18 de diciembre de 2014

Una teoría económica del neocastrismo ya está en marcha

Elías Amor Bravo, economista

Estados Unidos y Cuba han abierto la puerta del diálogo. Este es un titular mayoritario en los medios de comunicación de todo el mundo. La noticia, que ha aparecido por sorpresa ha estado gestionándose en los últimos meses y en concreto, los titulares recientes del NYT parecían aventurar un cambio de escenario en cualquier momento. Bueno. Ya está. ¿Y ahora qué?

El desarrollo económico y social de los pueblos puede servir para el avance de la democracia y la libertad. Alvin Toffler apostó por esta idea en sus megatrends, al afirmar que el liberalismo acabaría por ser la ideología dominante en ese mundo futuro que él ha descrito de forma acertada. El auge de las comunicaciones, de las redes sociales, internet, puede servir para abrir espacios para el desarrollo de las libertades. Más dinero en forma de remesas, más posibilidades de intercambios en las dos direcciones, más viajeros, más facilidades de movimientos, van a ser un poderoso estímulo para la economía que alumbra un escenario difícil de intuir.

La realidad es que, como ya he señalado en varias ocasiones, bloqueo o embargo ha sido una coartada política que ha funcionado muy bien para justificar los fracasos internos del régimen castrista y su aventura hacia el estalinismo en la gestión de los asuntos económicos. A partir de ahora, ese argumento puede perderse para siempre, ya se verá como evoluciona el país y su economía. Las expectativas son, sin duda, muy elevadas. Las realizaciones no se sabe. En todo caso, dos no llegan a un acuerdo cuando una de las partes no quiere. De nada sirve que Estados Unidos lance un programa de liberalización económica hacia Cuba, si el régimen no hace los deberes para permitir que ese efecto benéfico se traslade a la sociedad.

La realidad es que el castrismo se desmantela. Ha entrado en profundas contradicciones. Surgen, empleando la terminología de Kuhn, anomalías por todas partes que el paradigma dominante sobre todo en materia de asuntos económicos, es incapaz de explicar. En líneas generales, eso debería suponer un cambio de paradigma, pero la realidad es que los Castro continúan en el poder, en Cuba su voluntad es autoritaria, los actos de repudio contra los disidentes pacíficos siguen como al principio, y nada parece estar abriendo espacios al pluralismo, la libertad y los derechos humanos.

Entonces, cabe percibir una sutil transformación de los resortes del poder para conservar parte de las estructuras políticas en un futuro no lejano, cuando desaparezca la generación de la revolución. Todo el mundo asume que en vida de esa gerontocracia reaccionaria comunista no será posible el cambio. No será posible la necesaria transformación social. Tan solo especular, jugar dentro de espacios muy cortos y dar apoyo a mandatos que cada día están más alejados de la realidad. Ni más ni menos que lo que se observa en la Asamblea Nacional donde se apoya todo lo que el gobierno presenta, sin apenas discusión. La dependencia absoluta del Estado (que controla más del 90% del empleo existente en la economía) hace muy difícil actuar con independencia y objetividad. Hay muchos que piensan que los cubanos se creen su revolución. Falso. Desde hace décadas, mucha gente se ha apeado de la guagua y no piensa subir más.

Con estas medidas anunciadas hoy, algunos creen que se abre una etapa de desarrollismo, como la que llegó a España en 1959 con el plan de estabilización franquista y los de desarrollo posteriores. La realidad es que aquel régimen llegó a su final con la muerte física del dictador, aunque siempre se pensaba que todo "estaba atado y bien atado". El desarrollo cambió la fisonomía de la sociedad española que, sin libertades, se modernizó y amplió las capas medias como nunca antes en la historia, preparándola para los cambios.

En Cuba, la situación es distinta. Hay mucho que hacer. La distancia económica con respecto a otros países de su zona geográfica es descomunal, y los indicadores objetivos, pese a los problemas estadísticos conocidos, reflejan un atraso y una incompetencia general, derivada del modelo basado en la ausencia de derechos de propiedad y la intervención estatal en la economía.

Tal vez Castro debería aprovechar el momento histórico para eliminar estos dos elementos que lastran la economía y la sociedad, pero él sabe que ello le supondría perder parcelas de poder y de control. Devoilver a los cubanos la propiedad y crear un marco jurídico estable sería un buen medio de hacer que la economía funcione. Apartar el estado de la planificación, control e intervención mejor aún. Esa debe ser la contraparte que no está clara. Una "teoría económica del neocastrismo" se empieza a escribir a toda prisa. 

