19 de mayo de 2015

A vueltas con la deuda castrista

Elías Amor Bravo, economista
Acabo de leer una noticia que me ha llamado la atención. Al parecer, desde que se anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y el régimen castrista, con la posterior desaparición de sanciones, ha ha producido un incremento del interés por los bonos de la deuda castrista precisamente la que no se ha pagado ni un céntimo desde los años 80, y que se encuentra, principalmente,gestionada por fondos especializados en lo que se denomina “bonos basura”, calificados en estos términos por las agencias que se dedican a valorar la deuda de los países.

Lo realmente sorprendente es lo que ha declarado a Reuters Nicholas Berry, presidente del directorio de la firma británica Stancroft Trust, que empezó a acumular su tenencia de deuda de Cuba impaga hace 16 años. Al parecer, según declaraciones de este broker a Marti Noticias, "toda clase de gente quiere comprar deuda cubana está tocando a nuestra puerta",

Peligroso. El régimen castrista tuvo cerrado el acceso a los mercados internacionales de capitales durante largas décadas. En parte, porque la graciosa subvención soviética hacía innecesario el recurso a la financiación internacional, por cuanto se cubrían las necesidades básicas de la economía castrista, intervencionista y controlada por el estado. Al derrumbarse el muro de Berlín, y caer el régimen soviético a comienzos de los años 90, el castrismo se encontró de frente a una dura realidad. 

El modelo económico, improductivo, era incapaz de generar recursos con las ventas al exterior. La economía se encontraba en bancarrota y, en tales condiciones, nadie quería prestar. Gestiones de alto nivel permitían el acceso a fondos especializados como el Club de París a cuenta de la prefinanciación de la cosecha azucarea, pero cuando Fidel Castro, en un alarde genialidad decidió acabar con el principal sector de la economía a comienzos de siglo XXI, el Club de París cerró sus puertas. El mendigo se encontró a solas rodeado de tiburones, y como casi siempre, hicieron lo peor: no pagar las deudas. Más tarde llegó el petróleo de Venezuela que contribuyó a paliar la escasez del llamado “período especial” y así hasta el momento presente.

El régimen castrista no ha tenido experiencia en la gestión de la deuda. Su actuación ha sido, cuanto menos, bastante impresentable. De un lado se ha jugado a la moratoria de las obligaciones, y por otro, se han modificado préstamos no reestructurados, que posteriormente se han negociado con pequeños y selectos grupo de tomadores de riesgos que ahora ha visto la luz al final del túnel, con la esperanza de una solución a los impagos.

Es el caso de Berry, pero también el de otros más que no quieren aparecer, tal vez para no preocupar a los deudores que realmente pagan y cumplen sus compromisos. La participación de Berry en deuda nominal castrista es limitada. Según Martí Noticias, tiene unos 190 millones de dólares, sin contar el interés diferido, y en su momento, quizás en el punto más bajo de la evolución de los valores, cuando ya estaban en los niveles de “bono basura” pagó entre 1,5 y 9 centavos por cada dólar del activo. Claro, quién compra a esos precios, lo lógico es que espere a ver si suben más. Está Berry en su perfecto y legítimo derecho a esperar a que suban. Lo que ocurre es que ese optimismo no se sabe muy bien de dónde procede.

Si bien es difícil establecer el "valor recuperable" de los bonos en cesación de pago, Berry cree que 25 a 35 centavos por cada dólar representa "un buen equilibrio entre el potencial de la situación, que es muy alto, y la realidad, que no lo es tanto". Bueno, hay gente que se conforma con mucho menos.

Otro tanto se podría afirmar de Stancroft Trust, que junto a dos inversores más, creó el pasado mes de abril un comité del Club de Londres para negociar la deuda en manos del sector privado. Los tres fondos, según diversas estimaciones, tienen en su poder casi la mitad de las obligaciones del país caribeño con acreedores comerciales, que asciende a unos 1.120 millones de dólares en valor nominal capital, y otros 5.600 millones en intereses que no han dejado de aumentar desde entonces. Una pesada digestión que va a exigir medidas mucho más relevantes de asistencia financiera internacional, por las que el régimen castrista no parece querer entrar.

