19 de febrero de 2015

El turismo de salud en el régimen castrista: mucho hay que hacer

Elías Amor Bravo, economista

Se equivoca el diario estadounidense The New York Times cuando afirma en un reportaje que el turismo de salud de EEUU a Cuba tiene grandes perspectivas de desarrollo conforme se vayan desarrollando las relaciones entre los dos países. El error es creer que la sanidad castrista puede dar respuesta organizada y de calidad a un turismo exigente, como es el de salud. Mucho tienen que cambiar las cosas. En esta entrada vamos a sugerir algunos de esos cambios.

Para empezar, no se debe buscar el problema de la economía castrista en las leyes del bloqueo como hace el diario. Eso es no querer reconocer la realidad de una economía de base estalinista, controlada al 100% por un estado totalitario, que aspira a seguir controlando la vida económica y social de los cubanos por siempre jamás. Mientras esos postulados no se abandonen, poco, muy poco se puede hacer no sólo en turismo de salud sino en cualquier otro sector de la economía.

El turismo de salud es uno de los segmentos más importantes del mercado turístico mundial. Algunas estimaciones de la OIT apuntan a que será uno de los que experimente un crecimiento más intenso, movido por dos fuerzas de tendencia que son imparables: de un lado el proceso de envejecimiento de la población en las naciones más avanzadas que poseen un mayor poder adquisitivo y otorgan más relevancia al cuidado de la salud. De otro lado, no menos importante, la aparición de grandes corporaciones a nivel internacional que combinan la oferta turística de ocio y tiempo libre con la experiencia sanitaria de alto nivel y la concentración de la oferta en este tipo de servicios. Los analistas prevén que las grandes potencias turísticas, España, Francia, Estados Unidos, cuentan con ventajas a la hora de posicionarse con éxito en esta nueva oferta, pero no cabe duda que la segmentación internacional abre grandes oportunidades para países que quieran especializarse.

La sanidad de la economía castrista no está preparada para asumir estos retos, por mucho que se empeñe el The New York Times. Atrasada tecnológicamente, carente de recursos, postrada, con cada vez menos profesionales por su orientación a la venta de servicios médicos, definen un sector que ha provocado quejas de numerosos ciudadanos por la pérdida de calidad. Ni las autoridades saben qué hacer ni tampoco ha conseguido apostar por un modelo adecuado para el desarrollo del sector. Este año, después de un lustro intentando, han conseguido superar, por muy poco, el objetivo planificado de 3 millones de turistas. Una cifra que se antoja insuficiente si se compara con otros países del Caribe.

El turismo de salud en Cuba podría tener un gran futuro, con otro modelo económico y social. Cierto que la llamada "revolución" otorgó prioridad al desarrollo de los servicios médicos a partir de 1959 y que los profesionales de la isla han gozado de prestigio a nivel internacional. También es verdad que, dentro de los convenios comerciales que realiza el régimen castrista con otros países, cada año miles de personas viajan a la Isla a recibir tratamientos en Cuba, pero ello tiene muy poco que ver con el turismo de salud. Casos aislados como los que se mencionan en el reportaje del diario, como el empresario ca­nadiense David McBain, son excepciones que no pueden servir para afirmar que el futuro del turismo de salud es espectacular.

Contando con unos profesionales cualificados, en Cuba hay mucho que hacer antes de que los ciudadanos de Estados Unidos decidan acudir a la Isla a recuperarse de sus dolencias mientras practican el turismo. Lo más probable es que sigan viajando a Canadá, el Reino Unido, Israel, Singapur y Costa Rica, que han alcanzado un reconocimiento y tienen una clara ventaja con respecto a la Isla.

Lo primero que se tiene que hacer en Cuba es liberalizar el mercado sanitario, de modo que la empresa privada competitiva se convierta en el eje principal de las actividades a desarrollar en el sector. No se trata, como en la hostelería, que el régimen alquile a las multinacionales establecimientos para que los gestionen. La atención médica requiere inversiones cuantiosas en equipamientos y tecnología que las precarias arcas del régimen castrista no pueden asumir. Retirar la abrumadora presencia del Estado del sector es una tarea primordial.¿Lo harán las autoridades?

Ello debe ir acompañado de una libre autorización para el ejercicio de la profesión médica para los cubanos. No deben tener limitación alguna a establecerse por cuenta propia o para, si lo desean, ofrecer sus servicios al público en general, o aceptar contratos libres y no intervenidos por el estado, con las empresas privadas que aspiren a instalarse en la isla.