Siempre soñé que el día que Estados Unidos abriese espacios de relaciones con el régimen castrista sería porque previamente se habrían convocado elecciones democráticas y libres en la Isla, con un planteamiento de reforma en profundidad hacia la libertad, los derechos humanos y el pluralismo político. Ahora ese sueño no se ha producido. Pero se abre un nuevo escenario, y hay que seguir en la brecha como tres generaciones de cubanos, que también soñaron con la libertad, pero que ya no están con nosotros, habrían querido.

16 de diciembre de 2014

Nace una nueva “casta revolucionaria”.

Elías Amor Bravo, economista

Ahora que se ha puesto de moda el término “casta” para referirse a los colectivos privilegiados, no deja de ser curioso que el régimen castrista siente las bases para el nacimiento de un colectivo de trabajadores que van a disfrutar de unas condiciones laborales y salariales distintas de la mayoría de la población laboral existente en la Isla. Eso sí, pagando más impuestos y más seguridad social, y lo peor de todo es que estarán absolutamente controlados por las agencias empleadoras, el brazo largo del régimen sobre la inversión extranjera.

En Granma se ofrece cumplida información del funcionamiento ciertamente abigarrado de este nuevo modelo de relaciones laborales que abre un espacio en la pétrea estructura socioeconómica del castrismo. A partir de hoy entran en vigor las disposiciones sobre el pago a los trabajadores vinculados con la inversión extranjera que han sido publicadas en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 53.

Se trata de tres resoluciones de los ministerios de trabajo y seguridad social, economía y planificación, y finanzas y precios, que establecen un nuevo modelo relativo al pago a los trabajadores vinculados a empresas con capital extranjero, su contribución a la Seguridad Social, y las funciones de las entidades empleadoras.

De forma muy destacada, a partir de la entrada en vigor de las resoluciones, los trabajadores que presten sus servicios en las empresas vinculadas a la inversión extranjera observarán cómo la formación de sus salarios deja de ser el resultado de las decisiones centralizadas, a partir de las escalas salariales aprobadas en el país, como viene siendo habitual en el régimen.

Por el contrario, el salario pasará a establecerse por las empresas de capital extranjero, “teniendo en cuenta los salarios que se abonan a cargos de similar complejidad en entidades de la misma rama o sector del área geográfica de Cuba, la escala salarial que se aplica en el país (a modo de referencia) y algunos pagos adicionales que por ley correspondan”. Una cuestión ciertamente importante, si se tienen en cuenta las notables diferencias salariales que se observan, sin ir más lejos, entre los países del Caribe.

Además, el pago de los salarios a los trabajadores se realizará en pesos cubanos (CUP) pero las negociaciones entre la entidad empleadora y la empresa con capital extranjero para acordar la base de los salarios serán en pesos convertibles (CUC). Nada que ver con el cambio que circula actualmente por la Isla, de 24 a 1. La resolución nº 42 establece en 2 por 1 el tipo de cambio para el pago de dichos salarios; o sea, que cada peso convertible equivaldrá a dos pesos cubanos. Adiós a la posibilidad de ganar 24.000 CUP por un camarero en un hotel con participación extranjera. Por otra parte, a las retribuciones convenidas entre la entidad empleadora y la empresa, se descuenta un 9,09 % para el pago de sus vacaciones.

Como novedad se anuncia que idéntico tipo de cambio se aplicará en las contrataciones realizadas por las empresas mixtas que sean autorizadas a contratar su fuerza de trabajo, como la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, ETECSA, y Aguas de La Habana. La proximidad de la unificación monetaria en Cuba debe estar preocupando ciertamente a los tenedores de CUC, comprados a razón de 24 a 1, si finalmente este tipo “oficial” de 2 a 1 quedase como el definitivo. Tiempo habrá para prestar atención a esta cuestión.

