16 de julio de 2014

Pero, ¿de verdad es tan necesario el Mariel?

Elías Amor Bravo, economista

Una pregunta que siempre tendrá alternativas afirmativas y negativas. Yo me decanto por las segundas. Me propongo explicar por qué.

¿Es un proyecto cubano? O por el contrario, ¿es un proyecto brasilero?

Conviene recordar que los 600 millones de dólares que han servido para organizar el espacio de 45 kilómetros cuadrados al oeste de La Habana han venido principalmente de Brasil. Que las labores de planificación y desarrollo urbanístico la ha realizado Odebrecht, una empresa brasilera, y que tras la inauguración de las obras por Dilma Roussef y Raúl Castro, se volvió a solicitar otra ayuda de un importe similar a Brasil. Quedan pocas dudas del origen del proyecto, aunque la titularidad de la propiedad, como toda Cuba, es del régimen.

Si ello es así, El Mariel responde básicamente a las necesidades de Brasil, que declara que quiere aumentar el comercio con Cuba hasta convertirse en el primer socio del régimen castrista, pero eso es un enunciado más político que económico. Lo tiene complicado. Entre 2006 y 2013, las exportaciones a Brasil apenas alcanzaron un 2,1% de las destinadas a América Latina. En cuanto a las importaciones, fueron algo más elevadas, alcanzando un 8,2% de las procedentes de la región, pero conviene recordar que esta cifra fue prácticamente la misma que se comercializó con Estados Unidos. Asombroso ciertamente. Mucho recorrido tiene por delante el comercio de Brasil con el régimen castrista si quiere alcanzar cifras como las de Venezuela o Canadá, que son los principales socios de la región y no se embarcan en este tipo de proyectos. En todo caso, el Mariel poco podrá ayudar.

Y acaso, el Mariel ¿responde a las necesidades reales de los cubanos? Vamos a ver. La Zona especial de desarrollo que se plantea en su entorno pretende especializarse en alta tecnología, productos biotecnológicos, farmacéuticos, agroindustriales. ¿Realmente esto es lo que necesitan los cubanos? ¿No sería mejor pensar en bienes de consumo, como alimentos, vestido, calzado o, en su caso, equipamientos para las viviendas, a la vista del pésimo estado del patrimonio habitacional? ¿A quién se le ocurrió que esos deberían ser los sectores a promover en la ZED? ¿Tal vez a la empresa de gestión procedente de Singapur, PSA Internacional, que es cierto que regenta otras diez zonas similares a nivel internacional, pero tal vez le ha faltado una cierta sensibilidad con el pueblo cubano?

Si, claro, alguien podría afirmar con todo derecho que los 1.000 empleos que se van a crear en la zona serán un potente estímulo para los cubanos. De acuerdo, pero ¿sabe alguien qué retribuciones van a tener, cuáles serán las condiciones contractuales, y lo que es peor, ¿quién podrá acceder a los empleos ofrecidos y gestionados por la agencia empleadora del régimen que ya se sabe a quién beneficiará en los procesos de selección  y por qué?

También alguien podrá pensar que esta actuación del Mariel sirve para que Cuba vuelva a situarse en la zona de comercio de América Latina, de la que nunca debió despegarse tras la aventura soviética y el distanciamiento geopolítico con Estados Unidos. Otro error. En la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías en la que ya nos encontramos desde hace años, entrar a formar parte de una determinada zona no requiere infraestructuras de esta naturaleza cuyo coste desborda cualquier planteamiento de rentabilidad. Y el que no crea, que se lo pregunte a los chinos.

Ahora parece que los rusos, tras la visita de Putin y la condonación de la deuda con la extinta URSS, se van a quedar con proyectos energéticos en la zona del Mariel. Parece que se olvidaron de la electricidad y alguien tiene que encender la luz. Realmente sorprendente. Más aun cuando Murillo declara que la inversión rusa para la energía no será suficiente.