Porque es verdad que la mejoría de las relaciones entre el régimen castrista y Estados Unidos puede llevar a una cierta percepción de cambio. Pero suponer que bonos que carecen de valor y respaldo, empiecen a subir, es otra cosa bien distinta.

Los bonos castristas no pueden subir a corto plazo porque no se pagan. El régimen los ha olvidado, y por tanto, nadie puede confiar en títulos que carecen de respaldo. Ni siquiera los especuladores especialistas que se mueven en el muy corto plazo hacen este tipo de apuestas. Por otra parte, bonos que en 16 años no han hecho más que bajar y bajar, también seguirán mostrando ese perfil en los próximos 16 o 20, porque los fundamentales que los avalan simplemente no han cambiado.Además, otro gran problema es la credibilidad y confianza. La realidad es que nadie sabe con certeza cuál es el monto de la deuda existente, y eso, ejerce una influencia mucho más negativa aún. Pero vayamos a los fundamentales.

¿Qué son esos fundamentales? La economía castrista, improductiva y poco eficiente, dominada por el estado y sin derechos de propiedad, permanece como un fenómeno aislado a nivel internacional. Un experimento que no acaba de funcionar porque sus principios simplemente atentan contra la razón humana.  La escasa convicción de los flujos de capitales internacionales en el régimen es otra. Nadie quiere tener como socio a un estado de inspiración totalitaria y socialista con la acción de oro en cualquier proyecto de inversión, y mucho menos que le digan en qué debe invertir y a qué trabajadores tiene que contratar. El capital internacional se mueve por otros factores. Hora es que se dejen de tanto marketing y hagan realmente lo que tienen que hacer.

Y una última recomendación: a toda esa gente que está llamando a la puerta para comprar bonos castristas, un consejo: prudencia, mucha prudencia. Los castillos de fuegos articiales y la fanfarria gustan a todo el mundo, pero cuando acaba la fiesta, hay que recoger los restos de suciedad. Hay que ser muy precavidos, sobre todo otorgando dinero a quién no cree en él. Que se lo pregunten a todos los que han sido expropiados o confiscados de su riqueza, sin compensación alguna,  a lo largo de la historia por el régimen castrista.

15 de mayo de 2015

Ante el comienzo del XI Congreso de la ANAP

Elías Amor Bravo, economista

Un artículo en Granma anuncia que hoy comienza el XI Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) de Cuba. Como ya he señalado en otros trabajos, la importancia de ANAP en la economía castrista es muy destacada, si se atiende a sus cifras: alrededor de 380.000 productores pertenecientes a 3.343 organizaciones. Tal y como se señala en la nota de Granma, los asuntos que se van a tratar en las sesiones que se extenderán hasta el día 17, no son de poca importancia. De un lado, el incremento de los volúmenes productivos y su impacto en los precios de los alimentos y en la economía del país, de otro, el ámbito jurídico con especial atención a las relaciones contractuales que se establecen entre las bases productivas y el Estado, así como el uso eficiente de los suelos y el funcionamiento de la organización de cara a su objeto social en las comunidades.

Nadie puede negar que se trate de cuestiones de menor relevancia. En un momento como el actual, en que se abren grandes expectativas de cambio y transformación en el régimen castrista, no prestar atención a este tipo de cuestiones sería una grave irresponsabilidad.

El problema es que las dos se encuentran estrechamente relacionadas con las instituciones que rigen el sistema político e ideológico implantado por los hermanos Castro desde 1959, y como se tendrá ocasión de exponer en este trabajo, si esas bases jurídicas y legales no se apartan de forma drástica, difícilmente se podrá encontrar solución.