Los trabajadores de la nueva “casta” que presten sus servicios en las empresas extranjeras deberán ser reclutados, y controlados, por las entidades empleadoras creadas por la Ley. Pero además, estas entidades son bastante caras y sus precios, fijados por el régimen, ciertamente están fuera del mercado. La Resolución No. 920 del ministerio de economía y planificación establece que estas entidades empleadoras recibirán por los servicios prestados un valor que no excede el 20 % del salario de cada cargo. Esa cantidad tiene como finalidad cubrir los gastos de la gestión de estas entidades para garantizar el suministro de la fuerza de trabajo calificada, lo cual implica su captación, formación y desarrollo, así como un margen de utilidad”. Ya se verá que eficiencia muestran en sus funciones. Tengo la impresión que el régimen está apostando por la creación de nuevas burocracias orientadas al capital extranjero.

Pero no conformes con ésto, junto al coste de sus servicios, las entidades empleadoras del régimen castrista cobrarán a las empresas de inversión extranjera los importes correspondientes a la contribución para la seguridad social a la que están obligadas, sobre la base de lo pactado en CUC por concepto de salario a los trabajadores. De ese modo, las empleadoras, con la nueva normativa, ya no se limitan a cobrar y aportar al presupuesto del Estado, sino también pagar los salarios a partir de lo pactado entre ella y la empresa de capital extranjero, “seleccionar, y preparar a los trabajadores, así como garantizar sus derechos, de acuerdo con la legislación laboral vigente en Cuba”. En cierto modo, la “casta” de trabajadores privilegiados se creará a partir de la actuación de estas agencias empleadoras detrás de las que el régimen tenderá sus lazos.

Y para ello, nada mejor que recaudar más. La Resolución No. 535 del ministerio de finanzas y precios señala que aquellos trabajadores contratados a través de las entidades empleadoras que obtengan salarios mensuales superiores a los 200 CUP realizarán una contribución especial a la seguridad social, con un tipo impositivo aplicado que oscilará entre el 1 y el 5 %.

Un último punto. Ciertamente una amenaza para el débil presupuesto del estado. Las entidades empleadoras se encargan del pago de la contribución a la seguridad social al mismo tiempo que se pagan los salarios, aplicándose como una retención del porcentaje correspondiente. Para ello, precisan el apoyo del Presupuesto del Estado, tanto para financiar los salarios como las obligaciones que tienen con el Presupuesto las empresas empleadoras.

De ese modo, el Presupuesto respalda con una financiación específica las demandas que realizarán las empleadoras a través de los organismos a los que están vinculadas, para poder hacer frente a estos incrementos de salario. Todos los importes han sido considerados en el Anteproyecto de Presupuesto que se discutirá en la Asamblea Nacional para el año 2015. Una nueva fuente de desequilibrio presupuestario a la vista.

12 de diciembre de 2014

Los riesgos de la inversión extranjera en Cuba

Elías Amor Bravo, economista

Hasta junio del 2014 en Cuba, según datos ofrecidos por la subdirectora general de inversión extranjera, Ivonne Vertiz, hay un total de 208 negocios con participación de capital extranjero. De esas empresas, tan solo 9 todo su capital es extranjero. El turismo es el sector con más participación de inversión foránea, con un 42 % del total de los negocios existentes. A continuación se encuentra el sector de energía y minería, con un 13 % del total. Desde el punto de vista internacional, las principales inversiones extranjeras proceden de España, Canadá, Italia, Venezuela, Francia y Reino Unido.Un balance de resultados que ciertamente dejan mucho que desear.

En una entrevista en Granma la subdirectora general de inversión extranjera, ha informado lo que ya sabíamos. Hasta la fecha, "se ha recibido intereses dirigidos a los sectores de la minería, explotación de hidrocarburos, generación eléctrica, administración de centrales, campos de golf y hoteles, entre otras". Más de lo mismo. El objetivo del régimen con la Ley de inversión extranjera, “de propiciar un ambiente favorable para la inversión de capital foráneo en Cuba en aras del desarrollo económico-social del país” no parece haber dado los frutos esperados. Los entrecomillados corresponden a frases de la subdirectora en el artículo.

Y eso que el régimen lanzó a bombo y platillo la Feria Internacional de La Habana, para dar a conocer la llamada cartera de oportunidades, una especie de “piñata” en la que se indican los intereses de negocios a desarrollar e información sobre las políticas sectoriales aprobadas por el gobierno de la Isla.

Ya tuve ocasión de explicar en otro trabajo lo que pienso de esta cartera de oportunidades castrista. No me voy a extender mucho más. Para atraer la inversión extranjera en un mundo globalizado y competitivo, se necesita mucho más que “proyectos respaldados por estudios de pre-factibilidad técnico-económica”.