Enterrar 1.200 millones de dólares en una actuación faraónica, que no se sabe muy bien qué objetivos tiene y para que va a servir, parece una aventura arriesgada más, de las que han jalonado la existencia durante más de 50 años del régimen castrista.No es difícil identificar centenares de alternativas mucho más positivas para destinar ese volumen de dinero. En un sistema democrático, la gestión pública está sometida al escrutinio de los electores que toman decisiones respecto de sus gobernantes, a partir de este tipo de actuaciones ruinosas, que pueden hipotecar para muchos siglos las débiles arcas de la economía. En Cuba, lamentablemente eso no es posible.

Al final, el régimen castrista es experto en borrar la historia. Tal vez ese haya sido el objetivo. Pero lo tienen difícil con google. Cuando se busca “El Mariel” en google, lo que aparece, en las primeras referencias, no es el megapuerto o la zona especial de desarrollo, sino el éxodo masivo de los años 80 provocado tras los incidentes de la embajada de Perú. Mucho les va a costar cambiar el rastro de la verdad en las nuevas tecnologías. Tal vez no lo consigan nunca. Está bien.

5 de julio de 2014

La condonación de la deuda de la extinta URSS;: mucho ruido y pocas nueces

Elías Amor Bravo, economista

La condonación de la deuda de la extinta URSS al régimen castrista no es una noticia nueva. De hecho, los Castro no reconocieron esa deuda tras la caída del muro de Berlín, y a pesar de los reclamos nunca pagaron un solo centavo de principal o intereses.

Al parecer, ahora se quiere presentar como un éxito y la propaganda castrista, siempre hábil a la hora de desinformar, quiere utilizar la inesperada visita de Vladimir Putin a la Isla, como un mensaje a Estados Unidos, en un claro intento de volver a una tensión más propia de los tiempos ya olvidados de la “guerra fría” que de los actuales.

Para empezar, que un acreedor condone la deuda de un deudor es un acto de su legítima voluntad, contra el que poco más se puede decir. Si además, Putin ha conseguido que la Duma rusa asuma que no va a recuperar los más de 30.000 millones de dólares de deuda de los Castro, la responsabilidad será de quiénes detraen esos recursos legítimos que pertenecen al pueblo ruso.

La historia de la caída del llamado “socialismo real” ha provocado experiencias similares. Si los soviéticos financiaban graciosamente al régimen comunista de La Habana prestando en condiciones muy ventajosas y otorgando subvenciones a fondo perdido, era evidente que el cambio político en la URSS hacía ese modelo, insostenible.

El llamado “período especial” que supuso para la economía castrista perder más del 40% de su PIB y tardar casi década y media en recuperar los niveles anteriores, tuvo mucho que ver con ese cambio en las condiciones financieras entre la URSS y Cuba. Antiguos aliados comunistas decidían romper sus relaciones, y Cuba, a cambio, se negó rotundamente a aceptar cualquier devolución de una deuda consolidada que, además, con la desaparición de la URSS se convertía en un anacronismo histórico ya que estaba incluso nominada en antiguos rublos.

Ahora, 20 años después, Putin viaja a La Habana para decirle a los Castro que no se preocupen, que la deuda, ha sido cancelada. La letra pequeña de los pactos se desconoce. Y dudo mucho que vaya a trascender porque la transparencia no es una asignatura que caracterice a la economía castrista. El régimen de La Habana ha dejado de tener interés para los rusos desde hace décadas. Sin embargo, este tipo de acuerdos a la larga tienen algún sentido, ya que en caso contrario las cosas se dejan estar como están. Me ha llamado la atención los 3.500 millones de dólares que han quedado fuera de la condonación y que Cuba deberá pagar. Conviene recordar que esa cifra representa alrededor del 20% del PIB. Una magnitud alarmante.