Lo saben bien los agricultores cubanos integrados en la ANAP. Han observado que los incrementos de los volúmenes de producción tienen un impacto en los precios de los alimentos que no se corresponde con las previsiones. Si el aumento de la oferta agrícola va asociado a precios más elevados en los mercados de consumo, es porque el mecanismo oferta y demanda que regula de forma automática las decisiones de los compradores, se encuentra trastocado e impide su funcionamiento más eficiente. Los productores cubanos se ven obligados a vender al Acopio estatal una parte de su producción que, rara vez, llega a los mercados, porque la distribución logística es ineficiente, al estar controlada por el estado. Esa ausencia de mayores niveles de producción en los mercados, que termina por deteriorarse en los campos de cultivo, es lo que incide en el desfavorable comportamiento de los precios en los mercados de consumo, y lo que obliga al estado a canalizar subvenciones a la producción, haciéndola cada vez más ineficiente. Mientras que las decisiones de producir, de vender, de distribuir, de hacer crecer la dimensión de las parcelas, de obtener libremente todo tipo de insumos,dependan de la intervención del estado, nada se podrá hacer para mejorar la eficiencia de la producción y ese objetivo de los “lineamientos” que insiste en la sustitución de importaciones.

Los granjeros de Estados Unidos, que también se benefician de importantes subvenciones de sus gobiernos estatales y federal, están muy interesados en vender sus excedentes en Cuba. No es extraño. Un mercado con grandes necesidades y una economía improductiva definen un marco excelente para irrumpir en Cuba gracias a los acuerdos que se puedan firmar entre los dos gobiernos. Pero eso no beneficia a los productores de la ANAP, que deben estar prevenidos de la competencia que van a sufrir procedente del Norte, con precios más competitivos y mucho más eficiente. O se preparan para afrontar esa mayor competencia, o serán barridos, y nadie, ni Raúl Castro, ni el régimen castrista, ni la ANAP podrá hacer nada para evitarlo. De eso deben hablar. Y empezar a pensar en cómo hacer frente a esos retos. Soluciones existen. Lo que se tiene que hacer es aplicarlas.

Y qué decir de las normas jurídicas y contractuales que regulan las relaciones entre los agricultores cubanos y el estado castrista. ¿Papel mojado? ¿Alguien sabe cuando se ha hecho cumplir uno de estos contratos? ¿Quién es el responsable en caso de incumplimiento? ¿Existe algún tribunal capaz de actuar contra los intereses del estado incumplidor, que en la mayoría de los casos, suele ser el responsable del infortunio de esas relaciones asimétricas y desiguales?

No cabe duda que este es otro aspecto fundamental que debe preocupar en ANAP. Su solución pasa igualmente por un giro de 180º en el sistema jurídico e institucional en favor de la protección de la propiedad privada, su extensión a todos los ámbitos y la creación de un marco de derechos de propiedad que otorgue garantías a los legítimos dueños para ejercer cualquier acción en los tribunales, en defensa de sus intereses. Mientras que este modelo de funcionamiento no exista en la economía cubana, los problemas seguirán existiendo, y lo que es peor, se irán agravando con el paso del tiempo.

En momentos en los que se aventuran cambios, hay que aprovechar el viento cuando sopla a favor. Desplegar las velas de la libertad económica, de los derechos de propiedad y del mercado como instrumento de asignación de recursos frente a un estado intervencionista que pretende el control absoluto del sistema, puede ser una buena actuación para la ANAP. Hacerlo más tarde, puede ser peor. Sin duda, mucho peor.


5 de mayo de 2015

¿Vuelve el hombre nuevo? Pero, ¿es que acaso alguna vez se fue?