Estos dos pasos no los menciona el diario The New York Times, pero es evidente que si no se liberalizan las fuerzas productivas del sector, difícilmente puede llegar a ningún sitio. No es una cuestión de licencias, permisos o autorizaciones para viajar. Es un cambio estructural en la organización de la economía que, en las condiciones actuales, no podrá suministrar esos servicios de salud a unos niveles de calidad similares a los exigidos por la demanda internacional.

En tercer lugar, el precio. El turismo de salud no es una cuestión de competencia vía precios, sino de una clara apuesta por la calidad. No creo que el sector privado empresarial tenga especial interés por apostar por un turismo de salud estilo maquila de bajo coste en Cuba, donde las operaciones de cataratas o de cirugía estética o los tratamientos de fisio, alcancen unos precios muy bajos con respecto a los de otros países. Esa política es negativa para los profesionales, las empresas y a la larga termina siendo contraproducente. Cuando se trata de la salud y la vida humana, escatimar con costes y precios, no suele ser buena estrategia.

Por último, el régimen no es capaz en sus condiciones actuales, de permitir la instalación en el país de los grandes consorcios empresariales que están detrás del turismo de salud, y que combinan empresas especializadas en hotelería, con la integración vertical de grandes corporaciones médicas, tecnológicas, compañías de seguros y fondos de pensiones. No conviene olvidar que este sector mueve niveles de facturación realmente elevados que además irán en crecimiento. En sus condiciones actuales, el sistema bancario castrista, por ejemplo, es incapaz de dar cobertura a las necesidades de este formidable sector.

La normalización de las relaciones entre Estados Unidos y el régimen castrista es un túnel oscuro, al menos de momento, en el que no se ve luz alguna al final. No es falta de optimismo, es simplemente constatar la complejidad de un proceso en el que una de las partes ha dado realmente muestras de buena voluntad, pero la otra, al menos hasta el momento, no ha movido ficha. Y parece que así va a seguir.

18 de febrero de 2015

A vueltas con la Contraloría y su papel en la economía

Elías Amor Bravo, economista

Cada vez que la Contralora general castrista, Gladys Bejerano Portela, se dirige a los auditores para pedirles que "perfeccionen el dominio de sus funciones para hacer cumplir la legalidad" no puedo menos que sentir cierta lástima por el esfuerzo que se desperdicia con todo este teatro que, en absoluto, sirve para mejorar el modelo económico castrista.

En una economía completamente intervenida por el Estado, en la que los medios de producción son de propiedad estatal y en la que las reglas de asignación de recursos del mercado están proscritas, o relegadas a un conjunto de oficios “autorizados”, ¿quién controla a quién? 

Se supone que el verdadero sentido de las funciones fiscalizadoras se dirige a la actividad privada, con el ánimo de presentar cuentas claras y respaldadas por informes que garanticen a los agentes económicos la calidad de sus transacciones. En Cuba, la Contraloría se entretiene con el entramado estatal de empresas, detectando, según ella, “las deficiencias”, y dando asesoramiento a los cuadros de dirección, máximos responsables de los recursos que gestionan.

La Contraloría se hace un lío para poder justificar su actividad en la economía castrista. Su presentación en Ciego de Ávila sobre esta materia está llena de ejemplos de por qué la economía diseñada por Fidel, el Ché y heredada por Raúl Castro, simplemente, no puede ir a ningún sitio. Por ejemplo, qué sentido tiene vincular las funciones de control al plan anual de las acciones de cada empresa, sobre todo cuando los interlocutores responden, todos absolutamente todos, al único y mismo propietario: el Estado. De qué sirve que el control colabore con el director de la entidad (siguen sin utilizar el término empresa) y el auditor interno para cumplir las normas impuestas por el único que tiene poder económico real: el Estado.

En las economías modernas de mercado, la propiedad suele estar separada de la gestión. De ahí que el control aparece como una prueba de que las informaciones son las más adecuadas para interpretar la realidad de las empresas. Antes de 1959, los cubanos fueron grandes profesionales de la auditoría y el control de gestión, que en el exilio trasladaron sus técnicas a países como España, que se encontraban a años luz de los avances registrados en Cuba justo en aquellos años. La transformación del sistema económico condujo a un caos en la medición de la actividad de las empresas que se intentó corregir con el llamado perfeccionamiento empresarial de Murillo, y los recientes Lineamientos. Pero de verdad, ¿alguien cree que eso puede servir para algo?