No se va a producir ninguna consecuencia económica significativa. De hecho, como ya he señalado, el régimen de La Habana no ha reconocido, y por tanto satisfecho, ni un solo céntimo de esa deuda. Ello no quiere decir que no se vayan a producir otros efectos.

Cuando un deudor se siente libre de la pesada carga financiera, lo más habitual es que quiera volver a endeudarse. El régimen castrista, que padece históricamente graves desequilibrios internos y externos, necesita financiación. Y la volverá a solicitar. En el Club de París donde se concentra una parte destacada de la deuda externa del régimen son poco favorables a condonaciones, pero alguien puede pensar que ahora la economía castrista tiene más capacidad de endeudamiento.

Falso. Una economía improductiva, de baja eficiencia, con agujero fiscal interno y desequilibrio en las cuentas externas, que además crece cada vez menos su PIB, no parece un buen cliente para nadie. Las agencias de calificación no tienen un indicador para aplicar a una economía con los niveles de la castrista. No habrá más remedio que recurrir a los inversores en “bonos basura”, especuladores profesionales, que son los únicos que se pueden interesar en alguien como los Castro. La otra alternativa es obligar a los bancos que operan en el país, tanto a los estatales dependientes del régimen, como a los extranjeros, a comprar ese paquete de bonos ridículos que anunciaron hace unos días, por 1.000 millones de dólares al 2,5% en 20 años. Tampoco es muy aconsejable esta medida.

Al final, las condiciones para acceder a los préstamos son siempre las mismas: solvencia y capacidad financiera. Y la economía castrista desde hace décadas cotiza muy bajo en esos dos indicadores. El hecho de que toda la propiedad se encuentre en manos del estado, y no de los particulares, impide someter a precios de mercado el valor de los activos, que suelen ser utilizados como garantía en cualquier operación de crédito. A nivel internacional, empresas del conglomerado militar y de la seguridad del estado que operan con sus productos y/ o servicios, consiguen la financiación que precisan sin grandes problemas. La dificultad es que el estado castrista consiga los fondos que necesita para funcionar.


Alguien podrá pensar que Putin ha abierto la caja de los truenos. No es así. Mucho ruido castrista, pocas nueces.

3 de julio de 2014

¿Emisión de bonos soberanos? Otra amenaza a la economía

Elías Amor Bravo, economista

El Ministerio castrista de Finanzas y Precios en la comisión de asuntos económicos del Parlamento, informó que la Isla financiará su déficit fiscal de 2013 y 2014 con la emisión de bonos soberanos, que serán adquiridos por bancos comerciales del país.

Cambio importante el que se anuncia, y no exento de riesgos. Hasta épocas recientes, los abultados déficits públicos de la economía castrista se financiaban con la emisión de papel moneda, una política que ha generado no pocas tensiones en el comportamiento de los precios. Parece que este mecanismo ha llegado a su fin, y que algo debe tener en relación con la previsible unificación monetaria. En cualquier caso, es una buena noticia que se ponga fin a este procedimiento que, por otra parte, tiene efectos negativos sobre la actividad productiva.

Los bonos que se anuncian para su comercialización, por importe de 800 millones de pesos (con la equivalencia de CUP con dólar al cambio oficial) serán pagaderos a 20 años, con una amortización cuya tasa de interés será del 2,5%.

El régimen castrista lleva realizando ensayos y experimentos desde 2006. Ahora toca examinar nuevas alternativas y formas de ejecutar financiación al déficit del presupuesto del Estado.

Varias preguntas surgen de forma inmediata.

¿Por qué el déficit? No se supone que estamos ante una economía planificada centralmente en la que toda la propiedad de los activos es del estado. En tales condiciones, el desajuste entre los ingresos y los gastos obedece a factores estructurales cuya corrección parece cuando menos complicada. ¿Creen las autoridades del régimen que los compradores de bonos soberanos no se van a preguntar por esta cuestión?