Tal vez por ello, apenas se han presentado intereses para invertir en las prioridades anunciadas por el régimen, a saber, “producción e industrialización de alimentos, desarrollo de producciones industriales para exportar y sustituir importaciones en las ramas de la ligera, la química, la metalmecánica y la electrónica” y lo único que ha aparecido sea más de lo mismo.

El objetivo de diversificar la apuesta de la inversión extranjera en la economía castrista ya se puede calificar de fracaso. A pesar de la “cartera” los inversores se han dirigido a lo mismo de siempre: turismo, energía y minería. De poco sirve que el Mariel se venda a precio de saldo si no hay nada que exportar, porque la producción nacional apenas abastece las necesidades de la población, y las importaciones están limitadas por una permanente insuficiencia de recursos financieros.

El balance de las inversiones extranjeras suspende. Ni siquiera la apuesta del régimen por las llamadas “asociaciones económicas in­ternacionales” ha dado los frutos esperados. Es falso pensar que este tipo de negocios depende solo de la existencia de un “régimen fiscal especial”. Si lo que se pretende realmente es promover la satisfacción de las necesidades del pueblo cubano, hay que procurar la creación y consolidación de un mercado interno fuerte y sostenible, lo que resulta improbable con salarios medios de 12 dólares al mes.

De ese modo, el régimen ha visto con satisfacción que las inversiones extranjeras siguen moviéndose en las coordenadas de la “empresa mixta”, en la que las autoridades políticas se reservan la "acción de oro", el 51% y por tanto la decisión, al tiempo que las infraestructuras continúan siendo de capital estatal. Después de las empresas mixtas los contratos de asociación económica internacional, se han concentrado, hasta ahora, en la exploración de hidrocarburos y minerales y los contratos de administración hotelera.

Las inversiones extranjeras en Cuba no podrán contribuir a los objetivos que se plantean si no se modifica el entramado intervencionista de la política económica y la ausencia de derechos de propiedad. Además, esto queda muy claro cuando en la Constitución cubana “se establece que la propiedad estatal no puede transmitirse en propiedad, salvo los casos excepcionales en que la transmisión de objetivos económicos se destinen a los fines del desarrollo del país y no afecten los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, previa aprobación del Consejo de Ministros”, supuestos que ciertamente son bastante improbables en las condiciones actuales.

Esto es lo que va a suceder con los proyectos de inversión en actividades como los campos de golf, bajo la forma de empresa mixta. La subdirectora nos ha dejado muy clara la posición del régimen “en cumplimiento del precepto constitucional, los terrenos para construir estos complejos inmobiliarios se transmiten en derecho de superficie a las empresas cubanas para su aporte al capital de la empresa mixta. Esto permite que la empresa mixta ostente el derecho a construir y a adquirir la propiedad de lo construido, la cual disfrutará mientras dure el derecho otorgado sobre el terreno”.

Pero entonces viene lo realmente importante, “al vencimiento de este derecho, la propiedad del complejo inmobiliario se revierte al propietario del terreno (Estado). El procedimiento para liquidación de los activos de una empresa mixta, se establece en el Decreto Ley 325 Reglamento de la Ley de Inversión Extranjera”, es decir, el inversor extranjero nunca será propietario de derecho alguno en la economía castrista. Este punto es importante de tener en cuenta para saber en qué se van a invertir los recursos económicos, y lo fácil que puede resultar en aquel régimen dejar a cualquier empresario fuera de un negocio. Ha habido casos suficientes para construir toda una extensa historia de ataques a los derechos de propiedad.

Por mucho que quieran revestir el asunto, con cesiones de suelo de hasta 99 años o "perpetuas", para construir en terrenos ajenos, la cuestión de los derechos de propiedad, al menos actualmente, sigue estando como estaba. Para cubanos y para extranjeros. El único propìetario de los activos en Cuba es el estado castrista, y lo seguirá siendo mientras no se produzca una reforma constitucional en profundidad.

Lo asombroso es que se insista en que “los compradores de los inmuebles ubicados en los desarrollos inmobiliarios los adquieren a título de propiedad”. Me parece una notable contradicción y una grave imprudencia desde el punto de vista legal, y yo recomendaría, ante todo, mucha cautela.