Las funciones auditoras en Cuba no sirven. Simplemente porque el sistema económico que tratan de controlar tampoco funciona. Que expliquen, por ejemplo, qué hacen con la doble contabilidad de las empresas en CUC y CUP, que está generando distorsiones no sólo en las cuentas de las empresas sino también en las pésimas estadísticas macroeconómicas. Más burocracia y control para introducir normas que frenan el dinamismo de las empresas. Por un lado se insiste en la necesidad de que las organizaciones funcionen con mas autonomía, pero por otro, se mantiene una presión que impide orientar las actividades hacia la lógica de la sostenibilidad y rentabilidad.

La Contraloría debe preocuparse por cuestiones de gran calado. Por ejemplo, si los inversores extranjeros se interesan en la participación en alguna empresa castrista querrán conocer la realidad de las cuentas. ¿Será capaz este órgano de cumplir esta misión? Perdida en la maraña burocrática, que alimenta el funcionamiento de las organizaciones en la economía castrista, no vamos a poder esperar mucho de la Contraloría. Tan solo estas apariciones periódicas que nos producen lástima, sobre todo cuando desde la máxima autoridad de este organismo se dicen cosas tan absurdas como que, y cito textualmente el artículo de Granma, “el auditor deba tener olfato e intercambiar con los trabajadores y directivos de la entidad objeto del chequeo, en busca de las evidencias necesarias para realizar un trabajo más acabado”. Es que acaso esas evidencias no están en las cuentas, y no son estas las que deben reflejar realmente la realidad de la actividad mercantil.

La lucha contra la corrupción no se debe plantear con un “ ambiente control férreo” , porque eso inmoviliza por temor a la actuación de los agentes, sino con más transparencia y libertad. Los problemas no detectados a los que hace referencia la Contraloría, podrían salir a la superficie si se estableciese un marco claro y responsable de derechos de propiedad que fijase las posiciones de cada uno de los agentes implicados en el funcionamiento de la economía. Bordeando el modelo no se va a ningún sitio. La Contraloría en sus condiciones actuales, simplemente no sirve.

12 de febrero de 2015

Lo que no debe hacer el Presidente Obama (y II)

Elías Amor Bravo, economista


En un artículo anterior en este blog cuestioné la visión compartida por dos funcionarias del Minrex Ariadna Cornelio y Gretter Alfonso en un trabajo publicado en Gramma en el que ofrecen consejos al Presidente Obama sobre cómo “puentear” el embargo, que es una competencia del Congreso de los Estados Unidos.

En ese sentido, valoramos las expectativas creadas a partir del 17 de diciembre del 2014, cuando el Presidente de Es­tados Unidos anunció una serie de medidas para modificar la aplicación de determinadas regulaciones del bloqueo. Expectativas solo. La realidad es que el pueblo cubano sigue como siempre, tratando de “resolver” para llegar a fin de mes con uno de los salarios nominales más bajos del mundo, y los niveles de represión de cualquier actividad política se mantienen. Más tarde, cuando el 15 de enero del 2015, los Departamentos de Tesoro y Comercio publicaron las regulaciones administrativas para implementar las medidas anunciadas por el Presidente Obama se volvió a hablar de lo mismo, si bien las condiciones de vida del pueblo cubano ni han cambiado, ni cambiarán.

Entrando con más detalle en el artículo publicado en Gramma, las autoras sugieren algunas ideas.

Por ejemplo, en relación con los viajes, plantean que el Presidente permita servicios de ferry entre Estados Unidos y Cuba. ¿Por qué ferry y no aviones? Es evidente que han estimado una demanda potencial que no se corresponde con la realidad del mercado. En la sociedad moderna, el avión ha sustituido a cualquier otro tipo de transporte, y los ferry no harían otra cosa que limitar la salida de aquellas ciudades en las que se estableciera el servicio. No parece muy razonable, si se pretende estimular el turismo.

Igualmente, proponen eliminar el límite al valor de los productos que pueden ser importados desde Cuba por los viajeros estadounidenses que visitan nuestro país, para uso personal o como regalos. La pregunta es ¿para qué? ¿Es que acaso existen en Cuba artículos de tanto valor cuya compra justifique poder aumentar el poder de compra? Los turistas suelen comprar artículos de recuerdo, muchas veces de bajo precio. ¿Es que acaso se está pensando en algún tipo de comercialización ajena al gasto turístico habitual? Este es otro asunto que plantea no pocas dudas, tal y como ha sido formulado.

Otra de las propuestas, que se autorice a los aviones cubanos volar a Estados Unidos y que presten el servicio de transporte de viajeros entre los dos países no parece muy razonable si se piensa que los precios no son competitivos y que la oferta potencial está muy limitado, siendo mucho más interesante, si lo que se quiere son precios bajos, autorizar compañías competitivas e incluso servicios de vuelo por encargo.