La situación de los mercados financieros internacionales, en la que las agencias de calificación someten a un escrutinio continuado a los gobiernos a fin de garantizar que las inversiones estén aseguradas, no es la mejor. Lo primero que no van a comprender es el cambio de CUP equivalente a un dólar. Eso puede funcionar con las estadísticas “oficiales” pero no entra en las coordenadas de quiénes están atentos al comportamiento de los riesgos. Lanzarse a comercializar bonos, desde una posición como la que tiene la economía castrista, en la que falta transparencia y rigor, es como tratar de atraer inversiones extranjeras con la Ley 118: una pérdida de tiempo. Los fondos de inversión, que compran deuda soberana, tienen ante sí un espectro tan amplio de opciones para colocar sus inversiones, que difícilmente pensarán en la economía castrista como un destino adecuado para hacerlo.

Pero además, hay que saber que para acudir a los mercados internacionales de financiación, a vender bonos soberanos, los gobiernos antes tienen que cumplir con las obligaciones adquiridas.  ¿Es que el régimen castrista cree que va a poder vender un solo bono en los mercados financieros sin cumplir con lo que debe al Club de París? Mientras que esa deuda no se ponga al día y se cumpla con lo acordado, cualquier política de venta de títulos está condenada al fracaso o a recurrir a otros inversores institucionales menos favorables a otorgar concesiones o aplazamientos.

En tales condiciones, ¿dónde va a colocar el régimen los 800 millones de pesos o de dólares para financiar su desbordante déficit? ¿En el mercado financiero interno? Ni más ni menos. Si los bancos que funcionan en la Isla no estuvieran intervenidos por el estado ¿invertirían en estos "bonos soberanos castristas? Suponiendo que fueran eficientes, actuarían con las mismas dudas que los financieros internacionales. Posiblemente no.

Pero es que al colocar los bonos en los bancos, el régimen una vez más, crea problemas, porque si se apropia de la escasa financiación que existe en el controlado y estatalizado sistema bancario de la Isla, entonces, cabe preguntarse qué fondos van a quedar para estimular la actividad económica privada, en línea con los objetivos de los “Lineamientos”. Cualquier estimación de capacidad financiera del sistema bancario deja pocas dudas sobre los límites del ahorro interno existente en la Isla y la eventual colocación de una emisión de esas características.

El objetivo fiscal del régimen debería ser controlar el déficit y tratar de que no se produjese. Llevan años reduciendo gastos que han supuesto una considerable merma de los salarios reales de la población, pero el problema fundamental es el “continuo incumplimiento del plan de ingresos como el impuesto de circulación mercantil de bienes”. Ellos mismos lo reconocen. Los ingresos caen porque la economía crece cada vez menos. Y ese menor crecimiento económico viene provocado porque los llamados “Lineamientos” no están dando los resultados previstos, ni los darán. En tales condiciones, la solución adoptada es “seguir reduciendo los gastos corrientes totales por dejar de adquirir recursos que necesita el país en algún sector o la esfera social”.

Si la economía castrista se desacelera, en mayor medida de lo esperado, ingresará menos. La posibilidad de financiar un déficit cada vez mayor, también será menor porque un crecimiento débil no genera recursos económicos para el sistema bancario. Atrapada en un círculo vicioso de ineficacia e improductividad, de descontrol de los equilibrios interno y externo, la economía castrista necesita cambios de 180º que la lleven hacia los derechos de propiedad y el mercado como instrumento de asignación de recursos. El estado, como instrumento de gestión económica, ha llegado a su fin, y está pidiendo su reemplazo por la actividad privada y el cambio de modelo económico.

Mientras sigan culpando los problemas que tienen “a no lograr los ingresos externos previstos, a condiciones climatológicas adversas e insuficiencias internas que continúan afectando al sistema empresarial cubano, además de los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos”, no serán capaces de dar solución efectiva a los mismos. Los cubanos terminarán pagando un alto precio. Y lo malo es que el tiempo se acaba.