Elías Amor Bravo, economista

Una de las principales características del régimen castrista, en sus 56 años de existencia, ha sido la confianza en el futuro. Cualquier discurso de Fidel Castro, en sus orígenes, situaba los efectos “benéficos” de la llamada revolución en el muy largo plazo, cuando los hombres se despojaran de sus influencias negativas, llegando a convertirse en el “hombre nuevo” a imagen y semejanza del Che.
Generaciones de cubanos han sido educados bajo principios tan absurdos como el que se acaba de enunciar, y todavía persiste esa visión que tiende a situar en el futuro el verdadero sentido de los acontecimientos de la vida. El largo plazo se acaba convirtiendo en la única opción para muchos cubanos. Algunos analistas destacan que esta ruptura del cortoplacismo en beneficio de proyectos que nunca se sabe bien cuando se van a lograr es uno de los factores que explica, entre otros, la longevidad del régimen.
No contentos con mantener este paradigma durante más de medio siglo, el régimen castrista, ahora bajo la batuta de Raúl Castro, se apresta a jugar una vez más las mismas cartas. Esto es lo que parece desprenderse de los objetivos de la llamada “actualización del modelo cubano”, una tarea en la que se ha empleado a fondo el régimen, y que se recoge en un artículo en el diario Granma.
Todo tiene su origen en un curso celebrado en La Habana sobre "Pros­pectiva Estratégica y Políticas Públicas en Amé­­­rica Latina y el Caribe", organizado por CEPAL. Uno de los primeros en intervenir, Jorge Máttar, director del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Pla­ni­ficación Económica y Social (ILPES/­CEPAL), vino a decir que “el desarrollo influyente y sostenible al que aspiran América Latina y el Caribe requiere de una visión de largo plazo, pues su logro implica cambios estructurales de envergadura capaces de alterar trayectorias concentradoras y desigualadoras que han permanecido por décadas”.
Casi nada. Una tesis que se ha visto reafirmada por las palabras de los que han intervenido posteriormente.
La cuestión que conviene preguntarse, en primer lugar, es si realmente en Cuba se han adoptado políticas públicas, entendiendo éstas como las acciones de los gobiernos en respuesta a las demandas sociales. Parece que no. La experiencia confirma que el régimen castrista ha hecho y deshecho lo que ha querido durante más de medio siglo, impulsando iniciativas ideológicas cuyo resultado es bien conocido. Una sociedad desmembrada, una economía postrada y el sueño para muchos cubanos con el extranjero, como válvula de escape para la represión y el control. Esto no tiene mucho que ver con el éxito de las políticas públicas, y mucho menos, con la necesaria prospección social para atinar en su diseño.  Además, inventarse “conflictos e incertidumbres globales para sumar personas a fin construir visiones de futuro posibles” no parece una tarea muy interesante para los responsables políticos.
Una segunda cuestión es si realmente hay que “modificar patrones de desarrollo que han permanecido por décadas” para impulsar un pretendido cambio estructural hacia la igualdad. Pero ¿es que acaso el régimen castrista no ha atinado en su objetivo de la igualdad? Los autores de esta tesis lo que hacen es tirar por la borda medio siglo de ortodoxia impuesta básicamente para alcanzar una sociedad igualitaria. ¿Dónde quedó ese objetivo? ¿Tiene sentido volver sobre unos pasos perdidos?
Finalmente, son pocos, por suerte, los que empiezan a pensar en la utilidad de la actualización del modelo económico cubano y su referencia al largo plazo. A veces los funcionarios del régimen no saben qué hacer para justificar a aventura “actualizadora”. Curiosamente, el director del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, Al­fredo Gar­cía, expresó "que en los últimos años América Latina y el Caribe han registrado la ejecución de ejercicios de visión de desarrollo de largo plazo, como el que realiza la Isla dentro de su planificación". Tremendo. A nadie en su sano juicio fuera de los límites geográficos de la Isla, se le ocurren ideas estrambóticas como entregar tierras en arrendamiento a largo plazo, o autorizar un número determinado de ocupaciones para el trabajo por cuenta propia, por citar algunos ejemplos de la “actualización”. Estas prácticas son despreciables.
Perdidos en su laberinto, los responsables de economía del régimen castrista, el viceministro de Economía y Planificación, René Her­nández, o el vicepresidente del Consejo de Ministros y titular del Ministerio de Eco­nomía y Pla­ni­fi­cación (MEP), Marino Mu­rillo Jor­ge, ya no saben qué hacer para justificar una política que, a la vista de los resultados de la economía, con uno de los crecimientos del PIB más bajos de América Latina, no está dando los resultados ansiados. 
La credibilidad de la economía castrista y la confianza en la misma, se sitúan en los niveles más bajos a nivel regional y así, lógicamente, se hace más difícil atraer capital extranjero. Lo realmente grave es que en su huida adelante, traten de simular con jornadas como ésta, que en otros países se cometen los mismos errores. Eso sí que está muy mal.