En materia de comercio, proponen que se permita que Cuba importe desde terceros países productos que contengan más de un 10 % de componentes norteamericanos. Esta es una cuestión que plantea el problema de la trazabilidad del destino de esos productos,y la desconfianza hacia la utilización que pueda hacer de esos productos el régimen castrista a fines distintos de los previstos. No sería la primera vez. Las propuestas relativas a la autorización de las exportaciones a Cuba de otros productos estadounidenses y el permiso a las importaciones en EE.UU. de servicios o productos cubanos, incluyendo aquellos manufacturados en terceros países que contienen materias primas cu­banas como níquel o azúcar, dependerá realmente de las capacidades potenciales de recursos entre los dos países.

En relación a los servicios de salud no cabe duda que es un sector que tiene grandes perspectivas de desarrollo. El turismo de salud es uno de los segmentos de mercado más importantes conforme envejece la población. Para que los ciudadanos de EE.UU puedan recibir tratamientos médicos en Cuba, que se permita la exportación de medicinas y equipos médicos que puedan utilizarse en la producción de productos biotecnológicos cubanos, que se autoricen las ventas de materias primas que Cuba necesita para producir medicamentos para la población cubana y para otros países en desa­rrollo, y se autorice la comercialización en Estados Unidos de productos de la biotecnología cubana, como el Heberprot- P y el Nimotuzumab, anticuerpo monoclonal para tratar el cáncer de cabeza y cuello avanzados, hace falta que en Cuba, igualmente, se den los pasos necesarios para avanzar en la consolidación de estas actividades.

Y no parece que el régimen quiera asumir su parte del trato. ¿Qué es lo que se tiene que hacer? Libertad de empresa para los cubanos, capacidad para crear clínicas médicas como empresas privadas que oferten los servicios y que puedan establecer acuerdos y convenios con las empresas sanitarias y de seguros de Estados Unidos y del resto del mundo. ¿No pretenderá el régimen, a estas alturas de la historia, que las grandes compañías internacionales del sector médico y biotecnológico, tengan que hacer negocios con empresas estatales del partido único o monopolios cuyo único objetivo es la extracción de rentas? Libertad de empresa, ejercicio libre de profesión y de mercado en la sanidad, y no habrá inconveniente para que se alcancen estos objetivos.

En el ámbito del sector bancario y financiero, se proponen algunas modificaciones en varias regulaciones. Se pretende autorizar el uso del dólar estadounidense en las transacciones internacionales de Cuba, algo que lleva funcionando en la potente y consolidada economía informal cubana desde el período especial. Que se permita que las transacciones se realicen a través del sistema bancario de Estados Unidos cuando provengan de operaciones cubanas con terceros países y que se suspenda lo que califican de “política de persecución financiera contra la Isla”. También se propone la autorización a entidades cubanas (bancos, empresas, etc.) para abrir cuentas en bancos de Estados Unidos e instruir a los representantes de Estados Unidos en las instituciones financieras internacionales que no bloqueen el otorgamiento de créditos u otras facilidades financieras a Cuba.

Este tipo de medidas tropieza, una vez más, con la situación de la banca en Cuba, un sector de propiedad estatal, que actúa con prácticas y modelos de gestión que en nada se corresponden con los que existen en el resto del mundo. Ni la gente opera con cheques, ni se cobra por transferencia, ni mucho menos existen cajeros y tarjetas de crédito. Es una operatoria bancaria más propia de mediados del siglo pasado.

Además, no existe libertad de empresa en el sistema financiero cubano, ni otras formas alternativas a las estatales, a pesar de la autorización a las cooperativas a operar. Los cambios que se proponen deben llevar una contraparte en la liberalización y consolidación de un sistema bancario privado, en el que los bancos privados cubanos puedan negociar y establecer convenios con otros internacionales para fomentar el know how y la transferencia de tecnología. Trasladar las medidas antes expuestas al actual sistema bancario en Cuba sería un desastre.

Parafraseando a las autoras de este artículo, “el proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Cuba pasa necesariamente por el levantamiento del bloqueo que mantiene el régimen castrista con la economía y el pueblo cubano. Ese embargo o bloqueo del poder comunista constituye el mayor obstáculo para el despliegue de relaciones económicas, comerciales y financieras de Cuba con Estados Unidos y con cualquier otro país del mundo. Hasta en tanto ese bloqueo del régimen no desaparezca, lo que supone un giro de 180º en el actual sistema económico, seguirá existiendo un freno para el desarrollo de todas las potencialidades de la economía cubana”.