenido posteriormente.
La cuestión que conviene preguntarse, en primer lugar, es si realmente en Cuba se han adoptado políticas públicas, entendiendo éstas como las acciones de los gobiernos en respuesta a las demandas sociales. Parece que no. La experiencia confirma que el régimen castrista ha hecho y deshecho lo que ha querido durante más de medio siglo, impulsando iniciativas ideológicas cuyo resultado es bien conocido. Una sociedad desmembrada, una economía postrada y el sueño para muchos cubanos con el extranjero, como válvula de escape para la represión y el control. Esto no tiene mucho que ver con el éxito de las políticas públicas, y mucho menos, con la necesaria prospección social para atinar en su diseño.  Además, inventarse “conflictos e incertidumbres globales para sumar personas a fin construir visiones de futuro posibles” no parece una tarea muy interesante para los responsables políticos.
Una segunda cuestión es si realmente hay que “modificar patrones de desarrollo que han permanecido por décadas” para impulsar un pretendido cambio estructural hacia la igualdad. Pero ¿es que acaso el régimen castrista no ha atinado en su objetivo de la igualdad? Los autores de esta tesis lo que hacen es tirar por la borda medio siglo de ortodoxia impuesta básicamente para alcanzar una sociedad igualitaria. ¿Dónde quedó ese objetivo? ¿Tiene sentido volver sobre unos pasos perdidos?
Finalmente, son pocos, por suerte, los que empiezan a pensar en la utilidad de la actualización del modelo económico cubano y su referencia al largo plazo. A veces los funcionarios del régimen no saben qué hacer para justificar a aventura “actualizadora”. Curiosamente, el director del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, Al­fredo Gar­cía, expresó "que en los últimos años América Latina y el Caribe han registrado la ejecución de ejercicios de visión de desarrollo de largo plazo, como el que realiza la Isla dentro de su planificación". Tremendo. A nadie en su sano juicio fuera de los límites geográficos de la Isla, se le ocurren ideas estrambóticas como entregar tierras en arrendamiento a largo plazo, o autorizar un número determinado de ocupaciones para el trabajo por cuenta propia, por citar algunos ejemplos de la “actualización”. Estas prácticas son despreciables.
Perdidos en su laberinto, los responsables de economía del régimen castrista, el viceministro de Economía y Planificación, René Her­nández, o el vicepresidente del Consejo de Ministros y titular del Ministerio de Eco­nomía y Pla­ni­fi­cación (MEP), Marino Mu­rillo Jor­ge, ya no saben qué hacer para justificar una política que, a la vista de los resultados de la economía, con uno de los crecimientos del PIB más bajos de América Latina, no está dando los resultados ansiados. 
La credibilidad de la economía castrista y la confianza en la misma, se sitúan en los niveles más bajos a nivel regional y así, lógicamente, se hace más difícil atraer capital extranjero. Lo realmente grave es que en su huida adelante, traten de simular con jornadas como ésta, que en otros países se cometen los mismos errores. Eso sí que está muy mal.


29 de abril de 2015

Los obstáculos a la inversión extranjera en la economía castrista

Elías Amor Bravo, economista

Flaco favor le ha hecho la responsable de CEPAL, Alicia Bárcena, a Raúl Castro elogiando su política de atracción de inversiones extranjeras. Por lo pronto, sus declaraciones durante una visita a La Habana para participar en el I Seminario Internacional Oportunidades y desafíos para el desarrollo de América Latina y Cuba, celebrado en el hotel Meliá Cohiba de La Habana, han despertado un interés mediático que posiblemente termine ejerciendo un efecto negativo sobre las aspiraciones del régimen. Me explico.

Parece ser que la señora Bárcena considera que es acertado que el régimen castrista haya seleccionado “los rubros importantes para el país” a la hora de autorizar la apertura a la inversión extranjera. ¿Acaso eso no es empezar la casa por el tejado? ¿Por qué no se informa más la dirigente de CEPAL y observa que esos rubros son estratégicos para el régimen pero muy poco para el pueblo cubano? Es más, ¿qué tipo de relación guardan con el resto de la economía esos rubros?, acaso realmente ¿tienen algún impacto sobre el empleo y pueden servir para mejorar las condiciones de vida de los cubanos, en general? La respuesta a estas preguntas tal vez exigiría un análisis más sosegado.

Precisamente, que el régimen haya formulado su principal apuesta con la Zona Especial de Desarrollo Mariel es un ejemplo de lo poco que le interesa que las inversiones extranjeras lleguen a toda la Isla, beneficiando al empleo y las condiciones de vida de los cubanos. Al cerrar el espacio inversor extranjero a la ZED, el régimen apuesta por el control máximo del capital foráneo, lo que previsiblemente tiene poco que ver con lo que señala la representante del CEPAL.

Otro aspecto que merece atención es la recomendación al régimen de que tenga en cuenta “la salud de la economía en la zona de las Antillas y Centroamérica”. Incomprensible. Si se presta atención a los vínculos históricos de la economía cubana con la zona geográfica en que se encuentra, se puede comprobar que son muy escasos. Nunca en la historia, ni siquiera en la época colonial, tuvo Cuba en esa zona a sus competidores en cuanto a la atracción de capitales extranjeros, tal y comose explicó durante las sesiones del Seminario Internacional Oportunidades celebrado en el hotel Meliá Cohiba de La Habana.

No existen evidencias de la competencia de Cuba con los países del Caribe. Y en general, cada vez que ha existido una coyuntura económica favorable en la zona, la economía castrista ha desaprovechado los estímulos externos, incapaz de generar recursos con su comercio exterior, dada la estructura obsoleta e improductiva de su tejido empresarial, dominado por un ejército de empresas estatales, poco interesadas en “turismo náutico o transporte marítimo, que son rubros susceptibles de explotarse dadas las condiciones naturales de la región”.

Cuanto mayor sea el número de inversores en la Zona Especial de Desarrollo Mariel mayor será la recaudación del régimen procedente del capital extranjero, y menor será el aprovechamiento para todos los cubanos de los efectos positivos de estos procesos. Si en vez de querer concentrar inversiones en la zona del puerto, se autorizase el establecimiento libre en todos los sectores del país, y con los cubanos que sean dueños de sus negocios, los resultados que cabría esperar del capital foráneo serían mucho más positivos, y sus efectos multiplicadores muy benéficos para el conjunto de la economía.

En numerosas ocasiones, he señalado que el inversor extranjero toma en cuenta una serie de indicadores a la hora de apostar por un determinado país. Algunos de esos indicadores ni siquiera fueron mencionados por la señora Bárcena en su visita a La Habana. Tal vez los olvidó, pero vale la pena recordarlos nuevamente: estabilidad institucional, seguridad jurídica, disponibilidad y costes de la energía, incentivos fiscales sostenibles, capacidad adquisitiva de la población, recursos humanos cualificados

Si se atiende a esta somera relación, Cuba cotiza alto en uno solo de ellos, desde el punto de vista internacional. En los otros, mucho me temo que la experiencia de los últimos 55 años deja fuera a la mayoría. ¿Quién se puede atrever a arriesgar su capital en esas condiciones? Muy poco se habló de ello durante el Seminario del Meliá Cohiba, pero es que de eso es de lo único que hay que hablar. En La Habana, esos temas, molestan.

21 de abril de 2015

La libertad de elección de los cubanos: una asignatura pendiente


Elías Amor Bravo, economista
 
Un ejemplo del absurdo en que se encuentra la economía castrista lo tenemos en Granma, hoy 21 de abril. Que el diario único de un régimen dedique la portada a informar de la “venta en condiciones preferenciales de 80 000 cocinas de inducción y sus menajes para los núcleos familiares atendidos por la asistencia social en todo el país y la posibilidad de comprar también la cocina eléctrica de resistencia mediante crédito bancario”, no deja de ser asombroso.

Al parecer, esta “operación económica” es el resultado de una de las disposiciones incluidas en los llamados Lineamientos, en la que se establece “estudiar la venta liberada de combustible doméstico y de otras tecnologías avanzadas de cocción, como opción adicional y a precios no subsidiados”. Al parecer ya lo han estudiado, y se han lanzado.

Detrás de esta actuación lo que se esconde es un notable atraso de los equipamientos domésticos cubanos, difícil de encontrar en otros países del mundo. Los cubanos siguen utilizando, de forma muy destacada, los aparatos y enseres que quedaron en funcionamiento en el país tras el triunfo de la llamada “revolución” y de la misma forma que los “almendrones” siguen recorriendo las calles de las ciudades gracias al ingenio de los cubanos, las cocinas, tostadoras, neveras, batidoras, y otros enseres, presentan un nivel de obsolescencia y de atraso, que no facilita ni las condiciones de vida, ni está a la altura de las necesidades.

Un pequeño paréntesis. Eso si. Los cubanos con remesas del exterior o que reciben a familiares, han podido acceder en las tiendas en divisas a los electrodomésticos y enseres que la mayoría de la población no tiene. Y de ese modo, con bombo y platillo se anuncia en Granma esta macrooperación, inédita en otros países del mundo.

Algo que es tan simple en Ecuador, República Dominicana o Costa Rica, como acudir a la tienda o supermercado de la esquina y comprar a contado o a crédito, cualquier electrodoméstico, en la economía economía castrista requiere la participación activa, como dice Granma, de nada más y nada menos que de dos directores de ministerios, de Planificación, Evaluación y Control de Petróleo y Gas del Ministerio de Energía y Minas (Minem) Dania Argudín Quesada, y de Petróleo y Gas, también del Minem, Raúl Pérez de Prado.

Imagino la pérdida de tiempo, esfuerzo e inteligencia de estos funcionarios, en operaciones que la gran distribución logística y una adecuada red de detallistas especializados, resuelven de manera eficiente, rápida y competitiva, en cualquier país del mundo. Es asombroso que en la economía castrista se regule hasta qué tipo de electrodomésticos se pueden vender, con autorización, “cocinas de inducción y su conjunto de menajes, que incluye una cacerola con tapa, una sartén, un jarro y una cafetera”, acompañados de su correspondiente precio y subsidio.

Es evidente que, desde 1959, por desgracia, los cubanos no han tenido libertad de elección. Ya lo hizo Fidel Castro en numerosas ocasiones como con las ollas arroceras. Ni siquiera en asuntos tan simples como el equipamiento doméstico los cubanos han sido libres para elegir. Que otros decidan por ti, en una economía, es normalmente un pozo de falta de eficiencia y de obediencia ideológica, que termina creando las condiciones anteriormente descritas en los hogares cubanos. El régimen nunca ha querido que los cubanos tengan libertad de elección, y 56 años después, se sigue resistiendo, poniendo todo tipo de dificultades para que el juego libre de la oferta y la demanda no llegue a producirse en la economía nacional, sin posibilidad alguna de superar estas medidas planificadoras e intervencionistas que acaban siempre dando pésimos resultados.

Esa obsesión por el control de lo que pueden tener o no los cubanos, de impedir su libertad de elección, es uno de los rasgos perversos del régimen, que se tendrá que dejar atrás cuanto antes, so pena de no poder aprovechar esos vientos de cambio que vienen del Norte. ¿O es que alguien cree de verdad que el embargo está fuera? A lo mejor hasta son capaces de organizar una “mesa redonda” en la televisión única para explicar en qué consiste esta macro operación intervencionista. Perdidos están. Sin duda.